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MÚSICA

El Cigala: «Vamos a desnudar el corazón»

El cantaor llega al ciclo de Flamenco de Zaragoza en una actuación que será grabada para editarla en forma de disco.

El Cigala se tapa la boca, pero solo es una pose.
El Cigala: «Vamos a desnudar el corazón»
BERNARDO RODRíGUEZ

No tengo muchas ganas de hablar, sabe usted. Vengo del dentista y todavía me hacen daño los piños (dientes).

Mala entrevista nos espera si el que habla soy yo...

¿Ha visto el DVD 'Cigala & Tango'?

No. Pero sí lo he oído. Suena de miedo. Enorme. Su voz llega hasta el tuétano.

A Zaragoza vamos con Diego del Morao, un guitarrista de categoría; con Yelsy Heredia, al contrabajo; Yumitu, al piano; Sabú Porrina, percusión; y Bernardo Parrilla, al violín. Gente competente.

¡Tela!

Va a ser algo serio. El ciclo de flamenco de Zaragoza está muy bien. Incluso vamos a grabar un disco en esa actuación. Luego, iremos al Palau de la Música de Barcelona. Tengo que decirle que me encuentro a gusto en Zaragoza. Ya he ido varias veces. La gente es receptiva, cariñosa. Y un artista tiene que tener calor para sentirse artista.

Todo resulta más sencillo cuando se hace con cariño.

Eso es. Bien dicho. Al fin y al cabo, canto por amor, por cariño. Lo que no se hace con cariño no merece la pena hacerlo.

He intentado documentarme acerca de usted. Le confieso que estoy algo desorientado.

¿Por qué?

Por ejemplo, ¿por qué le llaman Diego si no se llama Diego?

En los papeles mi nombre es Ramón, pero me llaman Diego. Lo de Cigala se lo explicaré otro día.

Nació en el Rastro de Madrid, entre canciones y tonadillas.

Mi madre, Aurora, era hermana de Rafael Farina.

Grande, Farina. A ver si nos queda tiempo para cantar la 'Senda del Viento', que me gusta más la versión de Farina que la de Poveda. Y Poveda es un monstruo, ¡eh!

Veo que usted 'chanela'. Mi padre también es cantaor, José de Córdoba. Yo crecí allí, entre canciones.

Y pronto se dejó oír.

Con 12 años gané el primer premio del Certamen de Flamenco Joven. Conocí a Farruco, Camarón, Tomatito o Vicente Amigo. Antes de los 20 años, ya había hecho un disco. Llegó un segundo álbum.

Luego, se detuvo un tanto, hasta explotar junto a Bebo Valdés en 'Lágrimas Negras'.

Antes, pisé el Teatro Real de Madrid con Niño Josele. Después, llegó Bebo Valdés. Fue algo especial, diferente. Sentí la necesidad de hacer algo con Bebo.

A pesar de separarles medio siglo, su identificación fue total.

El arte no entiende de edad. Lo que nació como un proyecto pasional, se convirtió en un bum increíble. Llegaron premios como el Ondas, Micrófono de Oro, Grammy...

¡El Cigala salió hasta en el 'New York Times'!

También grabé con Paco de Lucía.

Paco de Lucía: palabras mayores, Diego.

Hicimos algo con Trueba y volví al flamenco para homenajear a Picasso. También intentamos aproximarnos a Alberti.

En los últimos años se observa un Cigala más pausado.

Tengo mujer y dos niños, Rafael y Diego. Hay más equilibrio.

Sin embargo, continúa arriesgando. Ha explorado el jazz, el bolero y ahora el tango. Y decían que era el sucesor de Camarón de la Isla...

Esta pregunta tiene mucha miga. Camarón fue un monstruo, un genio irrepetible. El Cigala es el Cigala. Yo siento la necesidad de desarrollarme, de transitar otros caminos de la música.

Tango. ¿Por qué?

Viajé a Argentina. Tenía una ilusión enorme en mezclar la sensibilidad del flamenco con un género romántico, como el tango. Me introdujo Calamaro.

'El día que me quieras' suena de escándalo.

Había que enfrentarse a temas de cantantes de una gran personalidad, como Gardel. El tango tiene muchas maneras de jugar con el flamenco a la hora de interpretar, un campo extensísimo, porque son músicas de verdad, que salen del alma, del corazón. Eso es lo que vamos a mostrar en Zaragoza: vamos a desnudar el corazón.

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