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Bunbury: la madurez y el genoma camaleón

El aragonés y su grupo batieron el frío anoche con un concierto intenso que congregó a siete mil almas en el Príncipe Felipe de Zaragoza.

El micrófono de calaveras rojas y negras ha sido el inseparable compañero de Bunbury en esta gira.
Bunbury: la madurez y el genoma camaleón
VíCTOR LAX

La tradicional postura dual con la que Zaragoza recibe al más famoso de sus artistas populares ("lo adoro", "no puedo con él") quedó aparcada anoche, a tenor de lo visto en el pabellón Príncipe Felipe y otros lugares de la ciudad. Será la madurez, será la melancolía y la calidez que exuda 'Las consecuencias', o cualquier otra cosa, pero el público que acudió ayer al Príncipe Felipe al concierto de Bunbury y Los Santos Inocentes era más variopinto que en anteriores ocasiones.

Siete mil almas convencidas de que hay ventajas de ir cambiando de piel, quizá: aunque la cita suele ser anual, el material nunca es repetitivo con este hombre. Ayer, tras una primera andanada de material nuevo, abrió con generosidad el baúl de los recuerdos, Héroes incluidos, y regaló momentazos: se le notaba a gusto. Gonzalo de la Figuera se encargará mañana en estas páginas de los detalles conciertiles: la primera impresión, que siempre cuenta, es que la velada iba a ser especial. Una liturgia entusiasta, cómplice. Así fue.

A media tarde, en la prueba de sonido, Bunbury lucía relajado. Con el trompetista Javi Íñigo se marcó un cachondeo imitando el aplauso del público al final de una canción. Luego, entre bambalinas, se hizo una foto con los hijos de su amigo César Laínez, ex portero del Real Zaragoza, con quien mantuvo un diálogo esperanzador. "Venimos con mucha seguridad, con el concierto bien rodado, otras veces hemos empezado gira aquí y ahora casi es el final: hoy va a estar muy bien, ya verás" comentó el cantante al futbolista.

En la Estación del Silencio, la llegada de fans fue gradual desde las cuatro de la tarde. Entre los que se personaron por el club de la calle Catania estaba el panameño Elvis Suárez, promotor del concierto que diera Bunbury en Panamá en 2002; con él, su novia italiana y otros dos amigos del istmo centroamericano. Entre los afines al club de fans Bunbury España estaban Rosi, de Alicante; Juan, jiennense; la valenciana Paula? verdaderos trotamundos, que en algún caso ya han visto a Bunbury en directo un centenar de veces.

El bajista de Niños del Brasil Antonio Estación, después de pasarse por este punto de encuentro, marchó a la discoteca La Diosa para dar los últimos toques a la fiesta post concierto más buscada por los asistentes al pabellón: el Bunburazo 5. Esta iniciativa continúa hoy en el Jarvis (María Lostal 5, 20.30, 5 euros en Linacero, Estación del Silencio y taquilla) con un acústico coral: como las pelis de Robert Altman, con muchos personajes, pero con dos micros, dos guitarras y una sola trama. Repertorio bunburiano para Santi Rex y Nacho Serrano de Niños, Antílope y Draco de Volador, Luis Cebrián y Ana Muñoz de Louisiana, Alex Hyde, Ana y Chema Montañés, Luis Zarápolis, Nacho Lampreabe, Fernando Frisa, Gabi Morgan, Simón y Miguel de Almas Mudas y Clara Téllez de Los Peces. La guinda a los platos, con Genzor y Montpellier.

¿El concierto de ayer? Las puertas del pabellón se abrieron a las 19.00 y el frío reinante hizo que no se formaran grandes aglomeraciones fuera del recinto. El acceso fue más bien un goteo incesante, con la platea convertida en un patio de sillas plegables que reforzaba la idea preconcebida: se trataba de un concierto más emotivo que trotón, acorde con el aire que le ha dado Bunbury a su actual espectáculo. Con 'Las consecuencias' empezó la cosa a las 21.15; luego, 'Ella dijo que no', 'De todo el mundo', la jeannettiana 'Frente a frente'? amén.

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