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Blog - La voz de mi amo

por Matias Uribe

Tercer Milenio

Los Goya hablan catalán

'Pan negro?, de Agustí Villaronga, arrasa con nueve premios y eclipsa a ?Balada triste de trompeta?, ?También la lluvia? y ?Buried?. Lo más esperado fue el discurso de Álex de la Iglesia, que se despidió de la Academia con un mensaje duro pero conciliador.

Foto de familia de premiados y presentadores al término de la ceremonia
Los premios Goya hablan catalán
EFE

El cine ganó el pulso al morbo en los Goya, aunque estuvo presente en la ceremonia del 25 aniversario. Que el momento más esperado fuera el discurso de despedida de Álex de la Iglesia, con la Ley Sinde de fondo, ya es indicativo de que algo se mueve en el seno de la industria. En medio de la tempestad, el gremio disfrutó de su fiesta, en la que ‘Pan negro’ fue la gran vencedora con nueve galardones, incluidos los dos ‘gordos’ (película y director), una forma de reconocer la trayectoria de Agustí Villaronga.

El drama sobre la posguerra en Cataluña eclipsó a ‘Balada triste de trompeta’, que solo logró dos de 15 goyas; ‘También la lluvia’ (tres de 13) y ‘Buried’ (tres de diez). La Academia se rindió a Villaronga, un autor poco conocido fuera del ámbito cinéfilo y con una filmografía transgresora al margen de la industria. ‘Pan negro’ (o ‘Pa negre’), rodada en catalán, se llevó nada menos que cuatro estatuillas en la categoría de reparto: actriz (Nora Navas), actriz de reparto (Laia Marull), actor revelación (Francesc Colomer) y actriz revelación (Marina Comas). También reinó en los apartados de guión adaptado (obra de Villaronga), fotografía y dirección artística.

La gala resultó larga y pesada, salvada en parte por los destellos de genialidad y el carisma de un ‘resucitado’ Andreu Buenafuente (en la edición de 2010 fue ‘acribillado’). Su monólogo inicial, con irónicas alusiones al conflicto De la Iglesia-Sinde, tuvo miga. Como suele suceder en toda entrega de premios, las intervenciones de los galardonados dejaron en el espectador esa sensación de aburrimiento. No obstante, cabe reconocer el esfuerzo de los organizadores y guionistas por intentar cosas diferentes.

La imagen fue la de De la Iglesia y la ministra Ángeles González Sinde sentados juntos en las butacas del Teatro Real. Ambos mantuvieron las apariencias a pesar de su manifiesta disparidad de opiniones en torno al futuro del cine patrio. De la Iglesia, fiel a su polémico ‘tweet’, dijo adiós a la Academia y lanzó un mensaje duro pero conciliador: dada la situación actual de la industria urge una salida, que pasa por conjugar los derechos de artistas e internautas. «Internet es la salvación», subrayó el director, quien no negó el encontronazo con Sinde y lo achacó al debate generado por la búsqueda de un “cambio”.

Como estaba cantado, Javier Bardem (al que las cámaras de televisión no paraban de enfocar) fue elegido mejor actor por su papel en ‘Biutiful’. Como gran estrella, abrió el sobre que contenía el título de la película triunfadora de la noche. Bardem dedicó el Goya a su mujer, Penélope Cruz, y a su hijo recién nacido.

No faltaron los momentos emotivos, entre ellos los aplausos a Mario Camus, Goya honorífico, y a Pasqual Maragall, retratado en el documental ‘Bicicleta, cuchara, manzana’; y los sollozos de alegría de la joven Marina Comas al recibir el trofeo. En lo referente a la animación, la incursión en el género de Fernando Trueba (‘Chico y Rita’) obtuvo recompensa; la chilena ‘La vida de los peces’ fue seleccionada como mejor película hispanoamericana y ‘El discurso del rey’ como mejor filme europeo de 2010.

En cuanto a la representación aragonesa, mencionar que el corto documental ‘Un dios que ya no ampara’, de Gaizka Urresti, se quedó sin Goya. Al menos sí se lo llevó a casa Pedro Rodríguez por el maquillaje de ‘Balada triste de trompeta’.

La anécdota la protagonizó el tonto de turno. Jimmy Jump, especialista en chafar espectáculos para llamar la atención, irrumpió en el escenario cuando se iba a entregar el Goya al mejor actor. Buenafuente lo calificó de «imbécil».

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