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VARGAS LLOSA Y ARAGÓN

El novelista que discutía de Flaubert en los paisajes lunares de Calaceite

El autor de 'La fiesta del Chivo' visitó a José Donoso en los años 70 y Albarracín y Jaca en los 90.

Vargas Llosa, junto a su hija Morgana, en 2004.
El novelista que discutía de Flaubert en los paisajes lunares de Calaceite

"La amistad más estrecha era con los Vargas Llosa y juntos nos organizaban panoramas los fines de semana: títeres, idas al circo o al cine, y luego ellos comían juntos. En estas tertulias mi padre y Mario Vargas Llosa se trenzaban en discusiones literarias que terminaban siempre versando sobre Flaubert", escribe Pilar Donoso en 'Correr el tupido velo' (Alfaguara, 2010), ese libro conmovedor que ha escrito sobre su padre José Donoso, que vivió en Calaceite entre 1971 y 1974.

En aquel pueblo de "paisajes de rugosa aspereza y montes lunares", tal como lo definió Vargas Llosa, el peruano iba con su mujer Patricia y con sus hijos mayores, Gonzalo y Álvaro, que llegaron a pasar quince días inolvidables en la casa de piedra del escritor chileno. Vargas Llosa frecuentó Calaceite, se dice que incluso alquiló una casa un verano (pero no lo hemos podido confirmar), y en su libro 'Diccionario del amante de América Latina' (Paidós) afirma que Donoso había adquirido incluso una tumba en el cementerio de Calaceite y que tenía las llaves de las iglesias y sacristías y que ejercía "una tutoría feudal" sobre ellas, y añade que se sentaba en la puerta de su casa como una especie de juez de paz que aconsejaba a los vecinos, que le hacían consultas. Algo después, cuando los grandes escritores del 'Boom' vivían en Barcelona, Vargas Llosa vivió el episodio más enigmático de su vida: golpeó en México D. F. a su amigo García Márquez un 12 de febrero de 1976.

Nunca se esclareció del todo aquel suceso: se dijo que era por diferencias ideológicas, pero parece que en realidad fue porque Mario y su mujer Patricia pasaron por una época de crisis (Mario se habría enamorado de otra), y García Márquez fue el destinatario de las confidencias de la esposa. Mercedes Barcha, 'la Gaba', sentenciaría luego: "Es que Mario es un celoso estúpido". Vargas Llosa ha tenido otras amistades en Aragón. Entre ellas, la de Fernando Lázaro Carreter. En 1995 inauguró los Cursos de la Universidad de Verano de Jaca y habló sobre los indígenas de los Andes.

Lázaro Carreter lo calificó como "un gran narrador, un gran inventor y un ideólogo liberal, en el sentido de que es un individuo creador". Tres años después, según recuerda Antonio Jiménez, estuvo en las Jornadas Liberales de Albarracín, que coordinaba Federico Jiménez Losantos. "Me acuerdo muy bien de su estancia de 1999 -dice el director de la Fundación Santa María-. Estuvo en Casa de Santiago y en El Chorro... Cuando se dirigía al restaurante, algunos paisanos lo pararon y se hicieron fotos con él. Le impresionó el pueblo, y volvería luego en alguna visita privada. Siempre despertaba mucha expectación".

Mario Vargas Llosa vino a Zaragoza coincidiendo con la Expo 2008, pero ya en 1993 había venido a firmar el premio Planeta, 'Lituma en los Andes', con el finalista Fernando Savater. El bibliófilo y escritor Pepe Melero se le acercó con un ejemplar de la primera edición de su primer libro 'Los jefes' (1959). Vargas Llosa se quedó perplejo. Le dijo: "No había vuelto a ver este libro desde que me fui de Arequipa. No tengo ningún ejemplar. ¿Podría regalármelo?". Pepe Melero, con una sonrisa, le dijo: "No me conoce usted bien". Y le explicó su pasión por los libros. Vargas Llosa contestó: "Yo hubiera hecho lo mismo", y le firmó el ejemplar con su nombre de entonces, 1959: Mario Vargas.

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