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Juan Bolea: "El extraño mundo de la aristocracia tiene un gran atractivo novelesco"

El autor de 'El color del Índico' pre-senta una nueva entrega de las aventuras de su enigmática detective

Juan Bolea, en una imagen de archivo.
Juan Bolea: "El extraño mundo de la aristocracia tiene un gran atractivo novelesco"
MAITE FERNÁNDEZ

Juan Bolea (Cádiz, 1959) continúa la serie de su detective Martina de Santo, "ascendida ahora a inspectora", y lo hace en la novela 'El asesino irresistible' (Ediciones B), en la que narra una turbia muerte en una familia aristocrática.

 

Parece que en esta cuarta entrega, que se presentaba ayer en Ámbito Cultural, aparece mucho más el humor.

 

Creo que sí, aunque tampoco es esta una novela de gags o de bromas. Ese nuevo sentido del humor se percibe en la escena final.

 

Empecemos por el principio, por el narrador. Dice: "Me llamo Horacio Muñoz. Soy agente de policía".

 

Es cierto, aquí he cambiado la figura del narrador. Es ese veterano policía, que trabaja en el archivo, que posee una excelente formación, y que es un poco el Doctor Watson de la novela. Hace el papel de cronista de la historia y de otros casos, y eso también le da más libertad a Martina de Santos.

 

Me ha parecido ver que también ha buscado un estilo más directo.

 

Tengo dos líneas de trabajo: una más personal, más íntima, no sé si más barroca, que es la de libros como 'El gobernador' o 'El color del Índico', y una segunda más popular que es la de las novelas de Martina de Santo, donde aspiro a llegar al gran público, a vender mucho, con una narrativa de intriga, aunque sin descuidar nunca el nivel literario, el estilo.

 

Sigamos con Martina: aquí se nos dice que ha vivido una historia de amor con el actor Javier Lombardo.

 

Martina de Santo tiene una misteriosa interpretación del sexo. En la primera entrega de la serie, había tenido una aventura amorosa con una fotógrafa; en otros libros se recuerda que tuvo un terrible trauma familiar, sufrió una violación, y que ha tenido amores con hombres. Es una mujer bipolar, nada confusa, madura, que vive el sexo con absoluta libertad. Cada vez es más espontánea, más independiente y vital. Tiene más seguridad en sí misma. Soluciona los casos y se siente muy gratificada.

 

Vayamos con la materia central.

 

Aquí se narra la historia de un crimen extraño en el seno de una familia aristocrática.

 

Un grupo de felinos se escapan del circo y parece que acaban matando a una mujer de la aristocracia, la baronesa Azucena...

 

La novela tiene un arranque clásico, de novela policíaca, y luego se va complicando. Está llena de guiños clásicos. El tema de la aristocracia está muy de moda, con la Ley de Sucesiones. He querido que, en la ficción, se tratase de una familia representativa, con blasones y vicios, con diferentes puntos de vista y con tensiones que derivan de la ambición, de las traiciones y del intento de controlar el poder. Todo ese mundo extraño de la aristocracia tiene un gran atractivo novelesco.

 

¿Ha tenido que documentarse mucho?

 

La familia Lancáster existió hasta el siglo XVIII y el último de la estirpe se quedó soltero y sin descendencia. Y es ahí donde entra la imaginación del novelista: yo intento elaborar una historia posible de los Lancáster a partir de entonces, en todo el siglo XIX y XX, y eso me permite fabular y plantear la ficción con los ingredientes que me interesan.

 

¿Le da muchos quebraderos de cabeza el desarrollo de la intriga?

 

Siempre es lo que más me cuesta y de su felicidad y de su perfección depende el éxito. Le doy muchas vueltas. El desarrollo de la intriga es en buena parte la justificación de la novela o su fracaso. Y para lograrlo he puesto en marcha todo un mundo de personajes principales y secundarios: el abogado Pedro Carmen, Hugo, Dolly, el barón...

 

Martina de Santo tiene muchas cosas de personaje de cine. ¿Se hace ilusiones?

 

Hay contactos, pero por ahora no hay nada cerrado. En cualquier caso, esas cosas se las dejo a mi agente. He visto, eso sí, el interés que suscita en el mercado latinoamericano, en México y en Argentina.

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