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Ocio y Cultura

CRISIS CINEMATOGRÁFICA

El cine 'invisible'

Varet Pascual: "Sabemos que en París se proyecta un cine que aquí no vemos o tardamos en hacerlo. Conocemos de primera mano que un español, Albert Serra, es admirado en festivales como Cannes o Rotterdam cuando para la mayoría de nuestra parroquia cinéfila es un perfecto desconocido". Lo que es 'visible' e 'invisible' lo marcan los exhibidores, con lo que se establece una especie de censura

Una crisis galopante golpea la exhibición cinematográfica en España. Nuestro país se ha convertido en el segundo de Europa con más descargas ilegales en Internet después de Grecia. Sin embargo, de forma paradójica, es esta tecnología la que nos ha desvelado un terrorífico panorama.

 

Y es que nuestro conocimiento siempre ha estado en manos de los exhibidores, personas que, en muchos casos, anteponen el valor económico al cultural y que nos han privado de ver algunos de los productos patrios más interesantes hechos en los últimos años.

Es una reflexión estremecedora pero, también, necesaria. Ahora sabemos que en París se proyecta un cine que aquí no vemos o tardamos en hacerlo. Conocemos de primera mano que un español, Albert Serra, es admirado en festivales como Cannes o Rotterdam cuando para la mayoría de nuestra parroquia cinéfila es un perfecto desconocido.

Hablamos de nuevos talentos que son situados al margen. Su cine, nacido como concepción artística y sin ánimo de lucro, se torna invisible a la hora de pasar a la sala oscura. Son obras que, en este contexto, se ven obligadas a emprender recorridos paralelos a la exhibición común y encuentran un hueco en las filmotecas, los museos, el mercado de DVD o las redes de internet.

Sin embargo, ¿es bueno que tan solo tengan cabida en estos círculos? "Yo no entiendo que una película se exhiba en un museo, se pierde el encanto. Su lugar debe ser la sala de cine", comenta Serra, invitado de lujo en el ciclo 'Visto y no visto', celebrado entre principios de junio y finales de julio en el Reina Sofía. Un evento cuyo objetivo no era otro más que el de darle al espectador la posibilidad de ver, pero, sobre todo, conocer estos proyectos españoles 'invisibles'.

Entre los trabajos exhibidos se encontraban, por ejemplo, 'Sevigné', de Marta Balletbó, cuyo fracaso la tiene apartada de la que era una prometedora carrera, o 'El cielo sube', de Marc Recha, importante cineasta catalán muy reconocido en Francia. Otros, como Sergio Candel, quien presentó 'Historia de un director idiota', asumen que "su vida es el cine, pero tiene que hacer televisión para poder comer".

En la actualidad, simultanea el oficio de director con la realización de capítulos de 'El Internado'. Son, pues, autores que ofrecen productos con los que no estamos acostumbrados. No hacen el cine habitual, el llamado 'clásico'. Por esta razón se piensa que no son rentables y, al no ser exhibidos, el espectador medio no se familiariza con sus retos al nivel de narración o interpretación. "Trabajo con actores no profesionales y en digital para abaratar costes", comenta Candel, un director que "nunca filma con guión".

Sin embargo, algunos de estos cineastas sí pueden mostrar sus cintas en otras ciudades de Europa. Si echamos un vistazo a las carteleras de capitales europeas como Roma, Londres o París, veremos que el número de propuestas es mucho mayor que en las de Madrid o Barcelona.

Este fenómeno suele justificarse como un asunto de 'supervivencia económica'. Sin embargo, todo apunta, más bien, a una cuestión de imaginación y, también, por qué no, a un problema cultural. "Madrid es reconocida mundial y unánimemente como la ciudad más lamentable en cuanto a cine se refiere", afirma de forma contundente Serra, quien confiesa que su film 'El cant dels ocells' "tuvo poco más de 100 espectadores en su primer y único fin de semana en la capital, mientras que en París acudieron 3000".

Panoramas cinematográficos

 

La gran mayoría de los aficionados al cine no tiene reparos a la hora de tildar de pedante a la crítica especializada. Suelen ser las mismas personas que reconocen sin problema que los mejores productos son los clásicos norteamericanos. ¿Pero es que acaso han podido ver otros? Lo que es 'visible' e 'invisible' lo marcan los exhibidores, con lo que se establece una especie de censura.

La obra de Amenábar, por ejemplo, goza del beneplácito del público, esto es, hace dinero, por lo tanto ve la luz en las carteleras españolas eclipsando a productos de diferente naturaleza. Es obvio que hay unos intereses económicos, que los distribuidores y los exhibidores buscan una rentabilidad, pero, como apuntó Carlos F. Heredero, director de la versión española de 'Cahiers du Cinema', "ante este fenómeno los poderes públicos deberían reaccionar y no fiarlo todo al espontáneo mercado ni al potencial democratizador de las redes de conocimiento".

Hablamos, entonces, del surgimiento de dos panoramas cinematográficos, uno comercial y otro que no lo es. En este sentido, la mayoría de los cinéfilos tan solo tiene acceso al primero, lo que afecta al consumo cultural.

Por ejemplo, muchos amantes del 'séptimo arte' creen que el cine independiente americano se reduce a la programación del festival de Sundance, o que las propuestas orientales terminan con Wong Kar-Wai y Kim ki Duk. Y es que, tanto el mercado como el espectador, parecen moverse por el impulso que marca el 'evento'.

Un 'evento' al que hacía referencia Heredero y que desaparece cuando el estreno de la cinta tarda en producirse, como en el caso de 'Paranoid Park', aclamada obra de Gus Van Sant que, después de dos años, acaba de aparecer en nuentiende de largos silencios, planos secuencias o cualquier otro tipo de ruptura en la narración. Es un público que se pierde a Pablo Llorca o a Marc Recha. Que conoce tarde a autores como Albert Serra, hoy indiscutible, quien tuvo que ser aclamado en Europa para que su cine se pudiera pasar en España.

La solución parece lejana. Los poderes públicos no reaccionan y la llegada del digital, con su abaratamiento del coste de producción, traerá nuevos autores y, con ello, el crecimiento del número de 'invisibles'. Unos trabajos que existen desde siempre pero que es ahora, gracias a las nuevas tecnologías, cuando entendemos que su cantidad es muy superior al de obras 'visibles'.

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