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LITERATURA

Paul Auster: El hijo pródigo

'Sunset Park¿: La nueva novela coral y bíblica del autor de ¿Trilogía de Nueva York¿.

Recuerdo lo mucho que me impresionó ver, una tarde de sábado en la tele de hace muchos años, ‘Los mejores años de nuestra vida’: una película estadounidense, de los años 40 y en blanco y negro, que cuenta el regreso a casa de unos cuantos soldados que acaban de “ganar” la Segunda Guerra Mundial. Recuerdo que lo que más me impresionó fue que uno de los soldados llevara unos garfios metálicos, porque se había quedado sin manos.

Quien no tenga la película en la memoria (que es lo contrario que la historia, en palabras de Paul Auster), haría bien en verla antes de empezar a leer ‘Sunset Park’, porque es un referente permanente a lo largo de las páginas de la novela. Lo es porque una de las protagonistas, Alice, está haciendo una tesis doctoral sobre ella. Lo es porque un escritor, que publica en la editorial del padre del protagonista, quiere escribir un ensayo sobre ella: uno de los actores, Steve Cochran, mantuvo un romance con su madre, cuando ella era todavía una adolescente. Lo es porque la novela también cuenta las dificultades de “reintegración” que entraña un regreso largo tiempo esperado.

Miles Heller era un joven brillante que decidió largarse de casa, en la que vivía con su padre, el editor Morris Heller, con su madrastra y con la ausencia de su hermanastro fallecido en un accidente. Se fue tras escuchar una conversación entre su padre y su madrastra que trataba de él, de sus problemas, de su vida a la deriva. Durante los siete años de ausencia, ha perdido todo contacto con ellos, y también con su madre verdadera, una actriz que ha alcanzado el éxito. De su periodo niuyorkino sólo mantiene relación epistolar con uno de sus amigos, Bing, que rechaza cualquier contacto con la tecnología y se dedica a reparar cacharros viejos en una pequeña tienda.

Miles Heller es ese hijo pródigo que regresa a Nueva York desde Florida, donde vive de vaciar los pisos que han sido abandonados por los desahucios producidos por la crisis; una crisis que también azota con fuerza a los editores independientes, como Morris Heller. El regreso es, de alguna manera, forzado: la hermana de su novia le amenaza con denunciarlo por abusos. Pero, también, es un regreso deseado, porque es el único lugar del mundo desde el que le reclaman, con afecto: su amigo Bing es el “gerente” de un edificio ocupado en el que podrá albergarse sin gastar mucho dinero.

El regreso de Miles hará que se agiten unas aguas que parecían tranquilas, y una serie de hechos dolorosos empiezan a acontecer: separaciones, suicidios, muertes, crisis, el interés de la policía por el edificio okupado... El hermoso Miles, que es deseado por todos y por todas, parece un mensajero del mal.

El tono bíblico de la nueva novela de Paul Auster (1947, Nueva Jersey) es evidente. Aunque el trata de ligar su relato a Homero, y al reencuentro de Odiseo y Telémaco, lo cierto es que dos relatos bíblicos, que son, en muchos sentidos, versiones del mismo suceso, sustentan la narración: el asesinato de Abel por Caín, del ‘Antiguo Testamento’, y la parábola del hijo pródigo, del ‘Evangelio de Lucas’ del ‘Nuevo Testamento’. Como del libro sagrado de los cristianos, también de ‘Sunset Park’ se pueden extraer muchas moralejas, que me han resultado especialmente molestas... porque la novela me estaba gustando: Miles tiene que recibir su castigo. Algo muy parecido me sucedió con ‘Brooklyn Follies’ (Anagrama), donde el protagonista, Natham Glass, en el momento en el que empezaba a disfrutar de una vida buena, tras superar un cáncer, es brutalmente asaltado por el ataque a las Torres Gemelas el 11 de septiembre de 2001.

‘Sunset Park’ es una novela coral y aunque el protagonismo principal lo encarna Miles, el hijo pródigo, lo cierto es que el peso de la historia se reparte entre el resto de los personajes. Todos son de carne y hueso: todos aman y todos sufren y todos gozan, y de todos conocemos sus pequeños deseos y sus grandes insatisfacciones. No son esos comparsas que tanto abundan en las novelas anteriores de Paul Auster. Tampoco ellos se librarán de la onda expansiva que provoca la explosión de Miles en su regreso.

A diferencia de ‘Los mejores años de nuestra vida’, en la que las asperezas iniciales ante los excombatientes se van limando, hasta alcanzar el final casi feliz al que Hollywood nos tiene acostumbrados, en ‘Sunset Park’ se pasa del entusiasmo a la aspereza. Y es que, según la interpretación de Sophie Auster de ‘Matar a un ruiseñor’, la novela de Harper Lee: para ser hombres todos tenemos que estar heridos.

Lo único que no consigue trastocar Miles en su regreso es la campaña del PEN Club, donde trabaja su amiga okupa Alice, para reclamar la libertad de Lin Xiaboo: el Premio Nobel de la Paz que se le concedió hace unos meses ha servido para amplificar su ansia de democracia para China.

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