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FOLCLORE

Cuando la jota va algo más allá de la emoción

Anoche, el Teatro Principal vivió la primera de dos noches (hoy se repite) entregadas al folclor aragonés de ayer y hoy, en un montaje de Zambra

Alicia Güerri y Carlos Gil bailan delante de los dos cantadores y el elenco de músicos, anoche.
Cuando la jota va algo más allá de la emoción
CARLOS MONCÍN

Lo decía el ex árbitro de Primera División de fútbol José Ignacio Bueno Grimal en el vestíbulo del Teatro Principal, poco antes del inicio de la gala 'La jota, ayer y hoy' de la compañía Zambra, que se repite esta noche (21.00): "Hay que apoyar a los de casa, aquí estamos". El colegiado, que es de Terrer, hacía alusión a Nacho del Río, el fenómeno bilbilitano de la jota, que junto a la lecerana Beatriz Bernad colecciona premios extraordinarios del ramo. Con la sabiduría arreglista del músico Alberto Gambino, suman ya tres discolibros del mismo título del espectáculo, todos editados en el último lustro por la editorial Prames.

 

Montse, encargada de la venta de cedés en el mismo acceso a la platea del Principal, aseguraba anoche que "es un trabajo muy completo, perfecto para los aficionados y para aquellos que no conozcan y quieran conocer la jota". Recalca además Montse que los discos estarán a la venta, juntos y por separado, en El Corte Inglés.

 

No hay muchas personalidades en la sala, pero sí personas: el teatro roza el lleno. En la presentación, Miguel Mena asume su papel con elegancia, un poco de humor Google y brevedad, que siempre se agradece en estos trances. "Uno de los músicos, Juanjo Almarza, me ha recordado hace un momento que hoy es San Atilano, y que debía decirlo. Yo, si se trata de complacer a un músico, no tengo problema. Me he puesto a buscar datos y resulta que además de que estamos en el día del santo, hoy se cumplen exactamente 1.000 años de su muerte".

 

Por supuesto, en platea y palcos mucha gente llegada de Calatayud, que viene a jalear a Del Río: los incondicionales de Beatriz Bernad tampoco se quedan atrás. Y todos se hacen notar: en cuanto se arranca Del Río con la primera jotica hay silencio sepulcral, trocado en aplauso unánime a su conclusión.

 

En la quinta pieza, Gambino, Almarza y Sergio Aso se quedan solos en una introducción de lujo, que resume el espíritu de este espectáculo: reverencia a los grandes, como el fallecido Jesús Gracia -mentor de Beatriz y Nacho-, y toques de originalidad en los arreglos, en la presencia de la bandurria y el laúd junto a la percusión aérea y el cajón de Jonás Gimeno, que pinta una atmósfera muy especial. "Dímelo a mí, cara a cara, si es verdad que tú me quieres", recita Nacho del Río, y en la fila 18 de la platea, dos espectadoras se estremecen. "Qué barbaridad, cómo canta ese chico", susurra una de ellas.

 

El piropo se repite para Beatriz en la siguiente jota, en la que hace gala de una caja torácica descomunal y una gran facilidad para los agudos. Los dos intérpretes se reparten los momentos bajo el foco principal: Beatriz cede el testigo a Nacho para que el de Calatayud se marque un 'a capella' que deja al teatro sin respiración. Lo mismo consiguen los danzantes, Alicia Güerri y Carlos Gil, impecables en la coordinación y el saber estar escénico. Luego llegarán los dúos, que los dos cantadores bordan sin problemas, con la excepción del homenaje que hacen ambos a Jesús Gracia desde la fila 5 de la platea, donde siempre se sentaba el maestro: Beatriz no puede con la emoción y rompe a llorar. Son lágrimas de muchos quilates: emoción de la buena.

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