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MÚSICA

Mapa de sonidos de Leonard Cohen

El cantautor canadiense actúa hoy en Zaragoza dentro de la gira de presentación de su DVD 'Live In London', editado hace unos meses, una colosal celebración de música y poesía.

Un momento del concierto que ofreció en Granada
Mapa de sonidos de Leonard Cohen
Miguel Ángel Molina/EFE

Si, como es previsible, Leonard Cohen sigue hoy, en Zaragoza, el guión de su DVD 'Live In London', editado hace unos meses, se asistirá a una colosal celebración de música y poesía, habrá ocasión de visualizar un mapa de sonidos y palabras rutilante, de los que apetece explorar de arriba a abajo para colmar la mochila de emociones y sensibilidades. Es un DVD, con sus grandes clásicos, embutidos en una nueva y riquísima sonoridad, y por increíble que parezca, a sus casi 75 años, el canadiense está en una forma espléndida, ágil tanto en la voz como físicamente, hasta el punto que resiste tres horas en el escenario, como si de una maratón springsteeniana se tratara. Tomen, por cierto, nota grupitos jóvenes que racanean tiempo de escenario como avaros comerciantes de telas.

 

No es que Cohen (Montreal, 21-09-1934) haya puesto sobre las tablas algo que no se conociera: desde finales de los setenta, como muestran sus discos oficiales en directo, 'Cohen Live' (1994) y 'Field Commander Cohen' (2000), viene reforzando sus canciones con unas bandas nutridas y absolutamente magnéticas.

Javier Mas, el toque aragonés

Pero esta que le acompaña ahora es de una majestuosidad y de una elegancia supina, amén de dúctil y creativa. Sus viejas y más recientes canciones han adquirido un nuevo color merced a los saxofones, las guitarras eléctricas, los violines? y, ay, ese nuevo descubrimiento del canadiense: el zaragozano Javier Más. Increíble cómo Mas arranca notas a un instrumento típicamente aragonés y folclórico como la bandurria y lo inserta en un contexto pop como antes jamás se había visto. El mismo Cohen, no se sabe si preso de admiración por el zaragozano, hasta se hinca de rodillas ante él cuando ataca espléndidos solos de bandurria, laúd y archilaúd. Insólito: ¿cómo es que aquí nadie ha explotado esos instrumentos en contextos ajenos a la jota al igual que lo ha hecho Javier? Sin duda, la del zaragozano ha sido la gran adquisición de Leonard Cohen en este rocambolesco retorno a los escenarios.

 

La historia se ha contado en más de una ocasión en los últimos meses: en 2006, Leonard Cohen, retirado en un monasterio budista desde 1993, se percató de que su agente artística y en tiempos amante, le había saqueado su cuenta bancaria en plan Madoff, dejándole sin blanca y, por tanto, con un retiro en la miseria. Fruto de la necesidad, el cantante, que llevaba quince años sin salir a un escenario, decidió acometer una gira 'recaudatoria', una serie de conciertos descaradamente 'por la pasta'. Y a ello se puso el año pasado y en ello sigue este año.

 

Lo que ocurre es que, en vez de lanzarse de nuevo a las tablas en plan cicatero y a recoger cuanto más mejor, lucrándose de un nombre y de una historia de oro, lo ha hecho rodeándose de esa mentada banda de lujo, entregándose hasta las corvas durante tres horas y cantando como nunca, con esa voz, grave y profunda, aún más honda y seductora. También, mostrando una serenidad y una campechanía desbordante, como si sobre su cabeza en vez de haber pasado una tormenta devastadora hubiese caído un rocío de agua fresca y santificadora. Efectos del budismo y de la espiritualidad zen, debe ser.

En el guión está escrito que además de esa banda y de esa voz, de esa entrega y de esa sugestiva templanza escénica, suenen sus canciones más emblemáticas: 'Suzanne', 'Bird On The Wire', 'So Long, Marianne', 'Take This Waltz', 'Dance Me To The End Of Love', 'Hallelujah'? y tantas joyas más. Posiblemente, falte alguna de ellas, como en 'Live In London', ay, falta 'The Partisan', pero el listado andará por ahí, por el sugerente mapa de sus clásicos.

 

Es la segunda vez que el canadiense viene a Zaragoza. Aquella primera, en 1985, en el fenecido y recordado Rincón de Goya, su nombre estaba más apagado. Obligado: el multicolor de la Movida había barrido todo vestigio en blanco y negro del pasado. Ahora, algo más normalizados los tiempos y después de haber sido reivindicado por Nick Cave, The Pixies o REM, o haber sido tributado en 1991 por Les Inrockuptibles con el doble LP, 'I'm Your Fan', es decir, después de acogerlo beatíficamente en el santuario del rock, su presencia en los escenarios es todo un acontecimiento mundial del que se ocupan no solo los diarios generalistas sino hasta las revistas especializadas más modernas e incluso los festivales jóvenes independientes, caso del FIB español, que el año pasado lo metió de cabeza de cartel. Cosas veredes, amigo Leonard, dicho sea de paso.

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