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Ocio y Cultura

ARTE

Retrospectiva de un pincel filosófico

El Palacio de Sástago, en Zaragoza, inaugura hoy una exposición monográfica dedicada al pintor y poeta aragonés Vicente Pascual. En 'Opusculum' se exiben obras realizadas por el artista desde 1989 hasta su muerte, acaecida en septiembre del año pasado.

Retrospectiva de un pincel filosófico
Retrospectiva de un pincel filosófico
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Vicente Pascual (Zaragoza, 1955-Utebo, 2008) recorrió muchas tierras, pero -en el círculo que acabó siendo su vida- su lugar de origen fue principio y fin de una trayectoria artística. La Diputación Provincial de Zaragoza pone ahora el Palacio de Sástago al servicio de una retrospectiva dedicada a toda su creación en solitario, desde que a finales de los 80 se disolviera la 'Hermandad Pictórica' que mantuvo Vicente con su hermano Ángel durante unos años.

 

'Opusculum' es el título que se ha dado a la muestra que se inaugura hoy (20.00) y continuará abierta hasta el 20 de septiembre. El nombre de la exposición tiene su porqué: obedece a la costumbre de Pascual de bautizar en latín sus obras postreras, y alude también a una colección de pequeñas pinturas sobre papel que se incluyen en la exposición y son una especie de compendio de lo que persiguió el artista. Cuadros de una belleza sencilla, con formas simples pero cargadas de simbolismo, de un cromatismo característico mantenido por Vicente Pascual a lo largo de su trayectoria creativa.

 

Primero fueron paisajes delicados de un dorado sobrecogedor, casi místico, matizando oscuridades. Luego, vino la espiritualidad de la India y la geometría telúrica de los indígenas de Norteamérica. En la búsqueda de lo esencial, hubo un retroceso a los símbolos del románico, progresivamente despojados de adorno hasta llegar a las formas elementales, precisas figuras de tintas y acrílico con perfiles nítidos pero bañadas de inquietantes transparencias.

 

Su hija Cira y Marisa Cancela (directora del Museo Pablo Serrano) han sido las comisarias de 'Opusculum', pero fue el propio artista quien, antes de fallecer a causa de un cáncer, dejó marcadas las líneas maestras de esta retrospectiva. Ayer, Ana Marquina -amada de Vicente Pascual- comentaba gratamente impresionada que la exposición era "una sorpresa grandísima, porque Vicente hubiera hecho algo muy parecido; ha quedado muy de su estilo".

 

La propia hija del artista hizo de guía por la muestra, que sigue un orden cronológico. Cira Pascual explicó que "hay una continuidad en las referencias filosóficas" de la obra de su padre, ya que desde su residencia en la India en los años 70 se vio influido por Ananda Coomaraswamy, un estudioso del arte tradicional, partidario de que el arte no sirva solo para el placer estético, sino también como transmisor de ideas filosóficas y religiosas, usando un simbolismo universal.

 

Aunque vivió en EE. UU., Pascual volvió a crear en contacto con Aragón, tanto en el entorno del Moncayo como en Teruel. De todo ello hay ejemplos en 'Opusculum', donde también se exhiben los dibujos para su poemario ''Las 100 vistas del Monte Interior' (en tinta sumi-e y quinacridona sobre papel japonés) y dos vídeos: uno de 2004, sobre la creación de 'Turris Eburnea' inspirada en la Torre Blanca de Albarracín), y otro de 2008, a partir de su trabajo en Utebo con referencias al río Ebro.

 

Pintor de palabras

Un aspecto menos conocido de Vicente Pascual que saca a la luz 'Opusculum' es su obra literaria, en una selección de versos hecha por el poeta Ángel Guinda. Estas poesías, que ilustran los muros del Palacio de Sástago, aparecen también en el catálogo, donde Guinda afirma: "Vicente Pascual, además de pintor inefable, ha sido siempre un poeta secreto, digno y ejemplar".

Y explica que, en la última etapa de su vida, "la precariedad física, que no intelectual, le obligó a pintar con la palabra, dejándonos poemas de una sencillez, hondura y espiritualidad exquisitas".

 

Versos que guardan a veces ecos populares, casi de jota, y otras un lirismo sutil y escueto, como un haiku oriental. Pensamientos que escriben líneas con el amor, la muerte y la naturaleza, temas eternos y en Pascual preñados de filosofía, como esa vuelta de tuerca a Heráclito que reza: "¿Y quién mira al río,/si el cuerpo que arrastro/es siempre cambiante/y la vida que hoy vive/ayer aún no era?".

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