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Los sucesores del Tato vienen con ganas

Esta escuela, junto con la Taurina del Carmen, donde hay matriculados 8 alumnos, entre los que se incluyen dos chicas de 10 y 17 años, son los únicos centros de Aragón donde los jóvenes aficionados a la fiesta pueden aprende.

Los sucesores  del Tato vienen con ganas
Los sucesores del Tato vienen con ganas
CARLOS MONCíN

Mi vida cambió cuando vi sobre el albero del ruedo al maestro Esplá. Entonces me di cuenta de que yo también sería torero". Guillermo Muñoz acaba de cumplir nueve años, pero habla con una templanza impropia de su edad, que seguramente le vendrá muy bien cuando se ponga delante de un Victorino de 500 kilos.

El pequeño recuerda aquella tarde como uno de los momentos más importantes de su corta vida. Tenía cuatro años y una gran afición por la fiesta, por eso sus padres decidieron llevarlo a la feria del Pilar para ver una corrida.

"No sé qué me pasó. Sentí como un escalofrío y le dije a mi padre que quería ser torero. Ahora, me anima para que pronto pueda saltar al ruedo y cortarle a mis toros las dos orejas y el rabo, como hace José Tomas, una figura a la que le veo mucho, pero que mucho futuro", advierte Guillermo.

Cinco años después de aquella tarde, Guillermo se levanta todos los días deseando tener 16 años, entonces, con el reglamento taurino en la mano, ya podrá ponerse delante de un "novillo de verdad". Su sueño es vestirse de luces y hacer el paseíllo en la Misericordia. El mismo escenario donde, todos los martes y jueves, entrena con sus compañeros de la Escuela Taurina Torrero, en la que hay inscritos doce alumnos, 3 de Zaragoza y 9 de Huesca, de edades comprendidas entre los 5 y los 16 años.

Esta escuela, junto con la Taurina del Carmen, donde hay matriculados 8 alumnos, entre los que se incluyen dos chicas de 10 y 17 años, son los únicos centros de Aragón donde los jóvenes aficionados a la fiesta pueden aprender un arte que, como todos, necesita muchas horas de dedicación.

"La afición no es suficiente para formar toreros. Hacen faltan muchas horas de entrenamiento y muchas clases teóricas para que puedan convertirse algún día en grandes figuras. La pena es que en Aragón nadie apoye una escuela oficial", matiza Ramón Olid, responsable de la Escuela de Torrero.

Entrenamiento gratuito

En estos dos centros no oficiales, la formación es gratuita y sus profesores, la mayoría de ellos antiguos novilleros o banderilleros en activo, como Luis Andrés Mendiz, saben bien de lo que hablan cuando corrigen las posturas de los chicos o les mandan subir por los tendidos de la plaza.

"Todos queremos torear cuanto antes, y ponernos delante de una vaquilla nada más empezar, pero el entrenamiento es necesario para estar en forma y enfrentarte al animal sin miedo, con la cabeza bien fría y las piernas preparadas", apunta Daniel Reche, gran admirador del Juli, quien también toreo en alguna ocasión en la Escuela Taurina El Carmen. De este centro, que dirige Santiago Gómez, han salido figuras como Serranito, el Tato, el Molinero o Jesús Millán, entre otros.

De entrenamientos y constancia sabe mucho Diego Aznar quien desde hace dos años, se desplaza desde Borja hasta Zaragoza para poder entrenar con sus compañeros Juan José, Daniel y su hermano Rubén, de 5 años.

El más pequeño del tercio ya ha salido a hombros de la plaza de toros de Alcañiz, donde acaba de debutar su compañero Pablo Colomer. "Era la segunda vez que me invitaban a salir a hombros. La primera fue con Miguel Cuartero y fue una pasada", recuerda Rubén que sueña salir por esa puerta, dentro de unos años. "Y sé que lo haré", afirma convencido.

Esa es la meta, pero mientras llega, la ilusión de todos es participar en tentaderos y becerradas. El tamaño de los animales es lo único que diferencia a unos alumnos de otros, porque hasta que sus profesores no los ven preparados no se enfrentan al animal. "Cada día lo tienen un poco más difícil, porque antes los ganaderos nos dejaban alguna becerra para entrenar, pero ahora tenemos que sacar el dinero de nuestro bolsillo para que los chicos se enfrenten a un animal de verdad", explica Carlos Jaime, profesor del Carmen.

Alberto Alcalá, de la escuela de Torrero estuvo esta Semana Santa en Málaga, toreando un utrero (toros de tres años) de 300 kilos. Pero eso no fue impedimento para que el joven, de 15 años, que a los 3 toreaba con todo lo que se encontraba a mano, le hiciera una bonita faena. "En la plaza no tienes que tener miedo, solo respeto. Lo importante es utilizar la cabeza y pensar en lo que tienes delante", apunta Alberto, admirador de Ponce. Ese consejo fue uno de los primeros que le dieron sus profesores y él no lo olvida, y aunque becerros y añojos ya le han hecho rodar muchas veces por el albero, la afición sigue intacta.

Entre verónicas y naturales. Guillermo Muñoz, con la muleta, y Alberto Alcalá, con los cuernos de entrenamiento, son dos de los doce alumnos matriculados este año en la Escuela Taurina de Torrero. Nueve de ellos viven en Huesca y bajan a entrenar al coso taurino de la Misericordia.

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