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LITERATURA

"Larra ganaba el equivalente a 14.000 euros mensuales", asegura uno de sus descendientes

Medía uno sesenta y tenía una pluma viperina. Enamoradizo, desencantado, ingenioso con las palabras y las ideas, Mariano José de Larra (1809-1837) fue el periodista mejor pagado de su época.

"Ganaba al mes el equivalente a 14.000 euros mensuales", asegura Jesús Miranda de Larra, autor de 'Larra. Biografía de un hombre desesperado' (Aguilar), ensayo que conmemora los 200 años de su nacimiento y que incorpora poemas inéditos, cartas, aforismos y un recorrido por el Madrid que transitó el escritor romántico. Jesús Miranda (su madre era tataranieta de Fígaro) dice que su antepasado no se mató por una mujer, sino porque terminó "asqueado" de la condición humana.

P: ¿Dónde nace la desesperación de Larra?

R: Su infancia explica, en gran medida, al hombre adulto. Su padre, de ideas liberales, tuvo que exiliarse a Francia cuando la llegada de Fernando VII. Larra estuvo desde los cuatro a los nueve años interno en un colegio. Fue un niño introvertido, reflexivo y melancólico. Y este niño, al crecer, se convirtió en un hombre orgulloso, rebelde, algo escéptico y también misántropo.

P: ¿Detrás de sus sarcasmos se escondía una persona acomplejada e insegura?

R: Físicamente podía tener complejos, pero lo compensaba con su inteligencia, con su capacidad para denunciar los defectos de la sociedad de su tiempo.

P: ¿En qué defectos mojó la pluma?

R: Más o menos en los mismos que hay ahora: incapacidad de los gobernantes, corrupción política, corrupción económica, falta de respeto por el prójimo, falta de respeto por la naturaleza, tontería, vanidad, holgazanería Los críticos suelen destacar sus artículos costumbristas. A mí me gustan los que tienen carga política, que es donde se muestra más luchador y reivindicativo.

P: Fue, según sus estudiosos, el mejor periodista pagado de su época.

R: En 1836 ganaba 60.000 reales al año. Si actualizamos las cifras estamos hablando de unos 14.000 euros mensuales. El espléndido piso que tenía en Caballero de Gracia, antes de trasladarse al de la calle Santa Clara, le costaba 700 reales al mes.

P: ¿Qué escritor o periodista de hoy se parece, en actitud y estilo, a su antepasado?

R: Sólo hay uno y no es periodista sino dibujante: El Roto.

Cada vez que veo una viñeta suya pienso que tiene un cerebro muy parecido al de Larra.

Dolores

P: Larra se suicidó de un disparo en la sien. A diferencia de otros biógrafos, usted rechaza que la causa fuese el desprecio de su amante, Dolores Armijo.

R: Fue la gota que desbordó el vaso. Él estaba asqueado de la condición humana, de la incapacidad del hombre para rectificar sus defectos. Además, como escribió Azorín, era una persona con un gran desequilibrio entre la inteligencia y la sensibilidad.

P: ¿Cómo era Dolores Armijo?

R: Una mujer bonita, libre para aquel tiempo, poetisa, alegre, coqueta Larra estaba dispuesto a dejarlo todo por ella, pero Dolores no se atrevió a dejar a su marido.

P: Conserva la levita y la camisa que llevaba el día que se suicidó. ¿Cómo llegó a sus manos?

R: A través de mi madre, y antes de ella a través de mi abuelo Fernando José de Larra.

P: ¿Qué otros objetos conserva?

R: Tengo manuscritos y efectos personales, como los sellos de lacrar, los naipes comprados en París, la cinta del féretro, la llave de ese féretro, un mechón de su pelo, tarjetas de visita y alguna cosa más.

P: El día de la pedida de mano, Letizia Ortiz regaló al Príncipe 'El doncel de don Enrique el Doliente'. Algunos sectores criticaron la decisión porque es la historia de un adulterio. ¿Cómo vivió usted este curioso episodio?

R: No vivía en España en ese momento, pero me pareció un detalle de la princesa, un detalle que la enaltece por el concepto que tiene sobre el amor, por su condición de periodista y por la sensibilidad de su personalidad. Todo muy positivo, sin duda.

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