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Ocio y Cultura

ENTREVISTA

Mario Muchnik: "Conozco mejor el mundo gracias a la fotografía"

Este físico argentino viene a Zaragoza a mostrar los ¿Retratos literarios¿ que ha hecho con su cámara. Expone en la Biblioteca de Aragón

"Descubrí la fotografía cuando tenía siete años. Mi padre me regaló una cámara Kodak de cajón. Era como un cubo más alto que ancho que tenía el visor por arriba. Y así empecé a realizar instantáneas", dice Mario Muchnik (Buenos Aires, 1931), el físico, editor, escritor y fotógrafo. Ayer inauguraba la muestra ‘Retratos literarios’ en la Biblioteca de Aragón.

¿Cuándo sintió la llamada de la fotografía?

Cuando estudiaba Física en Nueva York. Allí había pequeños clubes de casi todo, y vi que anunciaban un club de fotografía. Me apunté. Tenían un laboratorio inmenso con una cámara oscura de cien metros cuadros. Disfrutaba con el positivado. Me encantaba salir con mi cámara: tomé fotos del puente de Brooklyn, que luego fue una y mil veces retratado y se convirtió en un clásico, y de la universidad de noche. Allí había estudiado Lorca hacia 1929, y alguien me dijo que me había tocado en suerte la habitación que él había utilizado más de veinte años atrás. Nunca lo tuve claro.

¿Qué pasó luego?

Me trasladé a Europa, donde continué mis estudios y donde sería profesor. Adquirí una Rollei Flex y alquilé una casa grande con dos baños. Como vivía solo, convertí uno de ellos en mi habitación oscura. Ya hacía mis propios experimentos: buscaba una fotografía con grano muy fino. En aquellos tiempos tomé muchas fotos que permanecen en secreto: en particular, una colección de desnudos de Nicole, que ella no quiere que enseñe. Realizaba fotos en las que el blanco no tenía ese tono lechoso ni el negro tenía el color tinto, parecían huecograbados, en la línea de las fotos que había hecho años atrás la revista ‘Camera Work’, con Alfred Stieglitz y Edward Steichen.

¿Cuándo empezó a fotografíar escritores?

Nunca he fotografiado escritores.

Viendo sus ‘retratos literarios’, una selección de 58 fotos entre algunos miles, nadie lo diría…

Quiero decir que no he fotografía escritores específicamente. Fotografiaba todo tipo de cosas, sin un objetivo concreto claro. Una de las primeras fotos que hay en la muestra es la del poeta Marcos Ana, al que conocí en Roma gracias a Rafael Alberti, al que también retraté y edité. Alberti me dijo que había ido a verlo, tras haber permanecido 23 años en la cárcel.

No tardaría en adquirir una cámara Leica, ¿no?

Una tarde, en una reunión multitudinaria en Nápoles, estuve con un físico norteamericano que llevaba colgada una cámara. ‘¿Qué llevas ahí?’, le pregunté. Era una cámara Leica, probablemente una M-3 que no tenía fotómetro, como la que usaba Henri Cartier-Bresson. Me dejó probar, me enseñó a manejarla. Disparé un rollo completo, y el físico me dijo: ‘Te lo llevas’. Lo revelé: me salieron unas fotos espléndidas.

Creo que colaboró usted con la revista ‘Life’.

Después de vivir en Roma y en Nápoles, donde estuve doce años, dejó la Física hacia 1966. Me trasladé a París, donde cubrí como fotógrafo el mayo del 68. Ahora tengo una exposición de esa época en la Diputación de Córdoba. Conocí a Enrico Sarsini, un fotógrafo profesional de ‘Life’. Me invitó a su apartamento, y al cabo de un rato volvió cargado de cámaras Leica y de objetivos. Cogió dos M-3. ‘Necesitas un objetivo de 35 mm., uno de 50 y otro de 80. Creo que eso te bastará’, dijo. Eran auténticas virguerías de profesional. ‘¿Así que me los prestas?’. ‘Es tuyo, es tuyo’. Me quedé estupefacto. Pero además falsificó de inmediato un carné antiguo suyo y pasé a tener mi propio carné de ‘Life’. ‘Cuando te vean con las Leicas al cuello nadie pondrá en duda que perteneces a la revista’, aventuró. Hice todo el mayo francés, le mandaba los rollos a la revista ‘Life’, cientos de fotos, pero solo me publicaron una. Estuve en reuniones de los comunistas y los socialistas, capté a un joven François Miterrand, en las barricadas…

¿La foto de André Malraux es de entonces?

Es posterior, la tomé en 1969 en la campaña de De Gaulle. No llegué a hablar con Malraux. También retrataría a Simone de Beauvoir y a Jean Paul Sastre en La Sorbona.

¿Y el retrato de Jorge Luis Borges?

Esa foto está datada hacia 1971, en tiempos del general Lanusse, cuando le devolvieron a su puesto en al Biblioteca de Buenos Aires. Lo había conocido con mi padre y mis tíos, a los 19 años, en el restaurante Mogador. Entró, parecía apoyarse en las sillas, saludó a todo el mundo. Entonces aún veía. Mi tío le dijo: "Es mi sobrino Mario y estudia Física en Nueva York". Borges comentó: "Qué bien".

La nómina de sus amigos escritores es interminable…

Mi gran amigo español ha sido Isaac Montero. A Elías Canetti le hice un carrete completo cuando recibió el Nobel en Estocolmo, pero estaba mal colocado en la cámara y no salió nada. El editor y escritor Roberto Calasso y su esposa de entonces Fleur Jaeggy, también escritora, me dijeron, entre carcajadas: ‘Oh, oh, Mario. Esas son las mejores fotos de Elías Canetti". De Italo Calvino fui vecino y le propuse editar ‘El barón rampante’ con una colección mía de fotos de árboles, de hojas y de flores. Cada una de mis fotos, como cada uno de los objetos que tengo en mi casa, tiene una historia.

¿Qué ha significado la fotografía para usted?

Me habría sentido como un impotente e incompleto sin ella. La fotografía es un instrumento de vida, es un método de conocimiento. Creo que es la disciplina a la que le he dedicado más tiempo. A lo largo de mi vida me ha interesado la ciencia, la música, los libros y la fotografía. Me recuerdo toda la vida haciendo fotos. Conozco mejor el mundo gracias a la fotografía, y he llorado en muchas ocasiones ante la belleza ajena. La belleza me conmueve y Cartier-Bresson atrapa mejor que nadie la belleza de un momento único.

Por cierto, David Duncan Douglas, el gran fotógrafo de Picasso, dijo que usted era "el exacto igual de Cartier-Breson".

Tenemos algunas semejanzas: la preocupación por el encuadre, la obsesión por la composición y el contenido humano. Y también el significado irónico de muchas fotos. Creo que aún hay otro rasgo común: no nos gustan ni la violencia ni el sufrimiento ajeno.

Usted es y ha sido editor. ¿Cuál es el balance que hace de más de 40 años en esa profesión?

No tengo quejas. Solo le encuentro el defecto de que me ha alejado más de lo que yo quisiera de la fotografía. Y ahí sigo aún: reedito estos días la monumental ‘Guerra y paz’, de León Tolstoi, que es la mejor novela de todos los tiempos.


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