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Ocio y Cultura

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Fotogramas de un país de películas

Jesús García Dueñas publica 'Cine español, una crónica visual' (Lunwerg / Instituto Cervantes), una historia que reúne más de un siglo de producciones, en la que adquieren gran protagonismo aragoneses como Chomón, Florián Rey, Luis Buñuel, Borau, Forqué y Saura.

El realizador, editor, académico y presidente de la SGAE José Luis Borau dice que, a la luz de "las numerosas y expresivas imágenes" del volumen ‘Cine español, una crónica visual’ (Lunwerg / Instituto Cervantes, 2008), de Jesús García de Dueñas (Cáceres, 1939), puede decirse que "nuestra cinematografía ha invertido buena parte de su prolongada existencia en el afán de conseguir una identidad, un estilo propio, alguna razón de existir en definitiva, al margen de su condición de entretenimiento y negocio". En ese mismo prólogo, Borau recuerda que el cine español, uno de los más antiguos del continente, "solo empezó a ser considerado en serio en el mundo hará cosa de treinta y tantos años, aun cuando también haya quien fije su despegue creativo con el estreno en el festival de Cannes de 1953 de ‘¡Bienvenido, Mr. Marshall!’, el admirable y premonitorio filme de Luis García Berlanga".

 

Mitos, carteles, décadas

El autor de este volumen realiza una apasionada defensa de la cinematografía española e invita al lector a sumergirse en "un laberinto de espejos, biombos desdoblados, recorridos zigzagueantes, túneles del tiempo y del espacio, recorridos de la memoria, sugestiones de músicas y sonidos…". Ese itinerario contempla tres apartados: una distribución de la historia del cine española en once décadas o períodos; un corpus central dedicado a una selección "caprichosa y subjetiva" de carteles, que se titula ‘Intermedio’, y una tercera parte que explora los temas capitales de las películas españolas: el oficio mismo de hacer cine y sus rituales, la religión, las postales de un país peculiar, la gastronomía, la violencia, los desnudos o las ‘idolatrías’, que se concentran en actrices como Conchita Montenegro, Raquel Meller, Rosita Díaz Gimeno, Aurora Bautista, Imperio Argentina, Carmen Amaya, Sara Montiel, Teresa Gimpera, una sensual Concha Velasco, "una superviviente admirable", pero también en Penélope Cruz, Victoria Abril o Paz Vega. Entre los hombres, se eligen únicamente a Antonio Vico, Pepe Isbert y Fernando Fernán Gómez.

En cada década o período, desde 1896 a 2006, García Dueñas realiza una introducción de contexto ("el cine no es ajeno -nunca lo ha sido- a la marcha de la historia", dice), con películas y directores, con dificultades y sueños. En el lapso de 1896 a 1906, alude a los Jimeno y a su ‘Salida de misa de doce del Pilar de Zaragoza’, (sigue datando la película en 1896, aunque es de 1899), y recuerda que sería Alexandre Promio, el camarógrafo lionés que estudió en "la factoría de los hermanos Lumière", quien rodó en junio de 1896 ‘Plaza del puerto de Barcelona’, la primera película de España. Poco más tarde, otro cámara anónimo grabó en septiembre la ‘Llegada de un tren de Teruel a Segorbe’.

Por aquellos días, ya trabajaba el turolense Segundo de Chomón, "inquieto e imaginativo, técnico de gran preparación, pionero del cine de fantasía". La segunda etapa está caracterizada por el entusiasmo de aventureros con cámara; el más destacado quizá sea el catalán Ricardo Baños que adaptó la obra ‘Juan José’, del bilbilitano Joaquín Dicenta. Chomón será capital, de nuevo, en la tercera década, de 1916-1926, antes de su marcha a Italia y Francia. A él y a otro pionero decisivo como Fructuós Gelabert los define como "dos auténticos maestros del oficio de hacer películas". La década de 1926 a 1936 fue la del esplendor. Los tres directores más importantes eran Fernando Delgado, Benito Perojo y el aragonés Florián Rey. Luego, irrumpió con fuerza Luis Buñuel, con ‘Un perro andaluz’ y con ‘Las Hurdes. Tierra sin pan’, y el país vivió "la lucha sangrienta" de las dos Españas con dos productoras: la conservadora Cifesa y la liberal y progresista Filmófono.

El esplendor, Buñuel, los otros

El libro analiza la convulsa y sombría etapa de la inicial posguerra, la recuperación de los años 40 y 50, el despertar de la época siguiente con ‘Amanecer en Puerta Oscura’, de José María Forqué, ‘El verdugo’ y ‘Plácido’, de Berlanga, y ‘Los golfos’ y ‘La caza’, de Saura. Ese instante también es el de ‘Viridiana’, de Luis Buñuel. En el pie de foto a la instantánea más necrófila de la cinta, se anota: "Desde una insobornable independencia, manteniendo en todo momento, ante las más adversas circunstancias y con absoluta honradez su credo surrealista -que impregna la totalidad de su obra confiriéndole una originalidad suprema-, Luis Buñuel expresa nuestro carácter, al manifestarse él artísticamente, hincando sus raíces creativas en la verdadera tradición cultural ibérica".

García Dueñas repasa luego, cuando nos aproximamos a la muerte de Franco y saltamos a la democracia, el cine de Saura, Víctor Erice, José Luis Borau (con ‘Furtivos’ especialmente), Bigas Luna o Iván Zulueta y su ‘Arrebato’. Posteriormente ya llegarían Almodóvar, Fernando Trueba, Isabel Coixet o, entre muchos creadores, Fernando León de Aranoa, que cierra el volumen y se imagina el cine español como "un puñado de cineastas asomados a una ventana, contando lo que ven en la calle a alguien que no podemos ver y que, sentado adentro de la penumbra, escucha con generosa atención".

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