Despliega el menú
Ocio y Cultura
Suscríbete

TECNOLOGÍA Y ARTE

El tecnoarte se abre paso en Aragón con nuevos creadores

Diseñadores y artistas de la Comunidad se mueven en los campos más punteros para aplicar los desarrollos tecnológicos al ámbito artístico. Ellos presentan su trabajo y analizan el sector.

El tecnoarte se abre paso en Aragón con nuevos creadores
El tecnoarte se abre paso en Aragón con nuevos creadores

Un bailarín salta sobre el escenario y refleja la iluminación infrarroja que hay a su alrededor, una reverberación que captan las cámaras de vídeo y procesan transmitiéndola a un ordenador que en tiempo real convierte sus movimientos en imágenes y sonidos. Suena a ciencia ficción, pero en realidad se trata del nuevo proyecto de danza interactiva para una compañía aragonesa en el que está trabajando el zaragozano Miguel García, el 50% junto a Quique de Miguel de la formación multidisciplinar Human Beans, un dúo de músicos electrónicos apasionados de la tecnología que han ido ampliando sus horizontes.

Human Beans presentó recientemente esta idea en el marco de unas jornadas sobre tecnología y arte celebradas en Zaragoza, en las que se dieron cita un puñado de aragoneses que se mueven en los campos más punteros a la hora de aplicar los últimos desarrollos a la superación artística. Ellos mismo pulsan el momento que atraviesa este sector.

"Nos interesa cómo reflejar la interacción en la obra de arte, porque el futuro es el tiempo real", asegura Miguel García. A Human Beans se les pudo ver en el último festival Asalto, en el que consiguieron revivir por un rato la imprenta Blasco gracias al 'mapping', unos efectos visuales que se adaptan a la música mediante un ordenador que interpreta la geometría de las superficies sobre las que se proyectan. Ahora quieren dar un paso más y "permitir que el público pueda decidir lo que está pasando, que la proyección responda al número de gente y su estado de ánimo, que no sea siempre la misma", explica Miguel García. Está convencido de que Zaragoza "despegará" en este campo y que ofrece más posibilidades que otras grandes ciudades para las "empresas culturales".

Una opinión que no comparte del todo Rubén Cárdenas, que se dedica al diseño generativo, con imágenes elaboradas a partir de proporciones matemáticas presentes en la naturaleza y utilizadas a lo largo de la historia, como la proporción áurea. "En Aragón hay nivel, pero faltan empresas y firmas de aquí que arriesguen y apuesten por la innovación, ya que sobre todo trabajamos para fuera", asegura. Acaba de terminar un deuvedé para la SGAE. Reconoce que a la hora de diseñar "incluso me ayudo de los errores que produce la máquina, me los guardo y no descarto usarlos de relleno".

La creación de mundos virtuales en 3D es lo que motiva a Cristóbal Vila, de Etérea Estudios, que hace ya cuatro años convirtió su afición en su medio de vida como autónomo. Uno de sus últimos trabajos, 'Isfanan', inspirado en diferentes templos de esta ciudad iraní, llamó la atención de la Sociedad Americana de Ilustradores Arquitectónicos que lo invitó a Washington. En él, mediante programas de modelado y texturizado digital, recrea con gran perfección y lujo de detalles la arquitectura persa. Ha tenido hasta una proyección comercial internacional, ya que lo han demandado un grupo hotelero egipcio y una productora de vídeo turca. Cuando hace este tipo de piezas, de carácter más personal que los encargos, asegura que se siente sobre todo "un artesano".

También como un artesano se define Carlos Tricas, que combina su profesión de informático con su faceta de tecnoartista. En su opinión, existe en Aragón una "brecha" todavía a superar entre tecnológos y creadores. A la hora de enfrentarse a uno de estos trabajos entiende que "sobre todo hay que apreciar el resultado, si te gusta, tiene sentido, te dice algo y se justifica, ya es interesante".

El punto de vista más artístico lo pone Enrique Radigales, al que le interesa "esa zona difusa entre lo analógico y lo digital". Estos días se puede ver en la galería zaragozana Antonia Puyó una muestra de sus piezas en las que emplea fotografía, dibujo digital y pinceladas clásicas sobre papel de algodón.

Sin embargo, en su última intervención en Zaragoza hace unos días impartió un taller sobre la tecnología desconectada. ¿Un contrasentido? En absoluto, se trata de algo tan simple, y a la vez tan complicado, como crear prototipos electrónicos con elementos de escritorio "sin preocuparse de si funcionarán". Un paradigma que invita a reflexionar, como él mismo dice, sobre "el desfase tecnológico y el cambio social que produce en las formas de comunicarnos, escuchar música y crear".

Etiquetas