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Vargas Llosa ensalzó el arte de fabular

El escritor repasó su peripecia personal, literaria, y política en su discurso de aceptación del Nobel."Seríamos peores sin los buenos libros que leímos", dijo.

El escritor lloró al recordar a su esposa Patricia
Vargas Llosa elogia la lectura en su discurso del Nobel
AFP

Mario Vargas Llosa hizo ayer, en su discurso de recepción del Premio Nobel, un elogio de la lectura, "la cosa más importante" que le ha sucedido, y de la literatura, al considerar que hace "gozar, sufrir o sorprendernos" y nos une sin tener en cuenta "lenguas, creencias, usos, costumbres y prejuicios".

El literato, de 74 años, ensalzó la ficción hasta el punto que dijo es "una necesidad imprescindible para que la civilización siga existiendo". Tan importante es para este autor leer -un acto que "convierte el sueño en vida y la vida en sueño"- como escribir.

"Sin las ficciones, el hombre sería menos consciente de la importancia de la libertad para que la vida sea vivible, y del infierno en que esta se convierte cuando es conculcada por un tirano, una ideología o una religión", aseguró Vargas Llosa en un discurso cargado de compromiso político.

La gran sala de la Academia sueca reunió a la familia de Vargas Llosa y a más de un centenar de amigos que le acompañaban en un acto que se extendió durante una hora y que también pudo ser seguido por el público en una gran pantalla en el cercano Museo de la Fundación Nobel.

En su discurso de aceptación del Nobel de Literatura, titulado 'Elogio de la lectura y la ficción', Vargas Llosa rindió homenaje a su madre, a su abuelo Pedro y a su tío Lucho.

Sin embargo, quien quebró la voz al literato, y provocó los aplausos de la sala, fue su esposa Patricia, "la prima de naricita respingada y carácter indomable" con la que, dijo, tuvo "la fortuna" de casarse hace 45 años y que "tan generosa" es que hasta cuando le riñe le hace el mejor de los elogios: "Mario, para lo único que tú sirves es para escribir".

Y su arte de fabular ha sido lo que le ha llevado a merecerse el preciado galardón, que el viernes recogerá de manos del rey Carlos Gustavo de Suecia, y que recordó se debe a su "terquedad" y a "algo de suerte", pero que se ha convertido en una "pasión" y "vicio".

Agradeció los secretos que le revelaron Flaubert, Faulkner, Cervantes, Dickens, Tolstoi, Thomas Mann o Sartre. "Si convocara en este discurso a todos los escritores a los que debo algo o mucho sus sombras nos sumirían en la oscuridad", precisó.

España, su otro país

También agradeció la contribución de España, representada en este acto por la ministra de Cultura, Ángeles González-Sinde. "Quiero a España tanto como al Perú y mi deuda con ella es tan grande como el agradecimiento que le debo. Si no hubiera sido por España jamás hubiera llegado a esta tribuna", reconoció.

En este país -cuya transición de la dictadura a la democracia ha sido, en opinión de Vargas Llosa, una de "las mejores historias de los tiempos modernos"- se publicaron todos sus libros y recibió "reconocimientos exagerados".

El escritor hizo una mención especial para los editores Carlos Barral y Carmen Balcells -quien se desplazó hasta Estocolmo-, y quienes recordó se "desvivieron" porque sus historias tuvieran lectores.

A Francia le atribuyó enseñanzas literarias "inolvidables", pero también su descubrimiento de América Latina. "Allí descubrí Perú", dijo el autor de 'La guerra del fin del mundo', que consideró que el hecho de vivir tiempo fuera de su país ha fortalecido sus vínculos.

El Vargas Llosa escritor, ensayista y dramaturgo también se pronunció en su discurso sobre su ideario político e invitó a defender la "democracia liberal", que dijo, con todas sus limitaciones, sigue significando "el pluralismo, la convivencia, la tolerancia, los derechos humanos, el respeto a la crítica, la legalidad, las elecciones libres, la alternancia en el poder".

Al ofrecer una panorámica de Latinoamérica se mostró optimista y dijo que la democracia está funcionando excepto en "Cuba y su candidata a secundarla, Venezuela, y algunas seudodemocracias populistas y payasas, como las de Bolivia y Nicaragua".

De regreso a la esfera literaria, concluyó que un mundo sin literatura "sería un mundo sin deseos ni ideales ni desacatos".

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