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Ocio y Cultura

HISTORIA

El aragonés que creó petróleo sintético

Se llamaba Rafael Suñén, y a principio de los 30 inventó un sistema para fabricar petróleo mucho más barato que el extraído del subsuelo. Su invento, del que se realizaron pruebas con éxito en la Universidad de Zaragoza, desapareción en el vendaval de la Guerra Civil.

Suñén con el instrumental de sus experimentos en París.
El aragonés que creó petróleo sintético
FAMILIA DE RAFAEL SUñéN FLOS

Miles de españoles desaparecieron por el sumidero de la Historia durante la Guerra Civil, y Rafael Suñén Beneded fue uno de los primeros en hacerlo. En noviembre de 1936 su pista se perdió en la cárcel Modelo de Madrid. Quizá fue víctima de los fusilamientos de Paracuellos de Jarama. O quizá no. Porque su familia -dos hijos, hoy de edad avanzada, y varios nietos-, tiene aún algunas dudas. Pero ello no le quita atractivo a su biografía: el aragonés Rafael Suñén Beneded fue uno de los inventores más destacados de la España de principios del siglo XX. Ideó un sistema para fabricar combustible más barato que el petróleo natural. Un sistema que quizá podría haber generado una riqueza increíble para España, si no fuera porque fue precisamente España quien le hizo desaparecer en el sumidero de la Historia.

Nació en plenas Cinco Villas, en la localidad de Layana, seguramente en 1894. Su padre, Rafael Suñén Compaired, provenía de una familia noble; su madre, Pascuala Beneded, era una maestrade origen catalán. Ambos murieron prematuramente, después de que la familia se trasladara a Barcelona, y tanto Rafael Suñén como su hermano fueron acogidos por un familiar, que los llevó a los Maristas, uno de los colegios más selectos de la ciudad condal.

«No sé qué acabó estudiando -relata uno de sus nietos, Rafael Suñén Liesa-, pero seguro que destacó sobre los demás. Era un 'devoralibros', un hombre muy inteligente, con una enorme capacidad de trabajo y que se concentraba de una forma bárbara en todo lo que hacía».

 

Una intensa carrera política

Fue, también, un alma inquieta, que constantemente se preguntaba cómo funcionaban las cosas. Siendo poco más que un muchacho se alistó como aviador y se fue voluntario a África. Las aeronaves de la época tenían una tripulación de tres personas: piloto, observador y artillero. Él era observador, y sirvió a las órdenes del general Emilio Barrera.

Su experiencia le debió valer, sin duda, para trabajar en la primera patente suya de la que queda constancia en el archivo del Ministerio de Industria: unas alas que proporcionaban a los aviones una estabilidad superior a la de las alas convencionales.

A principios de los años 20 se empezó a meter en política. En la familia tienen la sensación de que no fue alguien especialmente comprometido. «Vinieron una vez a Barcelona el general Barrera y Miguel Primo de Rivera -asegura su nieto-. Y él, que era un hombre inteligente, culto y con mucha labia, les hizo un discurso laudatorio que les gustó. Y lo ficharon como político de derechas, aunque a él le debía de dar un poco igual», apunta su nieto.

Quizá en aquel momento fuera así, pero lo cierto es que Rafael Suñén Beneded tuvo una intensa carrera política en la Barcelona de los años 20, como se puede comprobar buceando en los periódicos de la época. Muy intensa y muy comprometida, lo que quizá explique lo sucedido después.

Contribuyó decisivamente a crear las Juventudes Recreativas Patrióticas, una entidad tradicional, monárquica y españolista, cuyo emblema era el águila de los Reyes Católicos y que solía cerrar sus reuniones a los gritos de '¡Viva España!' y '¡Viva la unidad nacional!'. Suñén era recibido frecuentemente por Primo de Rivera, que en los primeros años de la dictadura le confió la labor de censor en el Gobierno Civil de Barcelona; e incluso por el Rey, que en una ocasión le dejó sostener el cetro durante unos instantes. Tras cambiar de nombre (Acción Nacional), las Juventudes acabaron integrándose en la Unión Patriótica, el partido único creado por Primo.

Suñén Beneded era monárquico y de derechas, muy de derechas. En 1927 recogió firmas para solicitar al Ayuntamiento la retirada de una estatua desnuda que había en la plaza del Parque de la Ciudadela. Y un año más tarde, con otros correligionarios de Acción Nacional, fue detenido por protestar ruidosamente durante una representación de 'La Dolorosa' en el teatro Romea por creer que en algunas escenas se daba pábulo «a determinada tendencia política». Dejó su ideología impresa en algunos opúsculos, como 'Ideario Nacional' o 'Unificación Peninsular'.

Cuando en 1931 se proclamó la Segunda República se sintió amenazado o desubicado y marchó a París. Allí conoció a otro español, Juan Jaime Puig, que tenía un garaje-taller de automóviles y que le propuso un reto, crear un nuevo combustible.

 

Experimentos en Zaragoza

«En aquella época empezaba a conocerse el petróleo sintético -apunta su nieto-, y en Alemania se trabajaba a partir de la hidrogenación de la hulla. Pero la gracia de Rafael Suñén es que él llegó a trabajar partiendo de la celulosa, del carbón vegetal, no del mineral. Eso distinguía su sistema frente a todos los demás». Se realizaron pruebas en la Academia de Ciencias de París, y su éxito llamó la atención del general Weygand, jefe de Estado Mayor francés, del Foreigh Office y del delegado de Mussolini en la capital francesa.

«Era pariente de Ángel Sanz Briz (que años más tarde se convertiría en 'el ángel de Budapest' al salvar la vida de 5.000 judíos), y fue este quien le convenció de traer su invento a España». Otro familiar, el industrial zaragozano Felipe Sanz Beneded, trabajó activamente para ello. El 'lobby' aragonés en la capital de España hizo el resto: el 19 de junio de 1934 el Consejo de Ministros aprobó crear una comisión compuesta por representantes de los Ministerios de la Guerra, Marina, Industria y Comercio para analizar la viabilidad de su sistema.

Las comprobaciones se realizaron en la Universidad de Zaragoza y las dirigió Gonzalo Calamita, entonces decano de la Facultad de Ciencias, años después rector. El procedimiento, al parecer, funcionó. «Le pusieron en contacto con la CEPSA -creada en 1929, ya contaba con una refinería de petróleo en Tenerife-, y le montaron un pequeño laboratorio en Madrid, donde se volvió a comprobar su método. Se compraron terrenos a las afueras de la capital para construir allí la industria que habría de fabricar el petróleo sintético y...».

Y en eso estalló la guerra. Suñén temió por su vida y se escondió durante unas semanas, pero al final, convencido de que no le pasaría nada, decidió entregarse. Días más tarde su familia recibió una carta suya. Les decía que estaba preso en la cárcel Modelo y que necesitaba ropa. Fueron a llevársela, pero tuvieron que esperar tres días. Y cuando les recibieron, las autoridades de la cárcel dijeron que no constaba que Rafael Suñén Beneded hubiera estado allí. Era noviembre del 36 y nunca volvieron a saber de él.

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