Ocio y Cultura

GONZALO BORRÁS

"No quiero ser el enterrador del Instituto de Estudios Islámicos"

Tras cuarenta años dedicado a la enseñanza y la investigación, se jubila. Lo hace "optimista", dispuesto a dedicarle tiempo a la lectura, al mudéjar y al legado andalusí

El mudéjar no se entiende sin su nombre. Ha dedicado su vida a la docencia y a la investigación, ha sido director del Instituto de Estudios Turolenses y de la Institución Fernando el Católico. Hasta hace unos días dirigía el Instituto de Estudios Islámicos y del Oriente Próximo (IEIOP). Es un apasionado de la lectura "de clásicos", de las tertulias con amigos en torno a un guiñote y de la contemplación de huertas modélicas.

 

Se ha jubilado antes de tiempo, ¿a qué va a dedicarse ahora?

 

Solo me jubilo un año antes. Y estoy encantado. Como dice el señor de la Montaigne, "he dedicado toda mi vida a los demás, ya es hora de que dedique a mí mismo este último tramo de la vida". Mis proyectos pasan por culminar algunos trabajos. Estoy redactando para Cátedra un manual de arte andalusí. Y la Universidad de Zaragoza me ha encargado una exposición para 2010, que he enfocado bajo la idea del legado andalusí en la España cristiana. Legado que algunas corrientes han minusvalorado.

 

Usted diseñó el proyecto museológico para el Espacio Goya. Su compañera Concha Lomba decía recientemente que "con Goya se ha perdido el tiempo en esta tierra". ¿Cree que es así?

 

Yo creo que estamos en la buena trayectoria, se puede pensar que mi optimismo es personal porque participo en la actividad. Pero el hecho es que la DGA ha creado la Fundación Goya, y esto constituye un hito de una solidez institucional muy fuerte. También se ha creado una asociación de amigos y el centro investigador y de documentación sobre Goya, que tiene vocación de ser un centro de referencia internacional. Hay muchos museos con obra de Goya, como el Prado, pero en ninguno hay un centro de investigación específico. El haber creado esa infraestructura es un buen indicador de las intenciones de la fundación. Esto se ha traducido en ayudas a la investigación y en un comité científico donde se han integrado investigadores sobre Goya de primera fila. Creo que desde 2005, esa situación de déficit que denunciaba Concha Lomba se está invirtiendo de forma muy positiva.

 

Sin embargo, en esa Fundación Goya ha habido varias empresas e instituciones privadas que no han querido entrar.

 

Cuando realicé el proyecto, hice visitas a instituciones. Entre ellas, Ibercaja, que no solo es propietaria de su colección de Goya, también es la titular de la Real Sociedad Económica de Amigos del País, donde hay un fondo de extraordinario valor. Y aún no ha dicho su última palabra. Sí ha manifestado una prudencia razonable al esperar a ver cómo va este proceso, mientras tanto ha colaborado activamente con la DGA. La Iglesia es otra de las instituciones importantes que se visitaron. De momento, han acordado prestar obras. Todo el mundo ha manifestado una postura prudente.

 

Pero el futuro Museo Goya se enfrenta con un lastre importante: no tiene obra de Goya.

 

Al margen de cómo se rehabilite el edificio, los contenidos están definidos en dos grupos. Uno con el contenido que puede aportar el museo sobre la obra de Goya en su juventud, la academia de pintura de Zaragoza, los maestros de Goya y la pintura de Goya en Aragón. Pero el museo no agota en su espacio la obra, porque siempre ha de haber conexión con la pintura mural (el Pilar y la Cartuja de Aula Dei), y aspira a ser el contenedor de toda la obra de Goya que hay en Zaragoza. Pero eso está pendiente de un acuerdo. De la otra gran área de contenido se han visto sus enormes posibilidades durante la exposición 'Goya y el mundo moderno'. Goya ha tenido una gran estela en la pintura contemporánea desde un punto de vista formal, pero también en la literatura, el cine, etc., por su pensamiento plástico.

 

¿De qué museo hablaríamos si se ejecutase fielmente su proyecto?

 

Sería el más importante del mundo sobre Goya, después del Prado. Sería el gran museo del Goya joven. Hay un proyecto sólido, otra cosa es lo que museográficamente hagan con él. Yo voté en contra y me desvinculé de esa propuesta museográfica.

 

El futuro del IEIOP está amenazado. El Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) no valora en demasía la labor que ahí se ha desarrollado.

 

El CSIC está en proceso de reordenación interna, porque se ha convertido en una agencia estatal de investigación. Desde esa nueva naturaleza que ha adquirido está revisando todos sus centros. En los que son propios pueden tomar sus decisiones. Pero este es un centro mixto, y solo puede decidir sobre su unidad, que es la de Oriente Próximo. Pero hay otras dos: Estudios Árabes y Estudios Islámicos, que pertenecen a la Universidad de Zaragoza, con participación de las Cortes. El CSIC ha aplicado un criterio de valoración que no se puede cumplir: el de masa crítica. El centro comenzó en 2002 con seis investigadores, algunos eran becarios y hoy son profesores de universidad o investigadores del instituto. Si al IEIOP se le dan medios tendrá un desarrollo adecuado. Este centro se promovió desde Zaragoza porque había investigadores de talla mundial para desarrollarlo. Y vinieron otros para realizar aquí sus trabajos. A ver si para una cosa que interesa se captan cerebros y luego se les deja ir.

 

¿Está justificada la "falta de perfil científico" que esgrime el CSIC?

 

Eso es una injuria para los siete años de trabajo de nuestro instituto, es una ofensa intelectual. Ahí están las revistas científicas, nuestra colección 'Conocer Al Andalus', los Encuentros de la Aljafería, que tienen una enorme audiencia de público. Sería lamentable que el centro desapareciera. El CSIC puede retirarse, pero la Universidad de Zaragoza no puede desentenderse, no hay otros especialistas en lengua arcadia y lengua fenicia. Si yo fuera rector me dejaría la piel porque esto continuara.

 

Pero usted se va justo ahora.

 

Yo me jubilo ahora, pero hace tres meses le escribí una carta al presidente de las Cortes advirtiéndole de esta situación para que lo tuviera en cuenta. No puedo ser el que dirija el Instituto en este momento de crisis. Hace falta un nuevo director y yo no quiero ser en absoluto el enterrador de un hijo en el que he puesto mucho cariño.

 

Por sus manos han pasado múltiples generaciones de aragoneses, ¿cómo hemos cambiado?

 

En un principio, los alumnos venían a la universidad con la ilusión de formarse críticamente y con intereses muy amplios desde el punto de vista de implicación social y política. Hablo de los años 60 y 70. En los últimos años del franquismo la universidad era el hervidero de una juventud que quería otro país. Paulatinamente, con el cambio de situación, los treinta años siguientes, llegaban alumnos más interesados en aprender los contenidos de la materia y en formarse académicamente lo mejor posible. Antes los alumnos querían ser profesores de Historia del Arte. Hoy montan empresas privadas de gestión.

 

¿Y usted, cómo ha cambiado?

 

En la universidad he querido devolver a los alumnos lo que la universidad me ha dado a mí, y he querido que fuera en Aragón. Yo he cambiado muchísimo.

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