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LITERATURA

Labordeta recompone su memoria

El escritor, político y cantautor presentó ayer 'Regular, gracias a Dios', un libro optimista.

Desde "la vida marrón del cáncer", José Antonio Labordeta (Zaragoza, 1935) ha tenido fuerzas para "componer un himno a la vida, a la familia y a los amigos" en su nuevo libro: 'Regular, gracias a Dios' (Ediciones B), que presentaba ayer en su casa y en la terraza de su hija Ángela, "que tanto me ayudó en la redacción de estas 'Memorias compartidas". Labordeta parecía un marinero recién retornado, exultante de ánimo y frágil de piernas, y explicó que este volumen aporta, a diferencias de otros textos autobiográficos suyos como 'Banderas rotas' o 'Memorias de un beduino en el Congreso de los Diputados', una nueva mirada sobre sus padres y su suegra Sabina, y sobre un montón de anécdotas que "he ido contando en cenas con amigos y que el escritor Félix Romeo me sugirió que las pusiera por escrito".

Y no solo eso: Labordeta, que padece un cáncer de próstata y que ha pasado muchas horas en el hospital, se enfrenta a su enfermedad y la narra sin dramatismo, "con optimismo, con alegría y con una clara celebración de la existencia". Declaró que estas páginas, sencillas y directas ("algunos me han dicho que al fin he aprendido a escribir", bromeó), le habían obsesionado: todos los días tras las sesiones de quimioterapia y radioterapia tenía unos enormes deseos de sentarse ante el ordenador para contar sus recuerdos.

El libro tiene algo de 'Esta es su vida', como dijo su editor Íñigo García Ureta. Es un ejercicio de desnudez que arranca de la revelación del cáncer. A partir de ahí, jugando con el presente y con el pasado, recompone sus años en el Colegio Alemán, el trabajo y el heroísmo de sus padres, el clima del colegio familia Santo Tomás de Aquino con tantos personajes que le han dejado una huella indeleble, su traslado a Teruel, 'Ándalán'. Labordeta cuenta cosas que apenas había esbozado de su estancia en Aix-Provence, donde narra una curiosa experiencia sexual o un gracioso equívoco: confundió la palabra burdel con Bourdelle, el nombre del escultor, y "acudió a ver un documental sobre el artista, que me pareció muy interesante, cuyo reclamo era una mujer desnuda". Agradecido a sus médicos, pidió al Gobierno de Aragón que destine un edificio completo para oncología, "que es una especialidad joven y complicada".

Tampoco le faltó la vena crítica al abordar el momento actual. "Vivo con tristeza la situación política y económica del país -señaló-. Todo el mundo da soluciones y nadie las pone en práctica. En mi última intervención en el Congreso le dije a Zapatero que yo no lo votaría en la próxima votación. El tiempo me ha dado la razón".

Este volumen coincide con la reedición, con portada de Mari Burges, de uno de sus libros más entrañables: 'Cuentos de San Cayetano' (Xordica), la memoria de la ciudad y de los amigos en la posguerra.

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