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Ocio y Cultura

FOTOGRAFÍA

Las historias de la vida y de la muerte, en la mirada del fotógrafo Andrés Ferrer

El artista aragonés expone en Marbella un viaje al cementerio de la Recoleta de Buenos Aires.

El lujo y la distinción acompañan más allá de la muerte en el cementerio de La Recoleta.
Las historias de la vida y de la muerte, en la mirada del fotógrafo Andrés Ferrer
ANDRéS FERRER

Andrés Ferrer (Zaragoza, 1952) le ocurren cosas curiosas. Durante uno de sus viajes descubrió el cementerio más clásico y suntuoso de Buenos Aires, el de La Recoleta, "donde están enterrados los héroes del país y escritores como Adolfo Bioy Casares" y decidió fotografiarlo. Iba metiendo los rollos en una caja y los dejaba en el hotel. Al preparar el equipaje, reparó que le había desaparecido la caja con todas las tomas. Regresó y volvió a captar los panteones, las estatuas, la arquitectura, aquel "ámbito tan especial que me hacía pensar en el cementerio de Comillas. 'Caronte en el Río de la Plata', la exposición que presento ahora en el Museo del Grabado Español Contemporáneo de Marbella (hasta el 10 de julio), está realizada durante un viaje a Argentina, en 2004". Ferrer es un fotógrafo atraído por los paisajes urbanos, por la naturaleza exuberante (de la Patagonia, de Angkor?), a la que retrata casi siempre sin gente, y por aquellas imágenes que muestran la huella del paso del tiempo, como sucedía en las fábricas del Arrabal en 'Historia ausente'.

"Esta muestra -agrega- es una recreación estética a partir de la observación de una realidad un tanto sorprendente: una necrópolis enquistada en uno de los sectores más exclusivo, culto y distinguido de una gran ciudad -el barrio del mismo nombre- que ha cobijado a seres como Bioy Casares, Pío XII, Borges, Ortega y Gasset, incluso a mi tocayo Andrés Calamaro". En ese distrito, evoca Ferrer, se ubican además del cementerio, el Museo Nacional de Bellas Artes, la Biblioteca Nacional, hoteles exclusivos como el Alvear, restaurantes finos, varias facultades, o "el histórico café La Biela justo frente a la entrada del recinto funerario -donde estacionaba Juan Manuel Fangio, el inolvidable campeón de carreras de coches-, lugar de referencia del pijerío y puterío caro. Ahí, en ese cementerio, tan distinto al populoso de La Chacarita, encontré la estética de la muerte superando a la estética de la vida. Es la belleza de la iconografía de la muerte ante la fealdad y vulgaridad de la arquitectura habitada circundante".

El escritor y colaborador de HERALDO Julio José Ordovás firma el catálogo de la exposición, donde sostiene que "las estatuas no mueren jamás porque están hechas de carne y mármol".

A Andrés Ferrer lo caracteriza la búsqueda de la perfección, de la belleza y de las cicatrices del tiempo sobre los objetos, los edificios o los paisajes urbanos. Y esta muestra, tan vívida y evocadora y a la vez tan escultórica, vuelve a ser un nuevo ejemplo.

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