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El ángel turolense de las grandes preguntas

Más de un centenar de personas se congregaron ayer en El Corte Inglés del paseo zaragozano de la Independencia para escuchar al turolense Javier Sierra hablar de su nueva novela, 'El ángel perdido' y conseguir su autógrafo en un ejemplar.

Javier Sierra (Teruel, 1971), entre cuyos hitos se encuentra haber puesto una pica en Estados Unidos en forma de 'best-seller' (su novela 'La cena secreta' fue el tercer libro más vendido según la lista del 'New York Times'), daba ayer sin titubear en Zaragoza el secreto del éxito: «Contar historias que importen a todos, relatos que respondan a las tres preguntas filosóficos fundamentales: ¿quiénes somos?, ¿de dónde venimos? y, sobre todo, ¿a dónde vamos?».

El escritor visitó la capital aragonesa para presentar a sus lectores su nueva novela ,'El ángel perdido', cosa que hizo en una sala abarrotada de gente y dando muestras de su talento narrativo, ya que no solo consiguió mantener la atención con sus intrincadas explicaciones, sino también hacer reír sin que por ello decayese el ritmo de sus historias.

José Luis Corral, que fue quien introdujo a Sierra, confesó haberse comportado «como un glotón literario» con 'El ángel perdido', que se merendó en un día y lo atrapó hasta el punto de que se le olvidó comer alimentos de verdad y no solo espirituales palabras escritas.

Solo tres preguntas admitió Sierra del público, al que previamente había aclarado: «No les voy a hablar de la novela, porque les haríamos flaco favor si contáramos demasiadas cosas. Pero sí de cómo se ha construido». Visto lo visto, una señora inquirió: «¿Le ha costado mucho tiempo escribirla?». El escritor precisó: «Me ha costado siete años que todo fluya, que sea comprensible. Y que en ese tiempo he tenido dos niños, que han sido ayudantes y desayudantes», bromeó el turolense. Otra lectora le preguntó por su «inquietud» por los papeles del Mar Muerto, que él manifestó tener pero «es otra historia», dijo, y una tercera le hizo evocar su misterioso encuentro con unas luces flotantes, siendo un adolescente, en la montaña de Montserrat. «Aquello me dejó pánico, miedo, y también la sensación de que esas cosas ocurren y merece la pena investigarlas».

Y en esas anda. De las investigaciones para 'El ángel perdido', ayer recordó su encuentro en el Museo Británico de una reliquia de un «científico y mago» al servicio de Isabel I que indagó en la posibilidad de hablar con seres del más allá y poseyó unas piedras llamadas «adamantas» con las que creía poder contactar con los ángeles. El hallazgo, según rememoró, fue casual. Acabó en el museo porque había ido al juicio por plagio contra Dan Brown por 'El código Da Vinci' y el juez decidió suspender la sesión al dejar sin palabras al escritor con una pregunta que ayer suscitó risas al ser repetida por Sierra: «¿Puede el señor Dan Brown presentar alguna prueba documental de que María Magdalena cohabitó con Jesús de Nazareth?».

También cosechó algo más que sonrisas su aventura como alpinista en el monte Ararat, tratando de constatar si la «anomalía» detectada en los años 50 por la CIA podría ser realmente un indicio del diluvio universal que Noé capeó con su arca de madera y que también forma parte de la trama de 'El ángel perdido'.

«Hace falta ser de Teruel, y burrico, para querer subir una montaña de 5.162 metros» sin experiencia previa y «con un saco de dormir que llevaba cuando era chico a Albarracín», admitió Sierra. Y narró cómo, «a 150 metros de la anomalía, una tormenta nos echó de la montaña», ya que tras llegar hasta allí, a más de 4.000 metros de altitud y con «solo un kit-kat en la mochila», no era cuestión de intentar aguantar más de 24 horas esperando a que escampase...

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