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Ocio y Cultura

LOS LÍQUENES DEL SUEÑO

Tres lustros de cuentos barrocos y fascinantes

Narraciones Tropo, la editorial de Sipán & De los Santos, rescara los relatos del raro y magistral Olgoso.

Ángel Olgos, rescatado ahora por el sello aragonés Tropo.
Tres lustros de cuentos barrocos y fascinantes
CORT. TROPO

Asaltan al lector muy diversas sensaciones cuando se adentra en estos líquenes de finales del siglo XX, iniciado con citas que en modo alguno sirven de aderezo culto, sino para expresar nítidamente las intenciones literarias de su autor, Ángel Olgoso, actual maestro indiscutible del microrrelato en lengua castellana.

Pues con ellas manifestaba ya sus deseos imperiosos de alejamiento, mediante sueños y fantasías, del estilo de vida vacuo y consumista que nos hemos forjado, ese que retrataron tantos escritores durante la época en que estos relatos fueron escritos (1980-1995) mediante una narrativa realista y con mensaje, entusiasta o derrotista, pero circunscrita siempre a una cotidianidad gris en la que veíamos reflejadas las luces y sombras sociales de nuestra democracia triunfante, aunque no exenta de graves problemas.

¿Será pues Ángel Olgoso, por este extrañamiento temático y por este estilo suyo de vasto vocabulario, tropos complejos y ausencia de lugares comunes, un autor fuera de lugar y de época, un escritor no integrado con el resto, un pensador no comprometido? En modo alguno, porque con su obra fantástica, y con este libro concreto, busca comprensión ética de la existencia, otea trascendencias diversas y obtiene soluciones no sencillas. Completamente al margen, eso sí, y por sana prescripción estética, de las directrices que lleva imponiendo el mercado editorial, abocado a la comercialidad más plana y vulgar, pobre de estilo y de contenido. Un libro que constituye una soberbia patada en la espinilla, ética y estética, a nuestra vida epidérmica, un “adiós a todo eso”, una huida hacia mundos más cálidos, más elegantes y más complejos.

Así, los 55 relatos de tamaño diverso que componen estos líquenes nos vienen presentados en seis exquisitos estuches temáticos, tiralíneas que sirvieron a Olgoso para alcanzar más tarde el magisterio de lo esencial con ‘Astrolabio’ (Cuadernos del Vigía) y ‘La máquina de languidecer’ (publicado por el aragonés Casamayor en Páginas de Espuma) y sobre todo con ‘Los demonios de lugar’ (Almuzara), antológico título donde se nos reveló perito tanto del relato corto como del largo.

Por ello, si empezamos con los 21 cuentos de ‘Las mixtiones naturales’, esos que recogen metamorfosis, pérdidas, desdoblamientos y transformaciones diversas, obtendríamos un primer contacto con el Olgoso más conciso que aborda, haciendo uso de un humor inteligente (’Infierno’, ‘El diablo persa’, ‘Edén express’), nuestras indefensiones y miedos más absurdos ante distintos problemas que nos plantea el ambiente, el clima, nuestro propio cuerpo.

Pero seguidamente nos adentramos en su singular ‘Gabinete Victoriano’, tres relatos largos que se nos antojan al leerlos breves, bien circunscritos a esa moralista época crucial de optimismo y fe en el progreso material que lamentablemente perdimos, pero que necesitamos revisar de forma continua para entender este epidérmico presente. Relatos que nos saben a poco, queriendo leer más, y en los que también podemos rastrear un homenaje soberbio a todos los grandes maestros del periodo con los que Olgoso indudablemente adquirió forma y estilo: Conan Doyle, Saki, Wilde, Bernard Shaw, Dickens, Stoker...

En ‘Los lanceros del tiempo’, por otra parte, encontramos ocho cuentos históricos nada alejados de la época en que vivimos pues, ¿cómo podría alguien ahora extrañarse con esa Ginebra y ese Sir Elidore?. Y en ‘Donde las órbitas retornan’ además, el viaje en el tiempo es sólo un periplo de regreso. Después, ese gran viajero inmóvil que es Olgoso despliega su alfombra mágica sobre las amplias geografías exóticas de los nueve relatos que componen ‘Los Baobabs’, estudio de grandes filosofías y civilizaciones que conocemos hoy día en virtud de nuestros grandes progresos mediáticos: África, Rusia, Japón, el Caribe. Recorrida antes la coordenada del tiempo, ahora se explora a fondo la del espacio para encontrar salidas, puentes, huidas, alejamientos.

Sin embargo, otra vuelta de tuerca nos espera en los ‘Cuentos del fumadero’, que alude a la alteridad (‘Licor de sombras’) y otras asechanzas, como aquella de la consumación imposible por catástrofes diversas (‘Los durmientes’) que nos provocan en la vida nuestros sueños secretos.

Y finalizamos este libro denso con las nueve ‘Coreografías del Guardagujas alegre’, donde se abordan algunas cuestiones existenciales y filosóficas no menores y no exentas de crítica ante nuestras distracciones o escapes planificados, como ese ‘Informe trimestral’, estudio de tantas vanidades literarias, el viaje como razón y salida en ‘Bárbaro sólo’ o las dificultades de la seducción para quiénes nos sentimos ajenos y extraños en ‘Amargo’.

Es por ello que tras estas singulares y efectivas agitaciones del tiempo y del espacio, perceptibles con seguridad en nuestro ánimo tras la lectura de relatos tan diversos y tan fantásticos, cerramos con una sonrisa abierta y plena este libro barroco, complejo, de múltiples interrogantes y otras tantas respuestas actuales, interminable fragua actual de los anhelos secretos, hijo de esta época vertiginosa, sabiendo tan sólo que nos ha hecho felices, y lo más importante: que debemos volver a leerlo.

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