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MÚSICA

Ariel Rot: «Para hacer canciones hay que quitar hierro al asunto»

El argentino viene hoy a La Casa del Loco (21.30) con 'Solo', espectáculo centrado en su persona, ya sea al piano o con las guitarras.

En 'Solo Rot' parece andar usted en busca de esencia, con una política de cero barroquismo. ¿Cómo ve este disco, nueve meses después de que viera la luz?

No suelo escuchar mucho mis discos, de verdad, pero creo que fue un trabajo sólido. Ha tenido buenas críticas y mis seguidores lo ponen entre lo mejor que he hecho. Mucho más no puedo decir...

A los 23 años, allá por 1983, ya había vivido en los altos y los bajos del rock. ¿Tuvo miedo al ver que algo como Tequila se acababa tan pronto, en apenas un lustro?

La indiferencia del mundo sí la sentí, desde luego. Muy temprano para haber vivido el éxito y el olvido. Miedo y vértigo no, a esa edad es difícil sentirlo. Asumí que mi carrera en escenarios y carreteras se había acabado, pero luego me junté con Andrés (Calamaro) y empezamos a tocar. Era una Argentina devastada, pero sacamos pecho y levantamos un nuevo proyecto en España, Los Rodríguez. Fue bien... con Andrés pasamos 10 años de socios, cuando nos separamos fue una buena decisión, cambio de piel y rol para crecer. Andrés no se lo bebe uno a tragos pequeños, con él son ultralargos, luego depende de cada cual encontrar la dosis correcta.

En su biografía se alude al impacto que le causaron músicos del calibre de Moris y Sergio Makaroff, compatriotas y residentes en la España de los setenta.

Fueron mis maestros. Makaroff es la primera persona con un grupo de rock que conocí: me refiero a un grupo al cual yo tenía acceso. Me influenció mucho su forma de hacer canciones. Con los años pasó lo mismo con Moris, sobre todo lo mismo. Sobre todo cuando hizo un disco como 'Fiebre de vivir', estuvimos acompañándolo ahí. Hizo un retrato tan poético y certero sobre el Madrid de ese momento que aún me sigue asombrando, por la manera de decir las cosas, la fineza?

Cuando pasó el tiempo de Los Rodríguez, en 1997, grabó con los Attractions de Elvis Costello el álbum 'Hablando solo'. En este último disco, Pete Thomas ha vuelto a colaborar con usted. ¿Cómo fue aquello y como ha sido esto?

Aún saboreo aquella grabación en el espectacular estudio Du Manoir, cuando aún se gastaba dinero de verdad en grabar un disco: vivías en el estudio, comías y dormías allá. Si a eso le sumas que estaba con una de las bandas más interesantes que ha dado la historia después de 1970, imagínate. Un gozo. Estos tres tipos crearon una química inmensa: fue pura investigación, una búsqueda que no había visto antes en el pop ni en el rock en un estudio. Y vaya, el reencuentro con Pete fue genial, volvió a darme lo mejor.

Su álbum de dúos de 2007 destilaba reverencia y camaradería. ¿Le asustó sentirse tan venerado por sus colegas, y tan querido?

Tampoco tuve esa sensación, ¿tú crees? Si noto eso, quizá me paralizo. Buf, considerarse una referencia? no sé, para hacer canciones conviene quitar el máximo de hierro al asunto; uno debe pensar que está jugando, y que el resultado del juego puede acabar en la basura.

¿Dónde le va a encontrar el futuro próximo?

Creo que este año abrí una nueva puerta con 'Solo': sentarme al piano, la eléctrica, pedales y acústica. Me abre nuevos campos en la interpretación: puedo trabajar más, como quiero y cuando quiero. Espero que ese sentimiento influya en mis próximos trabajos.

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