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CÓMIC

Fermín Solís: "Buñuel llegó al surrealismo por casualidad"

La novela gráfica española del año es, de momento, "Buñuel en el laberinto de las tortugas", un cómic de Fermín Solís que recrea el rodaje de "Las Hurdes, tierra sin pan"

Tras "Lunas de papel", un álbum en el que daba una vuelta de tuerca al género negro, el dibujante Fermín Solís (Madroñera, Cáceres, 1972) se embarcó en su proyecto más ambicioso y personal: realizar una "novela gráfica" sobre cómo rodó Buñuel el documental "Las Hurdes, tierra sin pan". El álbum (Junta de Extremadura, 120 páginas b/n, 20 euros) está recibiendo numerosos elogios en revistas y foros especializados. Desde Aragón, puede conseguirse encargándolo en establecimientos especializados, como la Casa del Libro.

PREGUNTA.- ¿Cómo surgió un proyecto tan arriesgado como el de pasar al cómic el rodaje de "Las Hurdes, tierra sin pan"?

RESPUESTA.- Pues la verdad es que, como ocurrió con la película, que se hizo gracias a un boleto de lotería, el cómic fue un poco fruto del azar. Mi editor habitual me encargó un proyecto diferente a lo que venía haciendo hasta ahora; más largo, con una historia dramática y comprometida, algo que encajase con el concepto de "novela gráfica" tan de moda actualmente. En un principio pensé en Las Hurdes para situar la historia. La región está a apenas 80 kilómetros de donde vivo pero, para mí, al igual que para otros extremeños, es bastante desconocida. Viajé entonces por allí buscando una historia, y fue cuando me encontré con Buñuel.

P.- La Filmoteca de Extremadura ha desempeñado un papel fundamental en el proyecto.

R.-Sí. La visité para documentarme para escribir el guión y se interesaron por el proyecto, junto al Centro de Documentación de las Hurdes. Lo que empezó como un proyecto personal pasó a tener apoyo institucional. Ellos me facilitaron los descartes de la película, biografías de Buñuel e incluso el libro original de Maurice Legendre en el que se inspiró Buñuel para hacer la película. Cuando empecé a dar forma al proyecto no tenía ni idea de que este año se cumplía el 75 aniversario del rodaje y los 25 años de la muerte de Buñuel.

P.- Pues le ha servido para hacer su obra más ambiciosa y personal.

R.- Podría decirse que sí, sobre todo porque hasta ahora nunca había dibujado nada de época. Esto implica mucha documentación, y en este caso no solo visual, también tuve que documentarme sobre la época, el Surrealismo, la Segunda República…

P.- Ha hablado antes de los descartes, ¿por qué han sido tan importantes?

R.- Los descartes de "Las Hurdes, tierra sin pan" se componen en su mayoría de paisajes, del viento moviendo los árboles del santuario de Las Batuecas, y de tomas que hacía a los hurdanos dirigiéndolos como si fuesen actores. Pero hay una parte en la que se ve al propio Buñuel y a Ramón Acín cazando cabras. O Buñuel disparando con su pistola a las cabras. En Las Hurdes me contaron que fue un hurdano que iba con ellos quien disparó a la cabra para que pareciese que se despeñaba; me dieron hasta el nombre y todo. Pero era falso.

P.- ¿De dónde viene el título, ese "laberinto de las tortugas"?

R.- Hay quien dice que los títulos dicen mucho de mis obras. No lo sé, pero yo paso mucho tiempo dándoles vueltas a la cabeza, pensando títulos apropiados para mis obras. En este caso, el título desvela parte de la trama, sobre todo el final, así que dejaremos a los lectores que lo descubran cuando lean el libro.

P.- ¿Le atraía más Buñuel, Las Hurdes, o ambas cosas por igual?

R.- Siendo honesto, yo era un total profano tanto en uno como en la otra. Del director apenas conocía una parte muy pequeña de su obra, y de Las Hurdes, como dije antes, no conocía nada. Cuando empecé a indagar sobre Buñuel su figura me absorbió por completo, su complejidad, su mundo onírico, el surrealismo… Vi todas sus películas y leí sus biografías. Creo que eso ha sido bueno para el libro, que ofrece la visión de una persona totalmente objetiva.

P.- ¿Qué es lo que más le interesa de la obra de Buñuel?

R.- Me interesa esa lucha interna que había en él, sus contradicciones. No deja de sorprenderme que amase tanto a los animales y que no le importase matar a un burro para que lo devoraran las abejas, ni la importancia que concede a algunos símbolos, que se repiten en todo su cine… De aquel momento en concreto me interesaba su despertar artístico. Llegó al surrealismo prácticamente por casualidad. Sin pretender hacer surrealismo, hizo una película con Dalí basada en un sueño y fue un éxito. Pero después se encontraba perdido, rechazado, tal vez el viaje a Las Hurdes lo hizo para encontrarse a sí mismo, como una ruptura.

P.- Su libro se desenvuelve en dos escenarios. Además de Las Hurdes, aparece París…

R.- Es el París de principios de los años treinta, que acogió gran parte del movimiento cultural europeo. En esa época vivieron allí Hemingway, Orwell, todos los surrealistas. Es un París nocturno, misterioso y mágico. Con una oscuridad que presagia el fin de una etapa en la obra de Buñuel. En ese momento, Buñuel se consideraba un sin tierra, rechazado en París, en España, de vuelta de EE.UU., donde no comulgaba con su forma de hacer cine.

P.- Y también aparece el artista oscense Ramón Acín. Tras estudiarlo, ¿qué es lo que le atrajo de su figura?

R.- Por necesidades del guión, reduje el grupo que fue a Las Hurdes a cuatro personas: Pierre Unik, Eli Lotar, Ramón Acín y Luis Buñuel: se quedó fuera Sánchez Ventura. Para mí, dibujar a Ramón Acín ha sido un auténtico placer. Disfrutaba dibujando sus rasgos, demasiado caricaturescos tal vez, pero el cuerpo me pedía dibujarlo así, amable, mediador en los conflictos que se producían en Las Hurdes, alegre, jovial, como un "Pepito Grillo" de Buñuel, que llegó a Las Hurdes con toda la fuerza de un ciclón.

P.- ¿Fue justo o injusto Buñuel con Las Hurdes? ¿Sobrevive hoy en día algo de lo que retrató?

R.- He estado tanto tiempo trabajando en este proyecto, que he pasado por muchas fases, ya no sé si fue justo o no. Yo no creo que tuviese mala intención, todo lo contrario, él quería hacer una crítica de lo que ocurría allí. Y pasaban las cosas que contó en la película, aunque para ello tuviera que recrear algunas escenas de hechos que habitualmente pasaban, pero que no iban a ocurrir en ese momento. En realidad, el tema no eran solo Las Hurdes, Buñuel tenía previsto seguir haciendo documentales por toda Europa y África retratando situaciones similares de extrema pobreza. Pero el inicio de la Guerra Civil se lo impidió. 

Yo he tratado, por encima de todo, ser objetivo, explicar los motivos de Buñuel para hacer la película y también dar voz a los hurdanos. Hoy existen alquerías que todavía siguen así, con las casas de piedra amontonadas, y pasear por allí sobrecoge. Pero están prácticamente abandonadas. La gente se ha desplazado a los grandes centros de población de Las Hurdes, como Nuñomoral, Pinofranqueado o Caminomorisco; pueblos modernos como muchos otros de toda España.

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