Despliega el menú
Ocio y Cultura

HISTORIA

Nadie quiere el Watergate

Ni su ubicación en uno de los espacios más selectos de Washington a orillas del río Potomac y a un paso del Kennedy Center de las artes escénicas, ni su indudable calidad arquitectónica, han servido para salvar al hotel más famoso de Estados Unidos. Sacado a subasta hoy como último recurso para rescatarlo de sus graves problemas financieros, ninguno de los 10 postores se mostraron dispuestos a poner sobre la mesa los 17,6 millones de euros con que se abrió la puja. Una muestra de lo mal que están las números rojos, y los costes de su renovación que no bajarían de los 75 millones.

En realidad, el hotel Watergate empezó a perder su lustre en 2007 cuando se vio obligado a echar el cierre de sus 251 habitaciones. No eran tiempos de crisis pero sus crónicos problemas con los bancos pesaron más que la capacidad de sus propietarios para sacarlo a flote en una ciudad que presume de tener uno de los mejores negocios hoteleros del país. Las 26.000 plazas de hotel disponibles en la capital se han mantenido muy estables durante la recesión de ahí que se viera factible -hasta hoy- que un nuevo propietario devolviera la vida al emblemático edificio. Entre los compradores potenciales había hoteles británicos y de Oriente Próximo y hasta el magnate inmobiliario neoyorquino, Donald Trump.

"Es horrible ver un espacio tan valioso como este completamente cerrado", aseguró a 'The Washington Post', Dale Johnson, propietario de una conocida marquetería ubicada en el inmenso complejo de apartamentos y tiendas donde se halla el hotel. "La realidad es que costaría un ojo de la cara ponerlo al día", dice mientras echa una ojeada desde una puerta acristalada a sus suntuosos salones interiores ahora desnudos de mobiliario y con sus suelos de mármol repletos de polvo".

El Watergate entro en la historia una noche de junio de 1972 cuando un diligente guardia de seguridad descubrió a una pequeña banda de ladrones tratando de robar en la oficina central del Comité Nacional del Partido Demócrata ubicada dentro del complejo.

Tras una rápida acción policial, los cinco detenidos resultaron ser miembros de una red de espionaje creada por miembros del equipo del presidente Richard Nixon que buscaban la manera de perjudicar las opciones demóer conexión con el chapucero robo de los papeles demócratas, pero la investigación, liderada por el FBI, además del destacado trabajo de los periodistas de 'The Washington Post', Bob Woodward y Carl Bernstein, llevó a la cárcel a destacados ayudantes del presidente y, en última instancia, forzó la dimisión del propio Nixon en 1974.

Pocos eventos ilustran mejor que el caso Watergate -llevado magistralmente al cine en la cinta 'Todos los hombres del presidente'- un proceso de abuso de poder tan corrupto como el dirigido por el presidente republicano en uno de los periodos más convulsos de la reciente historia de EE UU.

Etiquetas