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Pedro Rodríguez y su fábrica de monstruos

Pedro Rodríguez, bilbaíno que creció y se formó en Zaragoza, aspira este próximo domingo al Goya de maquillaje y efectos especiales por 'Balada triste de trompeta', de Álex de la Iglesia.

Antonio de la Torre, desfigurado tras pasar por las manos de Pedro Rodríguez.
Pedro Rodríguez y su fábrica de monstruos
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«Mi trabajo, básicamente, consiste en realizar trucos, ya sea con muñecos, prótesis o cualquier tipo de artilugio, frente a la cámara con el fin de engañar al espectador. Utilizamos todo tipo de materiales. En prótesis para actores, usamos siliconas, espuma de látex, gelatina o resinas dentales; en escultura, hierro, madera, poliuretanos, resinas, barro o plastilina. Y en 'animatrónica', equipos de radiocontrol, válvulas de aire, etcétera. Muchas veces, en un solo trabajo se puede ver una buena mezcla de todos los productos», dice Pedro Rodríguez, un bilbaíno que creció y se formó en Zaragoza y que aspira este próximo domingo al Goya de maquillaje y efectos especiales por 'Balada triste de trompeta', de Álex de la Iglesia. Estudió en la Escuela de Bellas Artes de Zaragoza y aquí realizó su primera inmersión en el cine.

Pedro Rodríguez pertenece a esa generación de jóvenes que se educaron visualmente con 'La guerra de las galaxias'; aún recuerda cuánto le fascinó el 'making off' que se emitió por televisión. A la par, con temor y perplejidad, veía los monstruos de la Universal: 'Frankestein', 'El hombre lobo' o 'Drácula', y de ahí pasó al «género de terror contemporáneo: a películas como 'Evil Dead', 'Reanimator', las obras de George Romero, Darío Argento o Lucio Fulci. A finales de los 80 y principios de los 90, vacié literalmente todos los estantes de terror y ciencia ficción de los videoclubs de Zaragoza. Ha sido siempre una búsqueda continua».

Pedro se zambulló en el aprendizaje de técnicas y en el estudio y manejo de materiales de manera autodidacta, a través de revistas, libros y de investigación personal. Un día, como quien asiste a una revelación, dijo: «Quiero hacer monstruos». Así lo hizo: el 'hobby' y la obsesión acabaron convirtiéndose en una profesión. Y no solo eso: Pedro quiso conocer mejor los procesos del cine y también se lanzó a la realización de cortometrajes, que eran «homenajes al cine y a la música que más me gustan: Russ Meyer, Gordon Lewis y, por supuest,o el rocanrol más salvaje. A mí me gusta el 'gore' por el humor salvaje que conlleva. Me parece muy sano reírse absolutamente de todo y con todo. Hasta de lo más atroz».

Dispuesto a emprender la aventura en serio, se marchó a Madrid, trabajó de dependiente de un sex shop de sadomasoquismo, «por pura supervivencia», y un día recibió la llamada de Miguel Ángel Lamata para su debú en el cine con 'Una de zombis'. «Fue una experiencia estupenda y muy loca. Mi primera experiencia, y le estaré eternamente agradecido a Miguel Ángel por confiar en mí. Así pude empezar a darme a conocer».

En estas apareció Álex de la Iglesia. «Yo ya era muy fan de 'Acción mutante' y 'El día de la bestia' antes de conocerlo. Es de los pocos directores que en España apostó desde el principio por hacer un tipo de cine sin complejos respecto a la industria de fuera. Además es un gran fan, como yo, de 'La matanza de Texas', y es un gran tipo». 'Balada triste de trompeta', que opta a 15 premios Goyas, es algo especial en la carrera de Pedro Rodríguez. En la suya y en la de su socio Javier Hernández.

«Esta película fue brutalmente buena para nosotros, ja, ja. Generalmente, nuestros muñecos o monstruos permanecen un par de segundos o minutos en pantalla, pero aquí hemos podido mostrar los rostros de dos de los personajes principales transformados durante la mitad de la película. Algo muy poco habitual en España. Una gozada. 'Balada triste de trompeta' es una película brutal y barroca -dice el maquillador-. El primer guión del director en solitario. Es Álex de la Iglesia al doscientos por cien. Muy disfrutable, por lo menos para mí».

Pedro parece no darle demasiada importancia a la nominación para los Goya, aunque la satisfacción debe ir por dentro. «Supongo que la candidatura es una oportunidad de que se conozca nuestro trabajo». Sigue muy vinculado con Zaragoza: «Aparte de tener a mi familia y a un buen puñado de buenos amigos y haber vivido en la ciudad una intensa y evocadora adolescencia, sigo en contacto con un montón de gente de aquí que trabaja en el cine», dice.

Pedro afirma que su receta de trabajo es sencilla: «Amar profundamente lo que más te gusta y ser consecuente con tus propias obsesiones. Ese es el lema». Ese amor, en su caso, parece llevar implícita una rareza o extravagancia: el consumo de novelas e historias de asesinos en serie... «Sí, viene todo en el mismo 'pack'. De Michael Myers a Manson hay un paso..., desde la barrera de la ficción, por supuesto».

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