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Ocio y Cultura
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CINE

El cine en Teruel: una fábrica de sueños condenada a una agonía prolongada

Internet, la poca población y el cambio de hábitos de ocio están acabando con las salas de exhibición de la provincia

Que la exhibición de cine está en crisis no es una novedad, vistos los datos del informe del Ministerio de Cultura relativo a 2007: las salas españolas perdieron casi 5 millones de espectadores con respecto a 2006. "Los últimos años han sido desfavorables para la exhibición a nivel mundial", dice ese informe. Pero es que esa situación, en algunos lugares, es particularmente grave.

Teruel, que según los datos del Ministerio sólo tenía 6 cines comerciales para toda la provincia en 2007, ha registrado en el primer semestre de 2008 la peor cifra de recaudación de toda España (88.221 euros) y una baja asistencia de público (18.579 espectadores). ¿Por qué la crisis se ceba tanto en esta provincia aragonesa?

Los responsables de la gestión de los dos cines de la capital -el Marín y el Maravillas- coinciden en su diagnóstico: el principal problema es que la gente baja de forma ilegal copias de las películas a través de Internet, y que además en poco tiempo se comercializan de forma pirata cedés con los estrenos recientes.

"Con Internet y el 'Emule' nos hemos hundido. El 80% de la gente que venía al cine eran jóvenes y han dejado de venir. ¿Por qué pagar 5 euros por una entrada si puedes verlo 'gratis' en casa?", dice con amargura Nacho Navarro, uno de los socios que llevan el cine Maravillas. José Carregui, que se ocupa de la programación del cine Montecarlo de Valderrobres, apostilla: "Es algo que a la larga nos perjudica a todos", en alusión no solo a los exhibidores, sino también al público. Para atraer espectadores, Carregui ha llegado a mandar 450 mensajes SMS semanales a sus clientes con la programación del cine. Pero ni así.

Este inconveniente, que parece común al cine en todo el mundo, se ceba especialmente con Teruel porque "hay un problema añadido", señala Navarro. Y explica que "al ser una ciudad pequeña, con poca población, las distribuidoras tardan en darte estrenos".

Eso significa que, como cada película sale al mercado con un número limitado de copias, las distribuidoras prefieren dar prioridad a las salas de las ciudades grandes, ya que esperan que allí acuda más público y así obtener más beneficios. Para colmo, las condiciones que han de soportar los exhibidores son leoninas: la distribuidora se queda el 60% de los ingresos en taquilla la primera semana, porcentaje que va decreciendo las semanas siguientes.

"En Valderrobres solemos estrenar una película 15 días después de que haya llegado a las ciudades -detalla José Carregui- y cuando traemos filmes que se espera que tengan mucho público, como 'Harry Potter', nos vienen con un precio muy alto. Por eso tenemos tanto déficit". Encima, con el desfase temporal, es alta la probabilidad de que el espectador más impaciente se haya marchado ya a otro lugar a ver la película, o haya caído en la tentación del pirateo.

Puestos a mirar el lado positivo, Carregui dice que el único consuelo que les queda es que, como programan tarde, "la ventaja es que ya sabes qué cintas han funcionado en taquilla y traemos las que mejor han ido en las ciudades".

Aún así, asegura que hacer rentable una sala de exhibición en una provincia con poco público potencial, como Teruel, es casi misión imposible. "En un año, hemos tenido 10.000 euros de pérdidas", precisa. Y reclama que haya ayudas económicas institucionales para que no desaparezca esta oferta cultural. "Yo sigo un poco por amor, hace días que me planteo por qué no le he dado una patada y he cerrado. Para nosotros esto es un cine comarcal, no da servicio solo a los 2.100 habitantes de Valderrobres, sino a los 10.000 de la comarca", argumenta.

Esa inquietud casi sentimental por mantener un servicio que consideran fundamental para sus conciudadanos es algo que comparten casi todos los exhibidores de los cines turolenses, quizá porque muchos de ellos son nacidos en la propia provincia. Nacho Navarro es de Montalbán, José Carregui nació en Valderrobres y José Antonio Fleta (del Marín) es oriundo de Teruel capital. Todos ellos saben lo difícil que es mantener a flote el negocio sin recibir subvenciones.

En el caso del cine Maravillas, Navarro dice que llevan "25 años de crisis" y reconoce que, si no fuera porque ahora "hacemos cosas con el Ayuntamiento" -cine al aire libre en verano, un ciclo de cineclub...- y con entidades como Ibercaja (que programa allí funciones teatrales), sería complicado cuadrar las cuentas.

Explica que, salvo con taquillazos como los de la saga de "El señor de los anillos" -con los que "alcanzamos los 40.000 espectadores anuales", recuerda-, el resto del tiempo el cine no pasa de 15.000 o 20.000 espectadores al año. Y con el "Emule", "las películas se queman en una semana. Alguna vez, el mismo día que estrenamos una película, ha venido alguien y me ha enseñado el cedé con una copia de cuando se estrenó unos días antes en México. Me ha pasado con 'Shrek' y con 'Madagascar', por ejemplo", comenta.

Pero no pierde la esperanza. "El cine tiene crisis cíclicas. El mudo entró en crisis cuando apareció la radio y lo superó haciéndose sonoro, luego se pasó del blanco y negro al color, después hizo competencia la tele y se combatió con el cinemascope... Siempre se ha ido compitiendo con los nuevos medios. Ahora vienen equipos en digital y 3D, con los que se podrá dar una oferta que no está en el DVD ni en 'Emule'. Pero instalar eso cuesta 200.000 euros, ¿cómo te planteas meter esos equipos?" (y amortizarlos), reflexiona.

Con respaldo institucional

Algunas instituciones públicas, como los ayuntamientos de Alcañiz, Alcorisa y Monreal del Campo, sí han tomado cartas en el asunto y han puesto facilidades a quienes están dispuestos a gestionar cines en sus poblaciones.

Alcañiz sacó a concurso la gestión de las dos salas municipales y se la adjudicó a los catalanes Circusa S.A., que llevan también la de numerosos cines pequeños de Cataluña y Aragón (en la provincia de Huesca, los de Barbastro, Boltaña, Graus, Mequinenza, Monzón, Sabiñánigo, Sariñena y Tamarite; en la de Zaragoza, los Principal de Calatayud y el de Caspe). Isaac Martínez, empleado de Circusa, dice que, "por ahora", la explotación es "rentable, poquito, pero sí" e indica que "también el servicio de bar ayuda" a tener más ingresos.

Además de programar a su aire con un mínimo de dos estrenos semanales, la concesión les obliga a mantener una serie de proyecciones patrocinadas por el Consistorio: sesiones infantiles los sábados, cine al aire libre en verano y dos ciclos de cineclub.

Las condiciones en Alcorisa y Monreal son más modestas, como sabe bien la empresa zaragozana Gestrayler, que es quien tiene concedida la explotación comercial de ambas. En Monreal, el Ayuntamiento se limitó a adaptar y equipar la sala. "Lo cogimos hace 4 años y la perspectiva era buena, se sufragaba con la venta de entradas. Pero hoy día, si no hay subvención pura y dura de las instituciones, estos cines son deficitarios", asegura Tomás Latorre, de Gestrayler, que lleva 20 años en el negocio y gestiona 12 salas de distintos pueblos.

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