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ACCESIBILIDAD

Museos aragoneses que se dejan tocar

Las maquetas y la información en braille son los materiales más comunes. En Uncastillo se puede palpar un capitel prerrománico original.

Obra táctil del artista aragonés Ricardo Calero.
Museos aragoneses que se dejan tocar
HERALDO

En el Museo Reina Sofía de Madrid hay una selección de esculturas del siglo XX originales que los ciegos pueden tocar a su gusto. "Lamentablemente no es lo habitual y tampoco todas las piezas artísticas son accesibles de este modo, hay que realizar una adecuada selección", comenta el jefe del departamento de recursos culturales de la dirección de cultura de la ONCE, Alberto Daudén. Algunos avances técnicos, como la información en braille, reproducciones, maquetas y audioguías descriptivas, junto a un poco de voluntad, pueden facilitar a personas invidentes el acceso a estos pequeños placeres que no tendrían por qué estarles vedados.

¿Pasar la mano por un capitel prerrománico auténtico sin hacerlo a escondidas? Es posible en el museo de la Torre de Uncastillo (Zaragoza). En la primera planta tiene a disposición del público el capitel del siglo X, con relieves toscos de figuras humanas, que apareció en las excavaciones.

Para el director de la Fundación Uncastillo, José Francisco García, este manoseo "no resulta especialmente perjudicial, peor estaría expuesto a las inclemencias del tiempo, además se trata de una textura muy especial que llama la atención de la gente". Para facilitar una mirada táctil también dispone de dos maquetas del torreón, duplicados de antiguas herramientas, una espada y una ballesta y hasta la copia del cuerno de guerra de Gastón IV de Bearn (el auténtico está en el tesoro de la basílica del Pilar) con sonido incorporado.

En el museo del vino de Monasterio de Veruela (Zaragoza) hay una sala de los aromas y otra del tacto, en la que introduciendo la mano por unos cajetines se juega a determinar el sabor de un caldo: aterciopelado, frío, cálido...

Miniaturas de Caesaragusta

Los cuatro museos municipales de la ruta Caesaragusta de Zaragoza (Teatro, Termas públicas, Puerto fluvial y Foro) disponen de maquetas accesibles a las manos, con información en braille. El jefe del servicio de Cultura del Ayuntamiento, Rafael Ordóñez Fernández, reconoce que este tipo de equipamientos, aunque necesarios, "resultan costosos, porque tienen que hacerse de una manera profesional, realizarse en un material resistente, como la madera de haya, y responder a los criterios técnicos e históricos".

El museo Pablo Gargallo no se ha querido quedar atrás y tiene a disposición de los invidentes audioguías con un canal de audiodescripción. Rafael Ordóñez deja claros los inconvenientes de sobar una escultura en bronce: "El problema es la patina, la grasa de las manos con el paso del tiempo la modifica, la va eliminando y la pieza se pela". No obstante, recuerda que para una exposición temporal en La Lonja sobre Gargallo se reprodujo una cabeza de arlequín en chapa metálica para que sugiriera el metal original.

La Aljafería guarda una pequeña sorpresa. Además de la maqueta (el sonido no funciona) y los cuadernillos en braille, se puede toquetear la puerta del salón del Trono de los Reyes Católicos con los relieves que reproducen la decoración del techo de la estancia.

No solo se trata de acercar los fondos a personas que antes se quedaban al margen, sino también de ofrecer una nueva forma de conocimiento del arte a cualquier visitante.

Experiencia piloto a recuperar

En el Museo de Zaragoza funcionó una experiencia piloto que, tristemente, no ha perdurado, aunque desde el Ejecutivo autónomo aseguran que se quiere recuperar cuando llegue la tan traída ampliación del centro. Fruto del convenio suscrito entre la DGA y la ONCE, entre 2002 y 2005, se contó con una instalación permanente destinada a los invidentes. Primero se colocó en la sección de antigüedad, y luego los materiales se dispusieron en las salas de arqueología para favorecer una mayor integración. Se contó con 8 vitrinas adaptadas con medio centenar de piezas entre originales y reproducciones, 6 maquetas y una docena de piezas que se podían tocar, junto a otros tantos planos de salas y edificios adaptados. El público con problemas de movilidad tampoco lo tiene aquí fácil. El ascensor-montacargas para subir al primer piso está clausurado.

Hay otras iniciativas. En el Museo de Huesca se desarrolla un proyecto específico para personas con limitaciones visuales, y queda la incógnita de si el flamante nuevo museo de Pablo Serrano romperá de alguna manera ese tópico de mirar sin tocar.

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