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3 (Martes, 00,30h)

El juez aún no había autorizado el levantamiento del cadáver, que continuaba con los ojos abiertos en la patética posición en la que había quedado tras la agresión mortal; aquel cuerpo cosido a puñaladas, apenas cubierto por sus ropas hechas jirones –los cortes infligidos las habían rasgado de cintura para arriba-, permanecía sentado en el suelo, sobre un charco de sangre, con los brazos caídos y las piernas extendidas. El doctor Vera miraba con pupilas inertes desde su cabeza ladeada, medio incorporado junto a una pared en una postura absurda, rota.

A Garcés siempre le sorprendía la rapidez con la que las personas muertas pasaban a transmitir la impresión de vacío propia de los objetos, de las cosas. El alma debía de abandonar muy pronto los despojos físicos.

Sobre todo, cuando la muerte se producía en circunstancias violentas.

Por lo demás, la escena dentro de aquel laboratorio era grotesca, truculenta. Todo aparecía salpicado de sangre, semejando el escenario de un rito satánico celebrado con demasiado éxito.

Mañana el capítulo completo con HERALDO

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