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Las listas, un trabajo de chinos

Las listas, un trabajo de chinos
Las listas, un trabajo de chinos
HERALDO

El pasado verano. Muy reciente la muerte del rey del pop. Todas las informaciones y homenajes varios aupaban las ventas de los discos de Michael Jackson hasta el infinito y más allá. Durante semanas, solo Lady Gaga y Black Eyed Peas pudieron competir con el fenómeno Jacko. Pero entonces, en la última semana de agosto, ocurrió. Alguien le arrebataba el cetro al rey. ¿Quién logró semejante hazaña? ¿Eminem? ¿Tal vez Beyoncé? Pues no. Fue Kobukuro, un dúo japonés que mezcla folk y pop y que se hizo con el número 1 con casi 300.000 copias vendidas en una semana de su álbum 'Calling'. Detrás de ellos, 'Thriller', 'Bad', 'Dangerous' y todo el resto de trabajos de Michael Jackson.

Pero no fue un fenómeno aislado, no. Hasta quince artistas asiáticos -la mayoría japoneses- se colocaron directamente entre los tres cedés más vendidos en todo el mundo en la semana de su lanzamiento el año pasado. Por ejemplo, la artista de r&b Kumi Koda, con más de 40 singles lanzados -a pesar de haber nacido en 1982-, y que ha colaborado con artistas occidentales como Fergie, batió a los últimos lanzamientos de Bruce Springsteen y Franz Ferdinand. Lo mismo pasó con la popera Ayumi Hamasaki, que vendió casi 100.000 copias más que las canciones de Hanna Montana, todo un fenómeno global, la semana que sacó su álbum 'Next level'. Y ya para nota lo de la boyband Arashi, unos Backstreet Boys japoneses, que colocaron sus grandes éxitos dos semanas en el top 1 mundial, por delante de lo nuevo de Arctic Monkeys o de los mismos Pearl Jam. Además, despacharon en 2009 las mismas copias -un millón y medio- que Coldplay, Robbie Williams, Madonna o el disco de la peli 'Luna nueva'.

Se podría pensar que el motivo de estos logros es que hay muchos japoneses por el mundo -como si fuera la versión oriental del programa de la 1-, pero algo más tiene que haber detrás de esta tendencia. En Japón hay aproximadamente 130 millones de habitantes, que ya son. Pero en Estados Unidos hay 300 y sus artistas, conocidos por todo el globo, no consiguen superar, en muchos casos, las cifras de ventas del peculiar mercado asiático. Además, en un país de tanto crecimiento tecnológico, extraña que la piratería y las descargas no hayan hecho mella en el sector. Porque, para más inri, allí se estila eso de sacar un álbum por año. Y los grandes iconos suelen llegar fácilmente al millón de discos colocados, según las cifras del Oricon, el Billboard japonés. Quizá ayude a esas ventas millonarias el hecho de que muchos países cercanos compartan gustos musicales. Así, los músicos japoneses gozan también de éxito en Corea del Sur. Y al revés. Los 'Tokio Hotel' de ese país, DBSK (Dong Bang Shin Ki, también conocidos como Tohoshinki) son disco de platino también en Malasia o Taiwán y, este año, uno de sus recopilatorios apeó a Sade del primer puesto mundial el pasado mes de febrero.

Respecto a China, no hay datos que confirmen sus ventas, porque, si se incluyeran en los tops mundiales, como el Mediatraffic que se elabora semanalmente en Alemania, ganarían por goleada. Lógico, siendo el país más poblado del mundo. De hecho, productos como Wei Wei han logrado hitos al alcance de pocos. ¿O es que hay mucha gente que haya vendido más de cien millones de copias de sus cedés?

Temas extra

Sea como sea, unos y otros aún lo tienen difícil para saltar la frontera del mercado asiático, más allá de los reductos reservados a los 'otakus'. El idioma sigue siendo barrera y la música, por más que se haya pretendido occidentalizar y rompa moldes en sus países de origen, sigue sonando a banda sonora de todo a cien para nuestros oídos. Eso sí. El que quiera vender tendrá que rasgarse los ojos, más incluso que el Fary. Porque parece que las discográficas no pueden poner muchas pegas en Oriente. Es más, tan conscientes son de su importancia, que los discos de artistas ingleses y estadounidenses se comercializan en Japón con canciones extra, ediciones por las que luego los fans pagan un dineral por Internet. Ahora, falta lo contrario: exportar artistas orientales al resto del mundo. La china Sa Dingding es la última en intentarlo. Nacida y criada en la región de Mongolia Interior como una nómada, con solo dos discos se ha convertido en una de las estrellas pop más grande de China. Pero quiere más y, de momento, ya se ha reservado dos fechas para actuar en España en mayo. Su tema 'Ha Ha lili' está sonando en los 40 principales, y ha sido remezclado por uno de los gurús en esto de la música disco: Paul Oakenfold, el mismo que pinchó en Zaragoza, en la Feria de Muestras, justo antes de la actuación de Madonna.

Antes que ella, quizá la china con más reconocimiento internacional fuera Faye Wong. Conocida fuera de Asia por su faceta como actriz -se ha puesto a las órdenes de Wong Kar-Wai en 'Chungking Express' o '2046'-, llegó a versionar a Cranberries en una reinterpretación china de 'Dreams' y suyo es el tema principal del videojuego 'Final Fantasy VIII', 'Eyes on me'. Así que, si poca gente pone sus cedés en Occidente, siempre se puede escuchar en la consola…

El caso es que, entre unos y otras, Oriente está marcando tendencia en la música y sus artistas empiezan a salir en los papeles que se escriben en alfabeto latino. Una fiebre amarilla, pero de las que sientan bien.

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