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LIBROS

El cartón convertido en capricho literario

Son la antítesis del 'e-book': ejemplares únicos, de portadas pintadas sobre cartón reciclado, que surgieron como publicación barata en la Argentina de la crisis y ahora llegan a Aragón gracias a la Cartonerita Niña Bonita.

Libros de la Cartonerita Niña Bonita, de Remolinos.
El cartón convertido en capricho literario
SARA LóPEZ

Nuestra editorial es una copia, pura y dura, pero en pijo, de las editoriales cartoneras que pueblan el suelo americano. O sea, que nos han conquistado, que ya era hora, con sus propuestas, locas, relocas, humildes y definitivamente transgresoras. Aquí también estamos en crisis, nos gusta el cartón, y las cumbias (lunáticas)". Esta sincera y simpática declaración encuentra el lector al entrar en la web www.cartoneritaninabonita.comze.com. Pero ¿qué tiene de especial la Cartonerita Niña Bonita?

El impulsor de esta singular iniciativa, un vecino de la localidad aragonesa de Remolinos llamado David Giménez, explica que los 'libros cartoneros' son ejemplares de bajo costo que empezaron a producirse en Argentina a raíz de la crisis económica, en 2003. "Cuatro o cinco intelectuales de Buenos Aires se inventaron Eloísa Cartonera, una editorial que hacía libros con tapas de cartón pintadas por una cooperativa del barrio de la Boca, porque el proyecto tenía también una vertiente de integración en una zona marginal. Son libros muy bonitos, cada uno está pintado a su estilo", detalla.

Aquello gustó tanto, pese a la tosquedad del producto (las páginas interiores eran simples folios impresos con ciclostil), que surgieron imitadores en otros países: Sarita Cartonera en Perú, Animita Cartonera en Chile, Lupita Cartonera en México, Yerba Mala en Bolivia o La Propia Cartonera en Uruguay. En Montevideo fue donde Giménez entró en contacto con este movimiento cultural y artístico. "Ellos me editaron el libro de poemas 'Conversaciones con Jack Lamotta’ y allí hice un pequeño cursillo viendo cómo trabajan los cartoneros".

A su vuelta a Zaragoza, este inquieto maestro que regenta en su pueblo un bar llamado El Imperdible, con una asociación cultural y una editorial bautizada Libros del Imperdible, se puso manos a la obra para crear una 'cartonera' aquí: la Cartonerita Niña Bonita.

Como él solo no podía afrontar la tarea, se puso en contacto con Sara López, una diseñadora gráfica de Zaragoza que ahora vive en Santa Engracia (Tauste). "Yo maqueto el libro, lo diseño, y él me pasa los trozos de cartón para las tapas. A veces las pinto yo y otras hago talleres con niños que me ayudan. Empezamos hace unos seis meses", aclara López, que es también la autora de la web desde la que se pueden pedir los libros.

Con el precio que tienen (cinco euros más los gastos de envío) apenas se cubre el coste de producción, pero Giménez dice que su objetivo no es hacer "libros como empresa, sino como asociación cultural". Por ello, lo que recaudan con las ventas de Cartonerita vuelve a invertirse "en compra de materiales (temperas, fotocopias, regalos a los autores) y, como estamos empezando, invertimos en más libros, viajes, presentaciones, etc."

El cartón no tienen que comprarlo, porque él recupera los embalajes de desecho de su bar "y los de mi hermana, que tiene otro bar, y los de la tienda de una prima... Un negocio genera muchos residuos, así que la Cartonerita tiene también un matiz de reciclaje", resume.

De los primeros libros, recuerda Sara López, "hicimos una edición limitada de 50 ejemplares, no podemos producir miles porque es algo creativo, original, exclusivo", indica. Y es que, subraya Giménez, los libros 'cartoneros' son precisamente las antípodas del crecientemente popular 'e-book', tan sofisticado y uniforme en su aspecto.

Primero editaron 'Todo a cien' (poemas de David Liquen y fotos de Saramaga), 'Sir Ope' (homenaje a Eloísa Cartonera con varios autores), 'Nosotros somos dios' (de Dron Cadáver, un autor de Casetas) y 'Poemas de zapatos taciturnos' (con versos de David Liquen ilustrados por GranBob).

El 'problema' vino cuando sacaron una edición 'cartonera' de 'Vladimir y Estragón' (obra de dos personajes conocidos: el escritor Grassa Toro y el ilustrador Isidro Ferrer), con la que presentaron la Cartonerita en Madrid. "Gustó mucho, fue un éxito, vendimos 80 libros y Raúl, uno de los dibujantes de 'La Vanguardia', se me acercó para ofrecerme publicar un libro de teatro. Ahora me llegan muchos 'e-mails' y vamos a tener que replantear esto o acabaremos muriendo... de éxito", dice Giménez.

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