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Jeff Mills: «La música hermana generaciones»

El pionero del Detroit Techno encabezca el cartel de la Lion Party, esta noche en Casetas.

Jeff Mills, un valor seguro a los platos, es el principal gancho de la Lion Party
«La música hermana generaciones»
SHAUNA REGAN

Jeff Mills viaja en la primera clase del universo DJ desde hace mas de dos décadas: sus preclaros juicios sobre la profesión, los elementos de calidad en el desempeño profesional y el componente pasional de las mezclas conforman un decálogo muy útil para los que se inician. Viejo conocido de la afición -estuvo en la última monegrada, el pasado verano- encabeza el cartel de esta noche en Casetas. De verbo anda sobrado, y de ejecutoria, aún más: su ‘set’ de esta noche no dejará indiferente a nadie.

Usted es un modelo para miles de DJ en todo el mundo. ¿Es una responsabilidad muy pesada, o una realidad de la que quizá no quiere ser muy consciente?

Lo de modelo suena algo fuerte para describir mi posición, pero es interesante calibrar la importancia de la música de baile en estos años. Mi generación, que está más cerca de los cincuenta años que de los cuarenta, siempre ha seguido a DJ como Franki Knuckles, Tony Humphries y David Mancuso: nos preocupaba saber cuánto iban a durar, queríamos descubrir si hay un punto y final en la carrera de un DJ. Ellos siguen en activo, y no se vislumbra final alguno. Creo firmemente que la música salva las diferencias de edad y, por tanto, hermana generaciones. Mi lugar está entre un cierto grupo de gente que comparte el conocimiento de un lenguaje universal, la música. Los DJ se entregan al noble propósito de fijar y calibrar las atmósferas que la gente usa para evadirse, una tarea que trasciende los altibajos de la industria.

¿Cuál es su mejor recuerdo de los primeros tiempos, del arranque del sonido Detroit?

El aprendizaje mismo, saber cómo poner música para la gente. Era demasiado joven para entrar en un club: el límite de edad para establecimientos que sirven alcohol era de 21 años y yo tenía 19. Me colaba en el club y en la cabina antes de que se abriese al público, tocaba la fiesta y me quedaba hasta el cierre para escaparme por la puerta de atrás. Y aprendía algo nuevo cada semana. La verdad es que practicaba a todas horas: aprendí los trucos que llegaban de la escena hip hop de Nueva York, sus mezclas. ¡Ser el más rápido significaba ser el rey! Además, los DJ nos escuchábamos mucho los unos a los otros para aprender nuevos trucos y conocer más música: yo iba a ver a otros colegas en Detroit y Chicago un mínimo de cuatro noches por semana. Lo que atraía entonces al público era la habilidad del DJ para programar: todo era muy elegante, la atmósfera se inclinaba siempre hacia la sofisticación, desde la ropa a la actitud. La música era el refuerzo de todo. Extraño esos tiempos...

¿Sigue en contacto con los colegas de aquella época?

Me fui de Detroit hace 20 años y muchos contactos se han evaporado, pero se trata de gente con la que he compartido grandes momentos: es complicado olvidar eso. Siempre es una gozada encontrarnos en un aeropuerto o detrás de un escenario: al contrario de lo que la gente cree, los lazos entre los productores y DJ de Detroit son fuertes. Nos respetamos mucho, como ocurría con los músicos de ‘black jazz’ en los 50.

¿Quién fue su ídolo musical en la infancia?

Eran muchos. Billy Cobham en la batería –recientemente actuó en Zaragoza, por cierto–; Stanley Clarke en el bajo; Joe Tex, James Brown, Sly Stone, Marvin Gaye, Temptations y muchos otros artistas de la Motown. Siempre he adorado el jazz, y cuanto más viejo me hago, más me gusta. Tras la adolescencia me encantaban John Coltrane, Miles Davis y los Jazz Messengers: escuchar a un maestro de un instrumento siempre es atractivo. Me fascinaba la rapidez y la sonoridad, la gente que hacía cosas diferentes al resto. ¿Sabes? Quise ser batería de jazz, estudié batería y percusión durante la secundaria y estuve en un montón de bandas, pero la locura que conlleva ser DJ era demasiado excitante. Eso sí, mi aproximación a la tarea de DJ es la misma de un batería de jazz: disecciono, modifico y manipulo los beats para crear algo especial, algo que no esté en el vinilo...

Como productor, ¿qué le preocupa más al trabajar en un tema?

Esa es fácil, que sea funky, que lo mueva todo. No tiene que ser perfecto ni consecuente con un concepto: si es funky, me llena. Cuando antepongo este factor a los demás elementos de la producción, cuando los detalles son circunstanciales, los temas suelen ir cargados de honestidad; suenan auténticos.

¿Qué es más importante cuando ya se tiene un nombre consolidado: ser capaz de leer a tu audiencia y reaccionar, o conectar con ella haciendo lo que haces en otros lugares?

A veces, fijarse mucho en la audiencia es un error: es sencillo malinterpretar al público. Cuando estás en una sala con más de 1.000 personas es mejor establecer rápidamente un entendimiento franco y de dos direcciones. Entonces es posible explorar lo más interesante que llevas e tu maleta. Hay gente que hace de DJ y gente que es ‘El DJ’, una persona experta en programar música para sus audiencias en cualquier situación. En mi carrera me he topado con pocos de este último nivel; cuando los escuchas, sabes enseguida que tienen un talento especial. Hacen que todo suene increíble, y la base está en que conocen bien a la gente...

¿Nota diferencia entre el ardor del público español y el de otros países mediterráneos, con muchos puntos comunes de actitud?

No es fácil detectar las pequeñas diferencias, pero está claro que los españoles saben disfrutar de una fiesta, tienen experiencia en eso... por suerte, llevo 15 años viniendo y siempre lo paso de maravilla, he estado cientos de veces y es uno de mis lugares preferidos del mundo para actuar.

De entre los nuevos talentos, ¿a quién sigue con especial atención y respeto?

El respeto es para todos. Siempre aprendo cosas escuchando a otros, así me formé como profesional. Tomo toda idea que me parece interesante y lo incluyo en mi repertorio, aunque trato de hacerlo de una manera propia, diferente. Si no me gusta un DJ, jamás le pierdo el respeto: me reservo mi opinión. La decencia sigue siendo clave en el mundo de la música. Ahora mismo, simplemente aspiro a ser capaz de seguir adelante y contribuir al disfrute de quienes aman la música.

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