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Ocio y Cultura

NEGOCIOS

Los emprendedores aragoneses de la cultura encaran la crisis con iniciativas

Del total de consultas que recibe la Cámara de Zaragoza sobre nuevos negocios, el 10% se refieren a actividades culturales. Los nuevos negocios los abanderan gente joven, con formación, conocimiento del sector y experiencia.

La cultura puede convertirse en tiempos de crisis en una oportunidad de negocio y de empleo. Eso sí, a base de buenas dosis de confianza en uno mismo y en su idea y de aguerrido empeño para capear el temporal. Suena a eslogan de político demagogo pero ejemplos de que hay nichos de mercado 'haylos', como las meigas, aunque parezca demasiado arriesgado. De hecho, el 10% de las consultas que la Cámara de Comercio de Zaragoza recibió el año pasado, un total de 750 solo de la capital aragonesa, corresponden a negocios ligados a la cultura y el ocio, sin incluir en este último sector a restaurantes y bares.

 

"Yo soy la que imparte las clases, la administrativa y la mujer de la limpieza. Hubo gente que me dijo que era una locura abrir una escuela de danza en Monzón, que no tenía futuro, pero de momento no me puedo quejar. Tengo todos los grupos llenos", reconoce Raquel Waldrecq, de 29 años, que el pasado octubre inauguró la academia 'R. Dance' en la capital montisonense. Bailarina desde los tres años, compitió hasta los 22 y se licenció en danza moderna, además de especializarse en nuevas tendencias como pilates, fitness?

 

El amor la llevó a asentarse en Monzón y, tras trabajar cuatro años en una gimnasio de la localidad, dio el gran salto. "Era mi momento para cumplir este sueño, por mi edad, la experiencia adquirida en este mundillo y la disponibilidad de unos ahorros", asegura. Tras seis meses de papeleo y asesoramiento, una inversión de 56.000 euros e interminables jornadas, los 16 grupos de alumnos con que cuenta (de disciplinas que van desde la iniciación a la danza y ballet hasta aerobic, steps y hip-hop) la compensan con creces.

 

Raquel Waldrecq responde al perfil de emprendedor que se atreve a abrir un negocio vinculado a la cultura. "Sobre todo son gente bastante especializada en un tema o con una inquietud que parte de su propio ocio o de una afición en la que detecta que existe un hueco en el mercado. Habitualmente conocen el terreno en el que se mueven, tienen contactos profesionales e incluso cierto reconocimiento", explica Esther Tejido, técnico asesor de emprendedores y creación de empresas de la Cámara de Comercio de Zaragoza. "Normalmente vienen ya con una idea muy madurada", concluye.

 

Así, en la capital aragonesa abrieron sus puertas el año pasado editoriales de revistas inmobiliarias, ludotecas, centros de entretenimiento infantil, academias de repaso y hasta un club de ajedrez. En Huesca, por ejemplo, se han puesto en marcha un centro cultural infantil y una agencia de organización de fiestas y eventos sociales, por citar algunos casos.

 

La artesanía se recicla

La artesanía también sale bien librada. Esta es la impresión que transmite el presidente de la Asociación de Artesanos de Aragón, Alberto Carasol. "Es una actividad que logra mantenerse a flote, tiene la habilidad de reciclarse y juega a su favor que los talleres, normalmente, sean individuales, requieran de poca inversión y no demasiada maquinaria", recalca Carasol.

 

El colectivo agrupa a 178 profesionales de la Comunidad, aunque la mitad desarrolla su trabajo en la provincia de Zaragoza, y prácticamente nadie se da de baja. "Sí que se ha producido un descenso en las altas, aunque casi cada mes hay alguien que se suma", añade, mientras cruza los dedos para que este ritmo no decaiga. Curiosamente, las últimas incorporaciones corresponden principalmente al ramo de la joyería, orfebrería y bisutería. La exclusividad y el diseño son tablas a las que se agarran para sobrevivir en esta marejada de la crisis.

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