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LA RECOMENDACIÓN

Princesa Inca: locura y furia de vivir

Cristina Martín
Princesa Inca: locura y furia de vivir

La relación entre el arte y la locura es constante. Es casi un lugar común. La creación está llena de locos y la vida cotidiana también. A veces consideramos locos a aquellos que tienen otra manera de mirar las cosas, una acusada sensibilidad, una inclinación a la rebeldía o al desafuero. A veces los miramos mal o con temor porque no sabemos cómo van a reaccionar, en qué momento asomará de sus labios o de su paleta o de su cámara de fotos un fogonazo de turbación, de grito o de desespero.

Desde hace algunos años, en la tertulia de ‘locos’, vinculados a Radio Nikosia, de ‘La Ventana’, que conduce Gemma Nierga en la cadena Ser, llama la atención la personalidad y el talento de la Princesa Inca, Cristina Martín (Barcelona, 1979), uno de esos seres entre lúcidos y atormentados, que van de aquí para allá en busca de sí misma y de un fragmento de sosiego. Hambrienta de luz, de amor y de poesía. Después de cada intervención la Princesa Inca, lee un poema. Poemas nada convencionales, surrealistas, de esos poemas que traspasan umbrales, que abren puertas a regiones de las sensaciones y de la cabeza nada frecuentes. Dice Inca: “La poesía es para mí un territorio de libertad absoluta donde todo está permitido”. Los suyos no son poemas perfectos, pero tienen el vigor de la sinceridad, la extraña virtud de la alucinación, el desgarro de quien intenta decir lo indecible o la espiral de los presagios.

Hace muy poco, Libros del Silencio publicaba el libro ‘La mujer-precipicio’ (Barcelona, 2011. 176 páginas). El editor Gonzalo Canedo confiesa que siempre se ha sentido atraído y turbado por esa poesía. Este es un libro de recopilación de textos, de poemas directos, nacidos de impresiones inmediatas, escritos en trance en ocasiones, poemas de amor y deseo, poemas de ansiedad. Princesa Inca escribe una poesía que llega, que duele, que excita, que anima, que desvela los sombríos lugares del alma y del cuerpo. Es uno de esos libros que llaman la atención porque contienen espasmo, lujuria, búsqueda, furia de vivir y a la vez una inclinación al suicidio. Por ejemplo, en ‘Morir de mí o mujer en llamas’ escribe: “Pero un dolor reconoce ya su propio nombre / y llora encogido en mi vagina, / pernocta y llora como un compás de lamento, /esperando nacer”. O en otro poema anota: “Locura que traes el paraíso y luego el agujero, el vacío, la nada. / Locura, vas a morir y no volver a nacer, /morir en mí, desde mí. / Serás cadáver y luego sombra. / Locura, huye, que pronto serás cadáver y sombra”. O “Me desnudo, cómeme la boca, dentro de tu libro de los presocráticos he dejado un poema en forma de pajarita”. ‘La mujer-precipicio’ también es un libro con humor y con ternura, de esos volúmenes que te dejan encogido el corazón: la vida, en desorden, airada y sutil, se hace visible y doliente en sus páginas.

El libro

La mujer-precipicio. Princesa Inca (Cristina Martín). Prólogo de Gemma Nierga. Ilustraciones de Mercè López. Libros del Silencio. Barcelona, 174 páginas.

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