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JOSÉ LUIS LASALA

"Nunca hubo tan buenos pintores con las ideas tan claras"

Ha sido uno de los responsables de la Obra Social de Ibercaja desde 1989. Hace balance en la hora de su jubilación y mira hacia el futuro con optimismo.

José Luis Lasala, en el patio de la Infanta de Ibercaja, institución que deja después de 21 años para jubilarse.
"Nunca hubo tan buenos pintores con las ideas tan claras"
OLIVER DUCH

José Luis Lasala (Zaragoza, 1945) fue llamado en 1989 para dirigir una nueva política cultural de Ibercaja. Era responsable de una sucursal de la entidad, y tenía un perfil casi incómodo. "Había sido militante del PSA, me había presentado a las elecciones sindicales en Ibercaja y había sido socio fundador y colaborador de 'Andalán'. Siempre he sido leal a mi casa y cuando me llamaron lo acepté de muy buen grado", recuerda. Se quería renovar "una política cultural que se había quedado trasnochada y falta de compromiso".

Desde entonces han pasado 21 años, y Lasala -integrante del casi legendario y fugaz grupo pictórico Azuda 40- hace balance en la hora del adiós. Dentro de unos días alcanzará la jubilación.

¿Cuál es el balance de estas dos décadas en la Obra Social de Ibercaja?

Yo creo que no ha ido mal. Podría haber ido mejor. ¿Qué ha ocurrido? Que ha habido cosas que en determinados momentos no me han dejado hacer, por diversas circunstancias, y otras que no he sabido hacer, como acomodar iniciativas a la propia conveniencia no solo de Ibercaja sino de la ciudad, abordar no diría mercados, porque estaría mal dicho, pero sí yacimientos de clientes culturales que no hemos sabido tratar. Y aquí me refiero específicamente a los jóvenes?

¿Por qué?

Quizá porque entre los jóvenes hay muchas tribus diferentes conviviendo y no se pueden diversificar los esfuerzos tanto como para dar satisfacción a todas las tribus a la vez, sobre todo en la música.

¿Pasó lo mismo con el arte?

En el arte optamos por un nicho de actividad. Creíamos que había que fijar una política de exposiciones. Hemos tenido en cuenta varias cuestiones. Una ha sido que no debíamos competir con las galerías privadas, era un mundo de negocio que debíamos respetar y lo hemos hecho, y tampoco podíamos invadir el territorio que otras instituciones estaban abarcando. Optamos por realizar exposiciones sobre las vanguardias históricas. Eso sí, siempre hay pequeños cambios?

¿A qué se refiere?

A veces era sencillo y hasta sensato renunciar a la contemporaneidad más rabiosa, y dábamos un paso atrás de 40 o 50 años, y eso nos permitía exponer a Sorolla, Fortuny, que también eran parte de lo que sería después la vanguardia histórica, el pilar de partida. También hemos apoyado al arte aragonés en general y al arte joven.

¿Ha habido varias fases en su gestión?

No ha sido una línea continua, pero no se entendería la historia de la realidad cultural de Aragón de estos últimos veinte años sin el papel que han jugado las cajas de ahorros, a la que luego se han sumado los bancos.

¿Qué ha sido lo que más éxito ha tenido?

Siempre he tenido la teoría de que la exposición más cara en términos absolutos puede resultar el acto cultural más barato en términos relativos. Y una de las más baratas fue una muestra de Pablo Picasso. Muy rentables han sido las exposiciones de Sorolla, o una exposición como la de Kubota, de los kimonos japoneses.

¿Cuáles han sido los éxitos inadvertidos?

Yo creo que hemos sabido tejer un complemento educacional para los niños e incluso para los ancianos con programas didácticos de música clásica, de teatro, de patrimonio, de medio ambiente. Ibercaja se ha comprometido desde hace años a conectar a los escolares con la naturaleza mediante visitas a espacios protegidos, centros de interpretación, etc.

¿De quién ha aprendido más en estos años?

De los compañeros, del amplio equipo de colaboradores: Magdalena Lasala, Gonzalo de Diego, Elena Usán, José María Barceló, Alberto Sánchez, con el que logramos darle protagonismo al cine en Ibercaja y crear modelos y ciclos que utilizan hasta en el Festival de Cine de San Sebastián. He aprendido de la gente exterior, de los creadores. Hay que ser permeable: lo peor que te puede ocurrir es creer que lo sabes todo. Entonces te conviertes en un personaje que produce efectos endogámicos y eso es muy peligroso porque trabajas para ti mismo y no para un proyecto.

¿Un artista que le haya emocionado?

El contacto con la gente y los creadores me enseñó que la mayor gilipollez es el prejuicio. Yo recuerdo que tenía prejuicios: por ejemplo, no podía ver a Joaquín Rodrigo; tuve la oportunidad de conocerlo y me di cuenta de que era un hombre con un impedimento físico que lo hacía muy vulnerable, pero que era una persona y un músico excepcional. Me impresionaron José Saramago, Antonio López, y María Kodama, una mujer deslumbrante que me convenció de que había amado profundamente a Borges.

¿Podemos extraer conclusiones sobre la realidad cultural aragonesa?

A mí me parece excelente. En música clásica, gracias al Auditorio y gracias al Conservatorio Superior de Zaragoza y con todo lo que se programa, es excelente. Zaragoza está en un nivel superior a las ciudades similares de Francia o de Italia. ¿Sabe cuál es el acontecimiento artístico en estos momentos en Milán? 'Goya y el mundo moderno', que se ha inaugurado y se ha producido aquí.

¿Por qué estamos tan quejosos, entonces?

El fenómeno de la abundancia en actividades culturales se ha debido a la pugna que se produce entre instituciones para realizar una oferta cultural de alto nivel. La competencia fomenta la superación entre los competidores. En Zaragoza, tenemos la Lonja, el palacio de Sástago, el Centro de Historia, el Pablo Serrano, el Museo de Zaragoza, el Paraninfo, Ibercaja tiene la Infanta y el Museo Camón Aznar, la CAI la sala Luzán, etc., y las instituciones que los gestionan se diversifican y se ramifican. Los aragoneses no valoramos a los aragoneses ni lo que tenemos.

¿Cuál es el nivel de nuestros creadores?

Espléndido. La gente joven de Zaragoza y Aragón está en un momento óptimo. Nunca había habido tan buenos pintores con las ideas tan claras: María Enfedaque, Javier Riaño, Eduardo Lozano, Javier Joven, Lina Vila, Mapi Rivera, Pilar Martínez Carnicer, Marta Aguirre, Natalia Laínez, David Latorre, Jesús Bordetas ? Y muchos más.

¿Qué falta entonces?

Lo que ha faltado siempre: un mercado interno consumidor que facilite la trascendencia de esos pintores, de nuestros creadores, desde aquí.

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