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Ocio y Cultura

ARTE

El arte de falsificar llega al museo

El museo Victoria and Albert de Londres expone desde este sábado un centenar de falsificaciones de obras de arte confiscadas por la policía en varios casos sonados, como el del prolífico Shaun Greenhalgh, quien durante 17 años creó cientos de 'réplicas' valoradas en millones de libras.

"No es una exposición de bellas obras artísticas", explicó Vernon Rapley, responsable de la Unidad de Artes y Antigüedades de Scotland Yard que patrocina 'El arte del crimen, obras falsas, obras falsificadas y la ley', una muestra de pesquisas policiales de este "arte" tan antiguo como el propio arte. "Es más bien una exploración de cómo investigamos, cuáles son las preocupaciones actuales, qué le decimos a la gente que debe saber para evitar la compra de falsificaciones en el futuro", agregó.

El caso de Greenhalgh, un británico condenado en 2007 a casi cinco años de cárcel tras haber vendido obras falsificadas por valor de 850.000 libras, ocupa la mitad de las tres salas dedicadas a estas 'obras' que si fueran auténticas podrían valer casi cinco millones de euros.

En una de ellas, se ha recreado el cobertizo situado en el jardín de su casa donde, con materiales y herramientas rudimentarios este hombre sin formación previa falsificó desde vasijas romanas hasta cuadros del pintor inglés L.S. Lowry, pasando por esculturas, joyas y otras antigüedades.

"Greenhalgh fue probablemente el falsificador de arte más diverso y capaz del que hemos oído hablar jamás. Creó objetos de tantos estilos diferentes y de tantos periodos diferentes que no pudo ser detectado rápidamente", agregó Rapley.

Hasta el próximo 7 de febrero, el público podrá descubrir la réplica de un busto de mármol de una princesa egipcia de la época Amara, que Greenhalgh logró vender por 440.000 libras al museo inglés de de Bolton, su ciudad natal, donde fue vista por miles de personas.

Junto a ella también se exhibe el supuesto relieve asirio de un soldado guiando a un caballo que comportaba un error ortográfico fatal, por el que el falsificador, que trabajaba en colaboración con sus octogenarios padres, fue finalmente desenmascarado.

Su caso, considerado como el mayor fraude de este tipo en Gran Bretaña, evidenció la falta de comunicación entre los museos, el mercado del arte y la policía, que ahora trabajan conjuntamente bajo la supervisión de la Unidad de Artes y Antigüedades, formada por cuatro detectives.

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