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VANGUARDIA

Renace el espíritu de la Muestra Pop-Rock del 84

Se vuelve a respirar en un esfuerzo unificado el aire de modernidad juvenil y agitación contracultural que dejó la fiesta del Pabellón Francés hace 26 años.

John Landis Fans, con Sassafras (izquierda) y Santi Rex (Centro).
Renace el espíritu de la Muestra Pop-Rock del 84
M.P.R.

Justamente a finales del mes que mañana empieza hará 26 años que se produjo en Zaragoza un borbotón de modernidad y activismo creativo, hasta entonces inaudito y no repetido posteriormente. Ocurrió durante la I Muestra de Pop-Rock y Otros Rollos, que tuvo lugar el último fin de semana de marzo de 1984, durante los días 24, 25 y 26. Tres maratonianas jornadas de música, diseño, fotografía, vídeo, cómic... y mucho más, en las que salieron de las catacumbas las inquietudes artísticas y creativas de decenas de jóvenes zaragozanos y que ahora se trata de revivir, aunque de forma más modesta.

Aquella explosión de vitalidad juvenil andaba soterrada debajo de una vida social y cultural amodorrada, que aún no se había sacudido al completo el pelo de la dehesa del franquismo e incluso de la progresía más rancia, con sus barbas, sus trenkas y astracanes, sus cantautores pelmas, los rojeras de manual, los políticos imberbes y la nostalgia en la pechera por la lucha contra la dictadura, pero que al socaire de la democracia y los nuevos tiempos de libertades, y especialmente de los vientos nuevaoleros que llegaban desde Londres y Madrid, hizo ¡¡booom!! durante aquellos tres días. Su resonancia fue grande, y sus consecuencias, mayores.

El estallido fue posible gracias a la concejalía de Juventud, aunque, con buen criterio, su mandamás -el concejal del PSOE, Emilio Comín- dejó obrar con toda libertad y en plan autogestionario al audaz grupo de jóvenes organizadores, agrupados bajo las siglas del GOM (Grupo Organizador de la Muestra).

Durante los tres días de duración, 26.000 personas pasaron por el recinto donde tuvo lugar aquella explosión juvenil: el Pabellón Francés de la antigua Feria de Muestras, ubicado en el suelo que hoy ocupa el Auditorio y que corría paralelo al llamado 'gol sur' del estadio de La Romareda. Además, se habilitó todo el enorme patio exterior de la Feria para colocar las barras de los bares y stands de colectivos diversos -Mujeres Libertarias, Asamblea Ecologista, Colectivo por la Paz y el Desarme, Objeción de Conciencia?- así como salas para la proyección de vídeos musicales y películas de ciencia ficción. En el interior del largo y estrecho pabellón, con sonido, como no podía ser menos, 'agrícola' -pues allí se exponían tractores, remolques y demás utillaje durante la Fima- se ubicaban tenderetes de libros, cómics, revistas, discos, fotografía, tiendas de moda, emisoras de radios y televisiones piratas, y una completísima exposición de fanzines, con más de 600 ejemplares de toda España.

En la cabecera del fondo, frente al gran portón de entrada, se colocó el gran escenario a todo lo ancho del recinto, dividido en dos partes, de manera que posibilitaba que mientras un grupo actuaba otro hacía ya los preparativos para la siguiente actuación. De esta manera, los intervalos entre grupo y grupo no solo eran brevísimos, aliviando la espera de la parroquia, sino que permitieron que todos los grupos locales inscritos tuvieran su media hora de gloria en escena y los invitados pusieran puntualmente cada noche el broche final a las maratonianas sesiones, que empezaban a las seis de la tarde y concluían más allá de las tres de la madrugada, siempre en medio de un espeso trasiego de gente que iba y venía a los garitos instalados fuera del local en busca de birras y buen 'rollo'.

 

 

Eclecticismo

 

Aparte logros musicales y exposición de modernidades varias, el evento dejó patente algo que siempre fue, y sigue siendo, una constante en la ciudad: el eclecticismo de grupos, la gran abundancia de formaciones de los más variados pelajes. En concreto, los cincuenta grupos participantes (máximo permitido por la organización pues hubo más que se quedaron en lista de espera) fueron, por géneros:

Pop: Tza Tza, Doctor Simón, Alta Sociedad, Ferrobós, Tractores Agresivos, Lunes Maldito, Acto Fallido, Zumo de Vidrio, Proceso En Trópico, Indicios, Ilógica Reacción y Césped Sintético.

Rock: Materia Degenerada, Parkinson, Container, Chaston Rock, Hidrofobia e Iceman.

Heavy: Pedro Botero, Catarsis, Duende, Mefisto, Caja Negra, JJJ, Bonzo, Canis Dirus, Cuarta Generación y Los Sombras.

Punk: IV Reich, Vómito Social, NKVD, Gastos Aparte, Desechos Humanos, Tigretones y Cocadictos.

Vanguardia-Experimentalismo: Peste Negra, Solución Final, John Landis Fans, Dalai Lama, Intestinos, Ortopedia Acústica, Skupidos, Espíritu de la Lágrima, Spansuls, TCC y Edición Fría.

Tecno: Boda de Rubias.

Rockabilly: Golden Zippers.

Ye-yé: Tres de Ellos.

Jazz Rock: Principal Izquierda.

Además, como invitados del fin de fiesta de cada día, actuaron Decibelios, PVP, Gabinete Caligari, Jarojupe, Neozelanda, Diseño Corbusier y Distrito 14. Doscientas pesetas costó la entrada en taquilla y 150 en anticipada, con lo que se obtuvieron 3.008.975 pesetas, que unidas a los tres millones subvencionados por Ayuntamiento, Ministerio de Cultura y Diputación Provincial, dejaron un superávit de 10.265 pesetas. Un éxito inusitado en todos los aspectos en aquella Zaragoza posmoderna y socialista que desde entonces cambió de piel.

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