Ocio y Cultura

LIBRO DE FOTOGRAFÍAS

Fotos de altura para el paisaje altoaragonés

Prames edita 'El Alto Aragón desde la atalaya' (Premio Félix de Azara 2009), que reúne 170 espectaculares instantáneas, obra de una veintena de fotógrafos, captadas desde cimas y otros promontorios. La naturaleza muestra en esas imágenes sus diferentes caras y matices.

Reflejos en el ibón de Culibillas
Fotos de altura para el paisaje altoaragonés
MANUEL HAYAS

Cualquier balcón en las alturas, sea un alto, una cima... se convierte en un lugar apropiado para contemplar los paisajes altoaragoneses en todo su esplendor. Un efecto sobrecogedor cuando uno se aúpa a uno de ellos que consigue transmitir desde sus 178 páginas el libro editado por Prames 'El Alto Aragón desde la atalaya'. Una cuidada selección de 170 fotografías, capturadas por 17 fotógrafos desde miradores privilegiados reconocibles por los conocedores del territorio oscense.

No hay vistas aéreas, aunque un rápido vistazo a las instantáneas conduzca a error. "Las imágenes incluidas debían de cumplir la condición de ser una toma realizada desde una atalaya y que, al mismo tiempo, el lugar resultase más o menos accesible e identificable para el lector", explica el coordinador del volumen, Rafael Yuste. La única excepción es la perspectiva de Peña Montañesa que ilustra la portada, captada desde el valle.

El conjunto no solo pretende mostrar la belleza y variedad del paisaje altoaragonés, sino también subrayar la importancia que tiene para el territorio y como valor en sí mismo. Las fotos son obra de José Luis Acín, Esteban Anía, Javier Ara, Alfonso Ferrer, Julio E. Foster, Francisco González Seral, Joaquín Guerrero Campo, Manuel Hayas, Fernando Lampre, Antonio Martínez Andía y Rafael Marzal. Además de Javier Melero, Ignacio Pardinilla, Ricardo Polo, Javier Romeo, Jorge Ruiz y Pedro Salaverría.

Para acercarse a la variedad de matices y sensaciones, el volumen se estructura en torno a los cuatro elementos míticos de la naturaleza. "Polvo, niebla, viento y sol y donde hay agua, una huerta; al norte, los Pirineos, esta tierra es Aragón". Así los identificaba en el paisaje aragonés José Antonio Labordeta. Y con sus versos se inicia este viaje visual y poético, rindiéndole un pequeño homenaje.

Naturaleza serena y salvaje

Cada una de las formas en las que la materia puede presentarse se introduce con una cita de un escritor de un continente diferente. Así, para hablar del aire se cita a Paul Whitman; del fuego, a Heráclito y de la tierra a Zhuang Zi. El agua se identifica con un proverbio africano kikuyu.

El recorrido que propone comienza por las nieblas etéreas que se ciernen sobre las cumbres, el fenómeno de la inversión térmica que resalta el contraste entre la montaña y esos amaneceres y atardeceres irrepetibles. Más adelante, la luz solar compite con la silueta de la luna, el cielo estrellado rivaliza con las formaciones areniscas de los Monegros y una tormenta descarga en el Somontano.

Las piedras milenarias, testigo de los orígenes del reino de Aragón, parecen labrar laderas y campos y los bosques muestran su cara más salvaje. La sinuosidad de los ríos convive con el monocromatismo de la nieve y la huella humana. Una humanización que no puede dominar la naturaleza, solo transformarla.

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