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GUÍA DE ZARAGOZA

La ciudad inmortal de ladrillo tostado

Zaragoza es la bimilenaria y heroica ciudad de los tres ríos, el Ebro, el Huerva y el Gállego, y es una ciudad monumental, cargada de historia y de personajes que protagonizaron el desarrollo de su época. Es una ciudad llena de secretos que a menudo pasan inadvertidos no solo para los foráneos, sino para sus habitantes. Por ello, a pesar de que existen numerosas guías desde hace años, Prames consideró necesario preparar una "Guía turística de Zaragoza", que ofreciera una "visión nueva y sugerente" de la urbe de Ibn Gabirol, un malagueño que se afianzó aquí, del sabio total Avempace o del artista más conmovedor, probablemente, de todos los tiempos: Francisco de Goya. No es ésta la primera guía de Prames, pero sí una de las más sutiles y ricas en materiales de toda índole: fotos, recreaciones, pinturas (pensemos en "El barranco de la muerte" de Agustín Salinas: ese inolvidable cuadro con la luna al fondo que protagoniza Alfonso I "el Batallador"), acuarelas de Juan Topete y mapas, recreaciones de edificios, etcétera.

La piel urbana

El volumen, redactado por Carlos Millán y un equipo de colaboradores, se abre con el análisis del medio natural, en el que tienen un especial protagonismo los ríos, el cierzo, la niebla, los galachos de Juslibol y los sotos de Cantalobos y Urzaiz, poblados por numerosos pájaros y por una variada flora. Se añade que "la piel de Zaragoza está marcada por la escasez de piedra que hay en sus alrededores, a pesar de que los romanos la trajeran para construir su muralla y que, desde entonces, se haya reaprovechado una y otra vez. Lo más llamativo de Zaragoza es que vivimos en una ciudad de ladrillo, un ladrillo de color amarillo tostado, dorado según como le da el sol". Ése, se nos recuerda, es "el material omnipresente, el que se ha usado para construir desde las casas más humildes hasta los edificios más grandiosos, como el Pilar, la Seo o la Lonja".

El segundo tramo del volumen, mucho más amplio, se centra en la historia: los autores recorren la ciudad ibérica Salduie -para imaginarnos cómo sería, habría que recorrer el yacimiento de Azaila, a 60 kilómetros de la capital-, la colonia romana Cesar Augusta, fundada por Augusto, y desarrollada por Tiberio, y también estudian su posterior evolución con la llegada del cristianismo y de los visigodos, un periodo extenso en el que adquirió gran trascendencia el obispo San Braulio y en el que "Zaragoza se convertirá en una ciudad de retaguardia por la que pasan todas las expediciones de combate".

Los autores se detienen en la Saraqusta musulmana, o Medina Albaida (la ciudad blanca), y abordan su condición de capital del reino, primero, y de la Corona de Aragón, más tarde, durante la larga Edad Media. También se analizan el arte mudéjar, la ciudad de los judíos, moros y cristianos, los ecos renacentistas, las alteraciones de 1591, la Ilustración, los Sitios o la Zaragoza del modernismo y de nuestros días. Distintos creadores y políticos cobran gran importancia: el Justicia, Damián Forment, don Quijote, que decide no desplazarse a la urbe barroca, los ilustrados, y entre ellos, Goya, Ramón y Cajal...

A propósito de la Guerra de la Independencia, llama la atención una cita del mariscal Lannes, estupefacto ante el valor de los zaragozanos. Dijo: "Jamás he visto encarnizamiento igual al que muestran nuestros enemigos en la defensa de esta plaza. Las mujeres se dejan matar delante de la brecha. Es preciso organizar un asalto por cada casa (…). La ciudad arde en estos momentos por cuatro puntos distintos, y llueven sobre ella las bombas a centenares, pero nada basta para intimidar a sus defensores… ¡Qué guerra! ¡Qué hombres! Un asedio en cada calle, una mina bajo cada casa. ¡Verse obligado a matar a tantos valientes o mejor a tantos locos! Esto es terrible. La victoria da pena".

Once paseos

Esta "Guía turística de Zaragoza" propone once paseos, que revelan el corazón y la pulsión íntima de la ciudad: el Ebro y sus riberas (en este apartado los autores se detienen en la Expo y dicen: "El Pabellón Puente diseñado por la arquitecta iraní Zaha Hadid es, probablemente, la gran obra arquitectónica de la muestra"), las catedrales, la Magdalena y la plaza de los Sitios, el barrio del Gancho o de San Pablo, el Parque Grande, las cartujas de Zaragoza, el cementerio de Torrero... Estos itinerarios están descritos con sus personajes, con sus detalles, con sus sorpresas, con sus historias menudas y sus leyendas, con sus edificios y arquitectos, con los hechos de los que fueron escenario, y constituyen un viaje en el tiempo, en la cultura y el presente. Por ejemplo, del Oasis se dice: "Eran años de cupletistas, champaña, tango, bombillas rojas y baile-taxi (señoritas que se alquilaban para bailar, a una peseta el viaje). En los treinta cambió su nombre por el de Salón Oasis y por aquí pasaron Miguel de Molina, Carmen Amaya y una chiquilla llamada Estrellita Castro. Como dicen los carteles: "colosos de la gracia", "ases de la hilaridad" y "vedettes de ensueño".

La guía analiza, y recorre, los tres grandes monumentos de Zaragoza, el Pilar, la Seo y la Aljafería; ofrece unos consejos o claves para conocer mejor la ciudad, para no perderse ni la Cincomarzada, ni las fiestas del Pilar, ni la Semana Santa, las rutas del tapeo o los lugares donde comprar.

En realidad, todo esto es solo un aperitivo. La "Guía turística de Zaragoza" ofrece mucho más: Zaragoza es la novia del viento, un laberinto incesante de historia, y la ciudad del Ebro lodoso que se lanza a sin temor a ensanchar su futuro. Este volumen se completa, en esta fecha del bicentenario y de la Expo, con otros proyectos de Prames: la "Zaragoza turística", "Zaragoza y 9 rutas inolvidables por Aragón", una guía más reducida y un plano muy completo.

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