Despliega el menú
Ocio y Cultura
Suscríbete

BICENTENARIO DE LOS SITIOS

Zaragoza recuerda con olor a pólvora la feroz batalla del 4 de agosto de 1808

Los grupos recreacionistas escenifican, incluso a cañonazos, la lucha contra las tropas invasoras francesas

"¡Viva la Virgen del Pilar! ¡Viva Zaragoza! ¡Viva el general Palafox!". Bajo un calor aplastante, multiplicado hasta el infinito debido a los recios ropajes de su uniforme militar, un escuadrón de la Asociación Histórico Cultural Voluntarios de Aragón partió a las ocho de la tarde de ayer de la plaza de Aragón, rumbo la cercana plaza de España, con sus bayonetas al hombro y aire marcial. A su alrededor, un centenar de curiosos, armados la mayoría con cámaras de foto o vídeo, se entorpecían unos a otros para obtener la mejor imagen del peculiar desfile. Ayer era 4 de agosto. Dos siglos atrás, en una jornada igual de sofocante, los zaragozanos de la época vivieron el principio del fin del primer Sitio de la ciudad.

Unos centenares de metros más abajo, en lo que entonces era la zona de San Francisco (hoy plaza de España), la expectación era máxima. Toda la atención estaba centrada en la base del monumento que hoy honra a los mártires de aquellos días y que entonces fue el epicentro de la terrible lucha con la que los franceses estuvieron a punto de ocupar la ciudad. Un cañón, réplica exacta de los que se usaban antaño, aguardaba el momento de entrar en acción, rodeado por los componentes de la Asociación Artilleros de Aragón. "Mami, van a dispararlo de verdad?", se inquietaba un pequeñajo. Su madre, no menos inquieta, buscaba un sitio que le pareciera medianamente seguro. "Nunca se sabe, con estos trastos", se justificaba.

Mientras tanto, el paseo de la Independencia era testigo del paso de los soldados, ante las miradas atónitas de los transeúntes y los usuarios de veladores y terrazas. "Pero, ¿qué es esto?", se extrañaban unos valencianos, de paso por la ciudad con la excusa de la Expo. Una vez explicada la causa de semejante estampa, y avisados de la inminente actuación estelar del cañón, se unieron a la multitud que, cada vez más numerosa, se acercaba a la plaza de España.

Diario de un asedio

"El enemigo empezó su ataque general por todos los puntos con un tesón el más furioso, acometiendo por todas las baterías. Los nuestros hicieron prodigios de valor, pero a pesar de la defensa bárbara, antes de las 12 entraron algunos por la brecha que abrieron por el Jardín Botánico y a poco rato entraron muchísimos por los callizos de Santa Catalina y se introdujeron en el Hospital General, haciendo mil estragos y matando a cuantos encontraban, por donde salieron al Coso".

Desde la Diputación Provincial de Zaragoza, la lectura de una parte del "Diario de los Sitios" de Faustino Casamayor, cronista de aquellos aciagos días, ponía en situación a los presentes. Después, la consejera de Cultura del Ayuntamiento de Zaragoza, Pilar Alcober, y el presidente de la Asociación Los Sitios, José Antonio Armillas, se acercaron a la base del monumento a los Mártires, donde colocaron una corona de laurel en recuerdo de quienes lucharon en aquellas batallas.

Entonces, empezó el jaleo. La escuadrilla de honores de los Voluntarios de Aragón dio un paso al frente y siguió las órdenes del mando. "¡Carguen armas! ¡Carguen cartucho! ¡Muerdan cartucho! ¡Abran cazoleta! ¡Ceben! ¡Cartucho de cañón! ¡Saquen baqueta! ¡Atraquen! ¡Retiren baqueta! ¡Baqueta a su lugar! ¡Arma al hombro! ¡Preparen las armas! ¡Apunten!". Para cuando llegó la orden de ¡Fuego!, más de un espectador estaba al borde del ataque de nervios. En ese instante, dos salvas de bayoneta rompieron el denso silencio y calmaron (o quizá enardecieron) la expectación de los presentes.

Pero aún había más. "¡Atención, fuego de artillería!", se oyó gritar a Manuel Baile, de la Asociación Artilleros de Aragón. Acto seguido, acercó el fuego a la mecha y, en cuestión de segundos, un atronador cañonazo ensordeció a los presentes y llenó el aire de olor a pólvora. Hubo incluso otro disparo. "Qué pasada", era el comentario más repetido por los presentes, que no dudaron en acercarse una vez roto el perímetro de seguridad marcado por los policías.

Tras admirar las reproduciones de los grabados de la época de Juan Gálvez y Fernando Brambila, expuestas en el centro comercial Puerta Cinegia, miembros del grupo Gozarte guiaron a los curiosos por las calles del Casco hasta la Casa Palafox. Así concluyeron los actos de recuerdo del Cuatro de Agosto. Pero, hace 200 años, la batalla continuaba. Las actividades conmemorativas también lo harán.

Etiquetas