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DANZA

Guiados por el duende de Farruquito

Dos días después de haber obtenido la libertad condicional, Juan Manuel Fernández, conocido artísticamente como Farruquito, ha venido a Zaragoza para dar un curso intensivo de flamenco en la Sala Foss, donde recibó la admiración incondicional de alumnos y seguidores.

El bailaor Farruquito, al frente de la clase de nivel avanzado que ayer impartió en la Sala Foss de Zaragoza
Guiados por el duende de Farruquito
MAITE FERNÁNDEZ

Lo primero que hace al entrar en la sala es saludar y presentarse, como si fuera un perfecto desconocido: "Buenos días a todo el mundo. Me llamo Juan". Veinte pares de ojos lo contemplan atentamente, encaramados a zapatos y botas de tacón. Él no es solo Juan. Es Farruquito, uno de los bailaores flamencos más sobresalientes. Es la primera vez que da clases en Zaragoza -aunque ya ha impartido antes en otras ciudades- y su presencia viene asociada al morbo porque esta misma semana el juez le ha concedido la libertad condicional, después de dos años de reclusión por el atropello mortal de un hombre llamado Benjamín Olalla.

Pero a quienes lo esperan en la Sala Foss (calle San Lorenzo, 7) no parece importarles ese asunto, aunque Beatriz Ruizalejos, una de las responsables de esta academia, cuenta que "al principio, la gente llamaba diciendo: ¿pero viene de verdad?". A pesar de la incredulidad de algunos, no solo se llenaron las 40 plaza disponibles (20 en el grupo de nivel básico y 20 en el avanzado), sino que muchos quedaron en lista de espera.

Y eso que el curso es duro, con dos jornadas intensivas que "no van a dejarme tiempo para hacer nada más, porque empiezo por la mañana y acabamos por la noche. Pero merece la pena, porque la gente se va con ganas de más. Espero volver con más tiempo, y estar cuatro o cinco días", comenta, antes de ponerse a firmar autógrafos, Farruquito (al que, por indicación de su representante, no cabe plantearle preguntas "personales").

Incondicionales

Los alumnos que aguardaban su llegada en el primer turno de la mañana estaban impacientes. Ninguno ocultaba su admiración. Entre ellos, el propio profesor de flamenco de la Foss, Javier Durán: "Yo ya di clases con él en Sevilla, hace muchos años. Es único: esa velocidad, los tiempos, la manera de bailar... Tiene mucha técnica y, sobre todo, mucho compás".

Entre los más tempraneros estaba Jonatan Giménez, un joven que lleva "poco más de un año" aprendiendo baile flamenco y que ya había tenido la suerte de conocer en persona a Farruquito. "Lo trajo mi tío a Zaragoza, hace tres o cuatro años, al festival de San Juan, y estuvimos cenando todos juntos. Pero no sé si se acordará de mí", comentaba. "Da mucho respeto y es una buena persona, muy humilde", opinaba Jonatan. Sobre el curso, aclaraba que "más que aprender baile, vengo a que me mentalice de lo que es el flamenco, que me abra la mente". "Sin flamenco -aseguraba- yo no podría vivir".

A la clase, Farruquito atrajo también a personas de otras academias, como Beatriz Novales, de 33 años, que enfundada en su larga falda baila flamenco desde hace dos años en la escuela de Carlota Benedí. "Es el mejor de los bailaores que hay hoy por hoy", elogiaba tajante, y destacaba "el porte que tiene, cómo se situa...". Junto a ella, otra alumna zanjaba resuelta: "Es el que más duende tiene".

En el grupo de nivel básico, el más pequeño era Ramiro Giménez, de 11 años, al que sus padres miraban taconear rítmicamente, con Farruquito a su vera, por la ventana de la sala. Ramiro empezó a aprender flamenco cinco años atrás y confesaba que le gustaría bailar un día "delante del público" y contestaba con un rotundo "¡Sí!" a la pregunta de si lo había pasado bien en clase. Más joven aún era Salvador Gabarre, que con solo 9 años entró tan tranquilo en la clase de nivel avanzado. Hasta la aparición del ilustre profesor, el veloz taconeo del chaval se había llevado todas las miradas. Salvador, auténtico "fan" de Farruquito, ya ha actuado en la Casa de las Culturas, en Tarazona y en el Auditorio de Zaragoza, en el festival de San Juan. Su padre dice que baila "desde que nació", aunque no tiene antecedentes familiares. Y es autodidacta: "Baila en casa, incluso cuando va de una habitación a otra", agrega su hermana Visi.

Distinto es el caso de Katia Carmen, de 41 años y con 14 de baile a sus espaldas, que acudió "para reciclarme, porque lo bueno de tener distintos profesores es que coges cosas de unos y otros". Para pedir el autógrafo, prefería esperar: "Si acaso, se lo pediré mañana, que habremos cogido confianza".

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