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ADIÓS AL ACTOR QUE ENCARNÓ A 'BILLY EL NIÑO'

Muere Paul Newman, el mito de los ojos azules

Un cáncer de pulmón deja a los aficionados sin una de las leyendas del cine y uno de los últimos clásicos

La tristeza invade de nuevo el corazón de los cinéfilos. El séptimo arte ha perdido a otro de sus mitos. Se ha marchado uno de los grandes, uno de los últimos clásicos. Paul Newman, muerto a los 83 años por los problemas derivados de un cáncer de pulmón, fue un actor irrepetible, de esos que ya no quedan. Su belleza y sus penetrantes ojos azules le aseguraron pronto la fama, pero Newman no quiso ser un simple galán en una industria demasiado acostumbrada al éxito fácil. Ante todo, deseaba ser actor, transmitir emociones. Y lo logró gracias a su carisma, su poderosa presencia en pantalla y un don especial para interpretar antihéroes y personajes con un toque canalla. Pero fue más que eso. Trabajó como guionista, productor y director, forjándose una respetable carrera y ganándose la admiración de compañeros de profesión y público. Comprometido con las causas sociales y de carácter filántropo, tuvo uno de los matrimonios más longevos que se recuerdan en Hollywood: pasó los 50 últimos años de su vida en compañía de la actriz Joanne Woodward, su segunda esposa.

En sus 50 años de trayectoria cinematográfica, Newman cosechó un premio Óscar por su papel de un antiguo jugador de billar en “El color del dinero” (1986), además de dos estatuillas honoríficas (en reconocimiento a su carrera y por labores humanitarias), seis Globos de Oro e incontables galardones. El actor (Ohio, 1925), de origen húngaro y judeo-alemán, comenzó su andadura profesional, como tantos otros, en el teatro y en la televisión. Su primera oportunidad en la gran pantalla le llegó en 1954 con “El cáliz de plata”, filme histórico desarrollado en la época del imperio romano del que más tarde renegaría, hasta el punto de arrepentirse de participar en él. No fue hasta “Marcado por el odio”, filme en el que se metió en la piel del boxeador Rocky Graciano, cuando su nombre empezó a sonar. Después llegarían “La gata sobre el tejado de zinc”, “El zurdo”, “El largo y cálido verano”, “Éxodo” y “El buscavidas”, en la que Robert Rossen le regaló posiblemente uno de los papeles de su vida, el del arrogante jugador de billar Eddie Nelson. No pocos amantes del cine le recordarán siempre por su trabajo en este drama que reflexionaba sobre la búsqueda del éxito y la figura del perdedor.

“Cortina rasgada”, “Harper, inspector privado”, “La leyenda del indomable”, “Dos hombres y un destino” y, sobre todo, la imprescindible “El golpe”, estas dos últimas con su gran amigo Robert Redford, le encumbraron, con éxito de crítica y de público, en los años 60 y 70. Los siguientes años son, según muchos expertos, los más flojos de su filmografía, pero se recuperó del bajón con “Veredicto final”, de Sidney Lumet. De forma paralela, en 1968 debutó como director con “Raquel, Raquel”, protagonizada por su mujer, a quien reservó papeles principales en sus otras cinco películas detrás de las cámaras: “Casta invencible”, “El efecto de los rayos gamma sobre las margaritas”, el telefilme “La caja oscura”, “Harry e hijo” y “El zoo de cristal”.

Luego participaría, antes de los 90, en la citada “El color del dinero” y “El escándalo Blaze”. A partir de entonces, sus trabajos empezaron a espaciarse en el tiempo, destacando “Creadores de sombras”, “El gran salto”, la policiaca “Al caer el sol” o “Mensaje en una botella” o “Donde esté el dinero”, si bien su última gran película, y que le reportó su única nominación al Óscar como secundario, fue “Camino a la perdición”, en la que encarnó de forma magistral a un patriarca mafioso. No obstante, siendo correctos, los trabajos con los que concluyó su carrera fueron la miniserie “Empire falls” y la obra de animación “Cars”, en la que puso voz a uno de los personajes y disfrutó con una de sus pasiones, el automovilismo.

Newman ha dejado un hueco difícil de llenar en la historia del cine, pero su leyenda y sus ojos azules siempre estarán presentes en la cultura popular.

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