Despliega el menú
Ocio y Cultura
Suscríbete

ARQUEOLOGÍA

Mostalac cierra la investigación en Santa Engracia con el hallazgo del polvorín de 1808

El arqueólogo Antonio Mostalac daba por concluidas las investigaciones sobre la cripta de la Basílica de Santa Engracia, con el hallazgo del polvorín que utilizaron los franceses para volarla la madrugada del 14 de agosto de 1808 y confirmar que la antigua basílica paleocristiana ocupaba estratos superiores.

Mostalac inició el pasado lunes unas excavaciones en la cripta para las que había solicitado permiso en 1973 un equipo que entonces integraban también el antropólogo Ignacio Lorenzo, Arturo Ansón y Carmen Aguaroz y que, finalmente, se tuvo que limitar a un estudio historiográfico.

Ahora se trataba de verificar las suposiciones de los investigadores, especialmente las que trataban de confirmar si bajo el suelo de la actual cripta, levantada en 1819, se encontraban los restos de la basílica del siglo IV y si el pozo con las reliquias de los mártires se mantiene en su sitio original o se había movido.

Las excavaciones, que realizan expertos de la empresa Fidias Trade, se han acometido en los puntos en los que las prospecciones geofísicas por ondas señalaban la existencia de materiales diferentes: en el centro de la segunda nave del muro del Evangelio y entre el pozo martirial y el muro de la Epistola.

Base del polovorín

Los arqueólogos han localizado la base sobre la que se asentaba el polvorín que utilizaron los franceses para volar la cripta del siglo XVI, en plena batalla de los Sitios, con restos de materiales del templo prácticamente carbonizados, lo que indica que ese punto superó los 1.000 grados centígrados.

Además, esa excavación ha coincidido con la que en 1814 realizó el entonces alcalde de Zaragoza, Vicente del Campo, quien también buscaba la existencia de otra cripta más antigua, aunque no han encontrado la caja con las tres medallas que enterró en el lugar.

El "martiryum" siempre estuvo en el mismo sitio

Por los restos han verificado que el pozo martirial siempre estuvo en el mismo lugar, aunque realizado con otros materiales, ya que han aparecido fragmentos de la fosa más antiguos y que revelan que ya había sido reparado.

La aparición de otros materiales fragmento de una "tégula" (teja) romana evidencian asimismo, ha señalado, de la existencia de un cementerio cristiano, el cuarto de esa época en la ciudad, y que se correspondía con el de la zona meridional sur.

En las prospecciones se han hallado asimismo restos de azulejos de Muel del siglo XVI del templo inicial, así como piñas de pino piñonero que pertenecerían al claustro ajardinado y que evidencian la potencia destructora de la pólvora que colocaron los franceses.

No aparece la basílica paleocristiana

Aunque no ha aparecido la basílica paleocristiana, porque se levantó en cotas más altas, estas excavaciones han permitido "dilucidar" del dinamismo arquitectónico de la cripta actual en su construcción y lo que hay debajo, para saber qué había antes de 1819, qué hizo Vicente del Campo en 1814 y cómo quedó el templo tras su voladura.

Según Mostalac este trabajo ha sido "fundamental" para cerrar la investigación en torno a Santa Engracia, "escribir un libro" que incluya los restos exhumados en 1998 y los nuevos y sobre el cementerio romano. "Va a servir para restituir no sólo el paisaje de la ciudad sino la atmósfera de los siglos IV y XIX".

Etiquetas