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LITERATURA

Nesquens: «La ficción es más agradecida que la vida»

Publica tres obras: 'Seis leones', 'Magia' y, directamente en italiano, 'Il regalo'.

El escritor zaragozano Daniel Nesquens.
Nesquens: «La ficción es más agradecida que la vida»
HERALDO

Daniel Nesquens (Zaragoza, 1967) es un incansable fabricante de ficciones. Un creador de personajes y de sueños y uno de los autores más prestigiosos de la literatura infantil y juvenil. Publica tres álbumes: 'Seis leones', 'Magia' y, directamente en italiano, 'Il regalo', ilustrados por Alberto Gamón, Elisa Arguilé y Valerio Vidali.

Sus cuentos tienen una mayor intromisión de lo fantástico en la vida cotidiana. ¿Tiene la literatura límites para usted?

No, no tiene límites. Cada historia es un terreno nuevo que hay que conquistar. A veces, incluso lo consigues, pero solo es una percepción visual.

¿Lo eligen a usted los temas o los elige? El circo, la magia, el viaje...

Quiero suponer que soy yo quien los elige, pero todos sabemos que es al revés. ¿El circo, por ejemplo? Siempre me han fascinado esas repúblicas independientes llamadas circos. Estados de menos de 3.000 metros cuadrados donde todo es posible. Y, claro, está la película: 'Freaks'.

Hablemos de 'Seis leones' (Cidcli; México 2010), dibujado por Alberto Gamón. ¿Cómo nació ese cuento?

Tal vez naciese en las Delicias, en uno de aquellos circos anónimos, cuando una tarde de primavera vi a un escuálido dromedario atado a un poste. Pobre, pensé. E ideé cambiar el dromedario por un león.

Sus cuentos tienden a la circularidad: 'Seis leones' se abre como se cierra. ¿Por qué?

El final es un problema, que se lo digan a Haruki Murakami. Llega el momento de acabar y tienes que ver qué es lo mejor para la historia. La circunferencia es un contorno perfecto de una superficie que podemos denominar historia.

¿Cómo fue trabajar con el ilustrador Alberto Gamón?

Trabajar con Alberto es muy fácil. Tienes el éxito asegurado. Gamón es un ilustrador excepcional. Inteligente, concienzudo, meticuloso. Apasionado por la ilustración.

También publica 'Magia' (Thule; Barcelona, 2010), con ilustraciones de Elisa Arguilé. De entrada diríamos que es un libro que mezcla el embrujo de un regalo -"un maletín de magia. Negro, reluciente?"- y sus poderes.

El embrujo está en el protagonista, gracias a su imaginación desbordante todo es posible. No sé muy bien qué cuento quería hacer. Lo único que tenía claro era que lo debía ilustrar Elisa Arguilé. Luego ya fue mezclar magia, fabulación, deseo, amor, música, maestro?

Podríamos decir que 'Magia' es un cuento de amor, del tío hacia su novia, del niño hacia esa mujer que aparece en una nube...

Uno nunca sabe cómo se escriben los cuentos. No sé si hay recetas, si hay normas, si hay un límite de líneas, sé que hay que sentarse y ponerse a escribir. Y luego?

¿Qué ha aprendido de los niños y de la ficción tras alrededor de 50 libros a sus espaldas?

Que no hay dos niños iguales, tampoco dos niñas iguales. Excepción hecha de los gemelos, claro. Y de la ficción? que es más agradecida que el día a día, que la vida.

De nuevo, ha trabajado con Elisa Arguilé, Premio Nacional de Ilustración. ¿Qué piensa de sus ilustraciones en blanco y azul?

Elisa es la mejor. 'The best'. No hay nadie que esté a su altura. Es brillante e independiente. Me pregunta esto y me imagino a Iker Casillas levantado este libro en vez del trofeo que nos dieron en Sudáfrica como campeones del mundo.

También ha publicado en italiano el álbum 'Il regalo' (Topipitottori, Milán, 2010). ¿Cómo surgió el cuento y esa edición en italiano?

La historia surge de manera espontánea, pensando qué regalo le podría hacer un niño a su padre. Un regalo que no fuesen una corbata, unos calcetines? Pensé que sería estupendo que ilustrase la historia Valerio Vidali. Dijo que sí, y como es italiano él mismo contactó con la editorial.

¿Cómo ha evolucionado su concepción del humor y qué lugar ocupa en su obra?

Creo que mi idea sobre el humor no ha cambiado. Sí que me he dado cuenta que tal vez se podía escribir con algo menos de humor. Y me he puesto a ello. Además, me ahorro esas caras que ponen algunos. Esas caras «¿y qué?».

¿Cómo alimenta su imaginación?

Supongo que de todo un poco.

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