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Con la letra 'ye yé' llegó el escándalo

La próxima edición del manual de ortografía no deja indiferente a casi nadie, aunque algunos de los cambios propuestos están sobre la mesa desde 1999. Las modificaciones tienen que ratificarlas hoy las 22 Academias que se reúnen en Guadalajara (México).

Hay novedades ortográficas anunciadas, otras inesperadas y controvertidas y que, según algunos profesionales, podrían dar pie a confusiones. También en Aragón expertos en la materia opinan sobre la nueva ortografía planteada por los académicos. Hay voces de apoyo y otras disidentes.

"Estos cambios no pueden juzgarse con criterios fundados en la lógica o en la necesidad, sino con criterios tales como el uso real de la lengua, la fidelidad al origen etimológico, la coherencia interna del modelo ortográfico?", asegura José Luis Aliaga, del departamento de Lingüística General e Hispánica de la Universidad de Zaragoza. Desde este punto de vista le parecen "aceptables" los que hasta ahora se conocen, aunque añade que la ortografía "es un sistema de representación convencional que no puede dejar atrás un cierto grado de arbitrariedad".

¿La Academia está equilibrando la balanza con el resto de hispanohablantes? Aliaga supone que, aunque en los últimos decenios está intentando presentarse como "una institución interesada por todo el español, todavía tiene que demostrar que ese cambio no es una mera operación académica". En el caso del nombre de las letras, cree que se ha adoptado "una solución de compromiso", reconociendo en algunas el uso en España y en otras el de Hispanoamérica.

Una defensora de esta unificación es Teresa Sas, correctora de estilo del Instituto de Estudios Altoaragoneses. Saluda estas propuestas "porque van en el sentido de economizar, como en el caso de las tildes, y tienen una relación con la apertura y el reconocimiento de que, afortunadamente, en la península no somos los propietarios del español y hay otros usos legítimos". Desde hace tiempo este organismo ya corrige los adverbios 'solo' con tilde de los manuscritos. "Recibimos consultas de los autores cuando reciben las pruebas, pero por lo general agradecen que estemos tan atentos a las normas. Al principio resultará raro lo de 'guion' o 'truhan', pero nos acostumbraremos", dice.

Mucho menos convencido se muestra el escritor Félix Romeo, que equipara la ortografía al código de la circulación. Se rebela contra la 'ye', "al decir de carretilla el alfabeto cualquiera se da cuenta de que hay muchas excepciones a esa supuesta norma general y, además, excluye en la pronunciación su uso más frecuente como falsa vocal". A muchos les duele este ejemplo más de la pérdida del latín. Romeo no entiende la siega del 'rabito' de 'solo' y 'guion'. "El cambio en la acentuación gráfica debería ser general: es, probablemente, la parte más débil de la ortografía del castellano", asegura. Con ironía se plantea si va a suponer contratiempos en su dinámica de trabajo: "Los escritores que usamos Word, lo que más nos cambia son los subrayados, rojo y verde, del programa".

El más crítico es el escritor José Luis Corral. "Obviamente el idioma y la lengua son algo cambiante y no se puede hacer una fotocopia como si fuera una tabla de la ley, me parece una astracanada fuera de tono", afirma. La RAE, opina, "no tiene ningún prestigio". Él seguirá con los acentos como aprendió de niño: "En definitiva, escribir bien va más allá que una tilde en la o".

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