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HISTORIA

Y la zarzuela ganó al golpe

Aquella tarde del lunes 23 de febrero se ensayaba la zarzuela 'Los gavilanes', de Jacinto Guerrero, para interpretarla en la sesión de las siete.

Pocos saben que la cultura venció a la asonada en Zaragoza. Cuando el capitán general de la V Región Militar, Antonio Elícegui Prieto, ordenó a las unidades militares acuartelarse, una docena de músicos de la Academia General Militar estaba en el foso de la orquesta del Teatro Principal acompañando a la Compañía Lírica Española, dirigida por Antonio Amengual. Aquella tarde del lunes 23 de febrero se ensayaba la zarzuela 'Los gavilanes', de Jacinto Guerrero, para interpretarla en la sesión de las siete ('Marina' tocaba por la noche, y 'Katiuska' en las tres funciones).

El entonces director del Teatro Principal, Ángel Anadón, estaba pegado a la radio y preocupado por el devenir del golpe de Estado, aunque miró por lo suyo, la función, y el público que se había desplazado a Zaragoza para ver la sesión nocturna. Descolgó el teléfono y llamó al director de la Academia General Militar, el general Luis Pinilla, para pedirle que los músicos se quedaran para la sesión de la noche.

-¿Se da cuenta de lo que está pasando? ¡Tengo la División Mecanizada Brunete a las puertas de Zaragoza (estaba de maniobras en San Gregorio y a punto de salir a la calle en Madrid) y usted me pide unos músicos! -le contestó Pinilla-.

-Aquí ha venido mucha gente de fuera a ver la función -replicó Anadón-.

-Cuelgue y ya le llamarán -zanjó la conversación el general-, mientras su teléfono ardía con llamadas desde Capitanía General y la Zarzuela.

Cuando se formó un Gobierno provisional en Madrid, presidido por el ex gobernador civil de Zaragoza, Francisco Laína, un ayudante del general Pinilla devolvió la llamada a Anadón y le salvó la noche.

-El general accede a que estén en la función de la noche (fijada a las 22.45) si cuando acaban regresan a la Academia en unos coches militares que les enviaremos -señaló el oficial-. Pinilla acató la orden del capitán general Elícegui aunque, entrada la noche, mandó a todos los acuartelados a dormir a sus casas o a las habitaciones preparadas en la Academia.

Pues la música debió extender el olvido. La zarzuela 'Marina' de Arrieta sonó para un público absorto en la música y que parecía ignorar lo que ocurría fuera del teatro. Ángel Anadón recuerda que nadie se pronunció «ni a favor ni en contra del golpe. No se escuchó ni un viva ni un muera a Tejero. No pasó nada dentro ni fuera», precisa.

«Fue un milagro -confiesa-. No conozco ningún otro teatro de España que estuviera abierto esa noche. Cerraron los cines. Nosotros fuimos insensatos. Mucha gente no se enteró de que se dio la función, pero tuvimos bastante gente».

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