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CINE

Belén Macías: "Hay que mirar la vida con ojos amables"

El Festival de San Sebastián acoge, en su sección oficial, "El patio de mi cárcel", primer largometraje de la catalana Belén Macías. El drama, inspirado en hechos reales, llega este viernes a las salas.

Es una de las representantes del cine español en la sección oficial del Festival de San Sebastián, evento que supone una carta de presentación inmejorable, sobre todo para una debutante. La tarraconense Belén Macías, procedente de la escena teatral, ha afrontado su bautismo en el séptimo arte (antes había dirigido telefilmes y cortometrajes, además de trabajar como guionista) con la ilusión de hacerse un hueco en una industria difícil y decir al público que, a pesar de la adversidad, la vida merece la pena. Ese es el mensaje principal de “El patio de mi cárcel”, película que marca la quinta jornada del certamen donostiarra, una puesta de largo lujosa con vistas a su andadura comercial, que comienza este viernes. Se trata de un drama que rinde homenaje a las mujeres de la prisión madrileña de Yeserías, quienes hace 20 años crearon un grupo de teatro que les ayudó a sobrellevar sus condenas y sus culpas y, en definitiva, a respirar en libertad. Macías ha contado con un elenco coral encabezado por Verónica Echegui, Candela Peña, Ana Wagener y Violeta Pérez, además de la colaboración de Blanca Portillo.

 

¿Intimida presentar una ópera prima en un festival como San Sebastián?

Es muy emocionante. Que la película sea seleccionada en San Sebastián por encima de tantas que se presentan y además con la categoría que tiene el festival, por lo menos da la tranquilidad de saber que en el trabajo vamos bien encaminados.

¿Tiene esperanzas de estar en el palmarés?

El premio es la selección, sobre todo compitiendo con gente como Michael Winterbottom o Kim Ki-duk, pero si luego viene algo, estupendo. La película tiene categoría y las actrices están maravillosas. Va a ser muy sorprendente verlas porque componen unos personajes alejados de ellas y eso puede impactar al jurado.

¿Qué se siente al estar apadrinada por El Deseo y Warner?

Me siento bien, todo está muy bien organizado. Dentro del presupuesto, he tenido lo que he querido y la gestión ha ido rodada.

 

¿Piensa que lo ha tenido más fácil que otros autores al estar en un proyecto con compañías de tanto peso?

Creo que lo he tenido igual que el resto. Estoy con quien confió en el proyecto; si lo hubiese aprobado una productora pequeñita, este tendría el mismo espíritu, lo que pasa es que afortunadamente fue a parar a El Deseo, y eso implica muchas cosas.

¿Cómo fue el proceso de creación del filme?

Quería empezar en el cine con una historia propia, y entonces me acordé del grupo de teatro Yeses y de que en él había mucho material humano. Arancha Cuesta, la otra guionista, y yo estuvimos un año y medio investigando. Contactamos con Elena Cánovas, directora del grupo, nos explicó cómo se formó y hablamos con actrices del mismo. Decidimos partir de los grandes acontecimientos que marcaron al grupo y luego hacerle un homenaje creando perfiles nuevos. No podíamos contar las historias que había detrás porque, además de que requiere un permiso, hay mujeres que han muerto por el camino. El único personaje real es el de Candela Peña, basado en Elena Cánovas. 

¿Qué se puede esperar de la nueva generación de directores procedentes del mundo de la televisión y el cortometraje de la que forma parte?

Ideas nuevas, sangre fresca y ganas de contar las historias de otra manera. Es necesaria una renovación.

¿Cómo definiría la obra?

Es la historia de superación de unas mujeres marginales que por medio del arte, del teatro, son capaces de encontrar un resquicio de luz en sus vidas; ya no digo de libertad, que es más tópico porque son presas. A pesar de la cruda realidad, el arte les da alegría, optimismo para encarar la vida de otra manera.

¿Es una historia por y para mujeres?

No, es para todos los públicos. No se recrea en lo malo, en lo terrible de esas vidas, tiene un tono amable y de comedia.

¿Qué le sedujo de ella?

La necesidad que tiene todo el mundo, incluso en circunstancias difíciles, de encarar la vida con optimismo. Hay que mirarla con ojos amables.

Parece una directora comprometida.

Los personajes marginales me atraen por las circunstancias difíciles que les rodean, y sobre todo si tienen afán de superación. El cine está lleno de perdedores, personajes que son los más atractivos al espectador, con los que se identifica.

¿A qué se refieren los personajes cuando hablan del ‘mal bajío’?

Es un término gitano que se utiliza para hablar de la mala suerte. Elena Cánovas lo usó en una obra de teatro y me pareció muy interesante rescatarlo.

Ante todo, es una película de actrices. ¿Cómo valora su labor?

Hemos hablado mucho con ellas sobre los personajes, para los que buscamos referentes en la vida real. En el caso de la gitana interpretada por Ana Wagener, hicimos varias entrevistas hasta que encontramos a Carmen, una señora de esa etnia que nos abrió las puertas de su casa, nos dejó acompañarla al culto y pasear con el marido. La grabamos y fuimos viendo qué queríamos buscar de ella. Mientras, Verónica se acercó al mundo de los drogadictos y Violeta Pérez al de la prostitución. Ensayamos durante un mes y medio y el primer día de rodaje los personajes estaban clarísimos. A partir de ahí los enriquecimos.

Ha reconocido que se metieron demasiado en el papel.

A veces, a la hora de la comida, les pedía que descansaran y fueran ya ellas mismas. Ana Wagener se pasaba el día haciendo bromas con el acento gitano para no perderlo, y Verónica estaba tan concentrada en su personaje que había que llamarle la atención.

¿Ha recurrido también a actores no profesionales?

No, excepto algunas actrices que pertenecieron al grupo Yeses. Les hacía ilusión participar y tienen pequeñas intervenciones. Tampoco quiero decir quienes son por respeto.

Se trata de una película coral. ¿Fue complejo rodarla?

La puesta en escena fue lo más complicado. Tenía claro que los textos teatrales, al igual que una gran pelea que ocurre en la cárcel, debían estar bien coregrafiados porque si no corríamos el peligro de que no fuesen creíbles. Por eso pedí a El Deseo un mes y unos días de ensayo. De lo contrario no hubiéramos tenido tiempo material, porque rodamos en ocho semanas una película complicada.

Usted tenía experiencia en cortometrajes y telefilmes. ¿Notó la diferencia?

Se nota sobre todo por el tiempo y el dinero, pero para hacer las cosas el rigor es el mismo.

¿Puede dar alguna pista sobre sus futuros proyectos?

Estoy escribiendo ya la segunda historia, que no va a tener tantos personajes. Es una “road movie”; espero que salga adelante.

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