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Ocio y Cultura
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MERCADILLO MEDIEVAL EN ZARAGOZA

Bienvenidos a la Edad Media

El Mercado de las Tres Culturas abrió ayer sus puertas con gran afluencia de público. Un centenar de puestos de artesanía y alimentación ocupan el entorno de La Seo hasta mañana

Un águila escudada desplegaba sus alas ante el asombro de Pilar, de tan solo 4 años. Admirada por la docilidad del animal, estiraba sin parar la mano para intentar tocarla. "No hace nada, es muy buena. Solo hay que acariciarla por debajo, nunca por encima", daba instrucciones a la pequeña Fernando Olmos, que desde pequeño ha tenido esta sintonía con las aves y, ahora, lo ha convertido en su oficio. Sin duda, una docena de sus mascotas se convirtieron en las primeras protagonistas de la apertura de la décima edición del Mercado Medieval de las Tres Culturas de Zaragoza, que hasta mañana se celebra en los alrededores de la plaza de San Bruno y la Catedral de La Seo.

Sobre mediodía de ayer, y a los pocos minutos de abrir, decenas de personas paseaban ya por el mercadillo, que como cada año ha incorporado novedades para sorprender a los visitantes. Una noria artesanal hecha con palés adorna la entrada al mercadillo frente al Arzobispado. Es Toni Selma el encargado de dar movilidad a estas tortugas y caballos haciendo bicicleta con sus propias piernas. "Depende de la clientela, pero me paso alrededor de 6 o 7 horas haciendo este ejercicio", destaca Toni. Solo de vez en cuando Marisa Fernández le releva de esta tarea. Un viaje, de 3 minutos (medidos con un reloj de arena), cuesta 2,5 euros.

También mucha paciencia y habilidad tiene Joaquín Pumanal. Lleva 50 años trenzando el mimbre para elaborar cestas, bandejas, tapas… "Con trabajo y habilidad todo puede hacerse. Ya no me resulta difícil nada, aunque a esta profesión solo le quedan los últimos bocados", comenta mientras extiende en el suelo su labor que dentro de un par de horas se convertirá en una bonita cesta que costará entre 25 y 30 euros. Después de tantos años de trabajo, a lo único que teme es a la "competencia de los chinos". "Te hacen todo mucho más barato, tienen la mano de obra muy asequible", bromea.

Entre los artesanos, en una esquina de la plaza de La Seo, Alfonso Fernández, como escribano que se precie y metido en su personaje, pretende enseñar a los zaragozanos el arte de la escritura. "Intento que sea un taller participativo, la gente puede aprender diferentes tipos de letras y practicar en sus propias cartulinas", explica este simpático hombre mientras termina de trazar con tinta una letra en el pergamino.

Pero no solo los oficios están presentes en este zoco zaragozano. Pasear por las calles del Casco Histórico deja una mezcla de olores que abre el apetito a los paseantes. Un molino enseña cómo se muele el trigo y con su harina se fabrica toda clase de bizcochos y panes: con cereales, pasas, nueces. Quesos, chorizos, mermeladas caseras, pulpo gallego, patatas asadas, ternasco... Productos nacionales, pero también internacionales para todos los gustos y edades: sabrosos bocadillos de kebabs, falafels, postres y dulces de distintas partes del mundo y crepes con un pequeño toque de Rumanía.

"Esto es práctica, lleva mucha elaboración desde que comienzas a hacer la masa hasta que la gente lo come. Ofrecemos dulces y salados", dice mientras remueve el chocolate Nicoletta Calmuc, que recuerda: "En Rumanía no se llaman así, pero también se hacen", recalca. Y para satisfacer la sed, durante el recorrido también se puede encontrar puestos de sidra, cócteles y zumos de frutas.

Si el tiempo acompaña y se sigue con el ritmo de visitantes de ayer, seguro que el Mercado Medieval de las Tres Culturas llega a la afluencia global de público de los años anteriores. El entorno de La Seo regresa al medievo durante unas horas. ¡Bienvenidos a la Edad Media!

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