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Ocio y Cultura

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El cronista visual de los tesoros de Huesca

Nieve en San Juan de la Peña (1921).
El cronista visual de los tesoros de Huesca
r. d. A.

Ricardo del Arco llegó a Huesca en mayo de 1908 y pronto iba a convertirse "en el cronista e historiador más destacado" de esta tierra. Una de sus facetas menos conocidas era su condición de fotógrafo: el volumen 'Ricardo del Arco. Fotografías de historia y arte 1914-1924' (Diputación de Huesca/CAI), con textos de Carlos Garcés y Maite Abaurre, supone toda una revelación y una confirmación de que Del Arco usó la fotografía, desde muy pronto, como un instrumento de conocimiento y de difusión cultural.

Nacido en Granada en 1888, a los cinco años se trasladó a Tarragona, donde su padre Ángel del Arco fue elegido director del museo de la ciudad. Se licenció en Letras en Valencia y de inmediato opositó al Cuerpo de Archiveros. Obtuvo plaza en la Huesca "milenaria y rica en archivos", donde se hizo cargo del "archivo de Hacienda", que tenía agregado también el del Ayuntamiento, según narra Carlos Garcés en una completa reseña de los primeros quince años que Del Arco pasó en la que iba a ser la ciudad de su vida. Ese periodo inicial, que él sitúa entre 1908 y 1924, lo resume con tres palabras: "Vida, estudio y trabajo", vocablos que, en realidad, definen toda su existencia. Del Arco falleció en 1955, tras ser arrollado por un coche en la plaza de Navarra.

Del Arco usaba lentes circulares, sombrero e iba tocado de lazo. Pocos días después de tomar posesión de su nuevo cargo, ya escribía en 'El Diario de Hueca' y muy pronto iba a publicar libros, monografías y artículos de casi todo: en 1910, firmaba con Luciano Labastida la 'Guía artística y monumental de Huesca y su provincia"; tres años después, con idéntico colaborador, 'El Alto Aragón monumental y pintoresco'.

Para entonces, ya había contraído matrimonio con Luisa Fortuño y había sido nombrado cronista de la ciudad. Dos detalles biográficos más, entre los muchos que aporta Carlos Garcés, recuerdan que era profesor de instituto desde 1914 y director de la Biblioteca Pública desde 1915. En 1920, fue el organizador del II Congreso de Historia de la Corona de Aragón.

En cierto modo, Ricardo del Arco fue un pionero del excursionismo, un apasionado del turismo y un defensor a ultranza de las 'Bellezas del Alto Aragón', término que usó el fotógrafo Lucien Briet, al que Huesca le rindió un homenaje en 1922. Quizá lo que no se conocía de Del Arco con tanta precisión era su condición de fotógrafo: hace poco se incorporaban a la 'Memoria Gráfica del Alto Aragón' de la Fototeca de Huesca más de mil piezas, en placas de cristal y en negativos.

Del Arco usaba al menos dos cámaras y se tomaba su tiempo para realizar sus fotos: el libro confirma su apasionada tarea en la Comisión Provincial de Monumentos históricos y artísticos de Huesca.

Esa "incansable labor en pro de Aragón", que le supuso la concesión de la Medalla de Oro del Ayuntamiento de Zaragoza en 1924, lo llevó a recorrer las iglesias de Santiago de Agüero, San Miguel de Foces, Ordesa, los monasterios de San Victorián y de San Juan de la Peña, al que acudió con otros excursionistas en 1920 y al año siguiente, a caballo y en medio de una gran nevada. Manuel Casanova, que sería director de HERALDO, firmó una crónica con "agua, truenos horrísonos y relámpagos cegadores".

También estuvo en Roda de Isábena, en el monasterio de Sijena, en Sena, en Fraga, Monzón, Binéfar o Tamarite de Litera. Su afición al traje regional, que compartió con su gran amigo Ramón Acín, lo llevó a realizar fotos en Aínsa, Ansó, Hecho, Gistaín y Fraga, donde realizó un álbum completo del vestuario, del casco urbano, de la vida popular, y no solo eso: organizó una Exposición del Traje Regional en Madrid en 1925.

Al fotógrafo Del Arco le interesaba todo: las plazas públicas, las calles, los edificios civiles, los retratos de grupo, los monumentos, las procesiones, los retablos, las panorámicas -entre las que destacan las del castillo de Montearagón, las de Nueno y las de Bielsa-, el inventario general del patrimonio. Sus fotos muestran cuánto se ha perdido y, a veces, lo que se ha mejorado. Del Arco colaboró con estupendos profesionales de la ciudad como Ildefonso San Agustín, Ricardo Compairé o Fidel Oltra, entre otros, pero él no les iba a la zaga: era observador, tenía buen gusto, componía con elegancia y era paciente. Se esforzaba en captar el misterio de la luz al servicio de los tesoros de una provincia que hizo suya durante casi medio siglo.

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