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LITERATURA ARAGONESA

Sebastián: 47.000 becquerelios

El autor aragonés recrea el desastre nuclear de Chernóbil 25 años después

ANTONIO CARDIEL Actualizada 13/04/2011 a las 23:26
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El escritor Javier SebastiánJAVIER VIDAL

Marusia Bobrova, la directora de la escuela, le contó que unos hombres con mascarillas midieron las manchas de radiactividad con sus contadores Geiger y las dibujaron sobre un plano del pueblo. En este círculo si se os queda una pelota la dejáis. Como el círculo estaba en una explanada donde jugaban los niños, se iban acumulando las pelotas que después nadie se atrevía a recoger. Y acababan deshinchadas. Una veintena de pelotas, asómese, se ven desde este balcón».

Estas son las palabras que, de boca de la directora de una escuela cercana a la central nuclear, escucha el físico Vasili Nesterenko, protagonista de «El ciclista de Chernóbil». La nueva novela de Javier Sebastián es un relato que emociona, que no deja indiferente, un texto elegante y sutil que bucea en los entresijos de la condición humana, en el instinto de supervivencia, en la conciencia de los seres que viven en la frontera entre la vida y la muerte.

Ahora, en pleno debate sobre la energía nuclear, desgraciadamente traída a la palestra por el desastre de la central de Fukushima, Javier Sebastián nos habla de las gentes sencillas que viven en los alrededores de la central de Chernóbil, en una Ucrania devastada y sometida a un peligro invisible y terrorífico. Algún lector se preguntará por qué habría de leer una novela sobre Chernóbil, estando las librerías llenas de ensayos y crónicas que glosan objetivamente aquel desastre nuclear. Y conviene recomendar esta novela por varias razones. No debe olvidarse que los ensayistas y los reporteros también proceden a un manipulado de la realidad desde el momento en que seleccionan su material, subrayan lo que más les interesa, interpretan los datos, ocultan aquellos que no casan con sus perspectivas, construyen estructuras de fácil asimilación alterando el orden de los acontecimientos, para acabar ofreciendo un producto que, detrás del aura de lo real, no siempre es honesto.

Y honestidad no le faltó a Javier Sebastián a la hora escribir «El ciclista de Chernóbil». También hubo de documentarse, hablar con los resistentes, leer todos los tratados que cayeron en sus manos, buscar archivos, imágenes y documentos sobre el desastre, utilizando las herramientas del ensayo y la crónica para acabar ofreciendo un producto que, detrás del aura de lo imaginario, siempre resulta honesto.

Como resultan honestos los personajes que pueblan las páginas de «El ciclista de Chernóbil» y que transitan, las más de las veces, entre lo extraordinario y lo cotidiano. Como es honesta la prosa, casi despojada al máximo de adornos y artificios, y que se presenta desnuda, como si la hubiera escrito un niño inteligente y desesperado, como esos niños de Chernóbil que analiza Vasili Nesterenko con su Espectómetro para las Radiaciones Humanas y que dan medidas de hasta 1.536 becquerelios, 30 veces más de lo tolerado.

El libro es una novela emotiva y honesta, que se desborda en infinidad de caminos para la investigación. Javier Sebastián ha compuesto un libro que participa del ensayo y la crónica, un híbrido como esas especies vegetales con mutaciones o esos insectos sin nombre metidos en frascos de cristal que preparan Nesterenko y el guía Yevguenio Brovkin para vender a los turistas que visitan Pripyat y los alrededores de Chernóbil en circuitos de 400 dólares por cabeza. El libro es un tratado de supervivencia, una celebración de la vida, una fiesta en una ciudad abandonada, entre edificios como esqueletos, presencias intangibles y amenazas ciertas, una apología de lo extraordinario protagonizada por personajes de vidas minúsculas, y a los que dan ganas de abrazar. Como dice Nastia Eltsova: «Vinieron a verme y midieron las setas. Un puñado daba 9.000 becquerelios. ¿De verdad?, les dije. Me asusté mucho. Ellos lo apuntaban todo en un cuadernillo, hacían sus cuentas: 47.000 becquerelios por kilo. Se ve que hasta 3.000 por kilo se puede comer, pero que más de eso es la muerte misma».

NARRATIVA ARAGONESA
El ciclista _de Chernóbil
Javier Sebastián. DVD. Barcelona, 2011. 235 páginas.






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